Este 1º de Mayo volvemos a las calles con la dignidad por delante y la rabia como motor. Porque no hay derecho a que, en pleno 2025, tengamos que seguir lamentando muertes en el trabajo. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que se normalice el dolor? Hace solo unos días lo vimos de nuevo con la tragedia en la mina de Cerredo. Personas que pierden la vida simplemente por cumplir con su jornada laboral. Y mientras tanto, los representantes empresariales siguen hablando de «absentismo laboral», criminalizando a quienes trabajan, en lugar de exigir condiciones laborales seguras y dignas.
La patronal no se puede oponer a avances que mejoran la vida de la clase trabajadora. En un año en el que los beneficios empresariales se han disparado, pretenden seguir bloqueando la subida del Salario Mínimo Interprofesional y se niegan a avanzar hacia la reducción de la jornada laboral. Es un modelo profundamente injusto y agotado, que condena a millones de personas trabajadoras a la precariedad mientras una minoría acumula riqueza.
El Parlamento Español tiene la obligación de escuchar a la ciudadanía y aprobar la ley. Es urgente que se convaliden la ley de reducción de la jornada laboral y la nueva ley de industria. Asturias necesita estabilidad, inversión y futuro. La industria es una parte esencial de nuestra identidad, de nuestra economía y de nuestra historia. Pero también debe ser parte del mañana.
Por eso pedimos un verdadero pacto de Estado por la industria, que garantice la competitividad de nuestras empresas, pero también los derechos de quienes trabajan en ellas. Planes de futuro como el de Hunosa o las inversiones prometidas por Arcelor no pueden quedarse en papel mojado. Deben hacerse realidad. Hablamos de empresas como Arcelor, la antigua Ensidesa, que forman parte de la historia de nuestras familias. Tienen futuro, y tenemos que garantizarlo. Porque defender la industria es defender Asturias.
No podemos olvidar tampoco otro eje fundamental: la vivienda. La vivienda es un derecho, no un negocio. Pero hoy, con salarios que apenas alcanzan el mínimo, las personas jóvenes no pueden acceder a un alquiler digno. ¿Cómo construir un proyecto de vida si los precios oscilan entre 300 y 800 euros al mes? Sin vivienda, no hay libertad. Y sin libertad, no hay justicia social.
Este 1º de Mayo también hay que mirar más allá de nuestras fronteras. Una ola reaccionaria y autoritaria recorre el mundo. No solo estamos ante una crisis económica o comercial. Lo que está en juego es el modelo social europeo, basado en los derechos, las libertades y la paz. Frente a quienes promueven el odio, el machismo y la exclusión —llámense Orban, Le Pen, Putin, Trump o Abascal—, tenemos que alzar la voz.
Por todo ello, este 1º de Mayo no es un día más. Es una llamada a la acción, a la movilización y a la defensa de lo que somos. Llenemos las calles y mandemos un mensaje claro: no vamos a permitir que nos arrebaten el presente ni el futuro.
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