¿Prohibir los móviles en los colegios?
OPINIÓN
En el debate social que gira en torno al uso del teléfono móvil por parte de los adolescentes, a menudo nos vemos tentados a buscar soluciones simples a problemas complejos. La prohibición total de los móviles en los centros escolares parece una receta fácil, pero los datos y la experiencia nos dicen que no es eficaz. La solución nunca será prohibir, necesitamos educar, acompañar y escuchar.
Un reciente estudio publicado en The Lancet, coordinado por la Universidad de Birmingham, concluye que no hay diferencias significativas en salud mental, rendimiento, comportamiento o actividad física entre jóvenes de centros con o sin restricciones. Como señala la investigadora Victoria Goodyear, prohibir los móviles no reduce de forma sustancial el uso total diario: la diferencia media es de solo 40 minutos menos al día, frente a un uso total de 4 a 6 horas.
El estudio también revela que, a mayor tiempo frente al móvil, peores son los indicadores de bienestar. Es decir, el problema no está en el aula, sino en el entorno: el hogar, la calle, la relación general con la tecnología. Por tanto, la clave es la educación digital desde la familia, más que imponer normas escolares.
Esta visión se refuerza con el estudio de Unicef, la Universidade de Santiago y el Consejo General de Ingeniería Informática. Según los datos, un 96,9?% de los jóvenes siente alegría o risa en internet; un 81,6?%, tranquilidad; y un 71,6?%, apoyo o comprensión.
Además, un 58,1?% dice que les ayuda a hacer amistades, y un 44,3?%, a no sentirse solos. La red es también un ecosistema emocional.
Por eso, escuchar a los adolescentes debe formar parte del debate. No se trata de ceder, sino de comprender sus códigos y entender cómo usan la tecnología.
Muchos adultos crecimos sin pantallas, pero ellos están creciendo en otro mundo. Demonizarlo es negar su realidad.
Conviene recordar también lo ocurrido durante la pandemia: entonces, la tecnología fue el principal soporte académico y emocional. Las clases online, las videollamadas, el ocio digital... fueron esenciales. Entonces aplaudíamos la tecnología. ¿Qué ha cambiado?
Tal vez el debate necesita menos polarización y más sentido común.
No se trata solo de prohibir o permitir, sino de gestionar con inteligencia, fomentar el pensamiento crítico y construir una cultura digital equilibrada. En el colegio, sí, pero también en la familia, en las instituciones y en la sociedad.
Porque educar para convivir con la tecnología es más eficaz —y necesario— que intentar vivir sin ella.
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