Un país bajo las aguas

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

04 dic 2024 . Actualizado a las 09:06 h.

No es una riada devastadora ni un cataclismo destructor el detonante que hace de Familias como la nuestra una estimulante serie de catástrofes. Es la amenaza latente de la llegada de un poder asolador e imparable lo que invita a la reflexión en esta propuesta de Thomas Vinterberg, situada en un mañana distópico, ojalá no profético.

El cineasta danés confiesa que había concebido antes de la pandemia un relato por capítulos que desafiara al espectador a poner en orden su escala de prioridades frente a la posibilidad de tener que cambiar radicalmente su estilo de vida. Atravesada por el cambio climático, esta historia sin clichés transcurre en un futuro hipotético en el que Dinamarca se ve forzada a cerrar el país y a desalojar hasta al último de sus habitantes porque va a quedar anegada bajo las aguas sin posible vuelta atrás. El precedente ficticio de esta drástica medida es el de Países Bajos, que ha entrado en bancarrota por sus costosos esfuerzos de intentar poner puertas al océano. La señal de aviso trastoca la vida cotidiana de personas comunes de un país occidental y próspero, que ven cómo sus inversiones pierden todo valor y sus planes de futuro se tambalean. Ciudadanos rodeados de comodidades se convierten en refugiados que deben encajar en cupos para poder ser acogidos en un nuevo hogar en algún lugar del mundo.