Cada 1 de mayo, desde hace más de un siglo, el mundo conmemora el Día Internacional de los Trabajadores en homenaje a los mártires de Chicago, quienes ofrecieron su vida en 1886 por una jornada laboral de ocho horas. Sin embargo, esta fecha no debe reducirse a un acto conmemorativo o festivo: es una jornada de lucha, de conciencia social y de reafirmación de los derechos conquistados por la clase trabajadora con sudor, huelgas y represión. Hoy más que nunca, el espíritu de aquel mayo obrero debe reavivarse en una España que aún convive con tasas alarmantes de precariedad, paro estructural y brechas sociales.
Lejos de estar superada, la reivindicación del 1 de mayo adquiere una renovada vigencia en un contexto donde los derechos laborales son objeto constante de erosión. La temporalidad sigue siendo estructural, especialmente en el sector servicios, la juventud encadena contratos basura, y las plataformas digitales precarizan aún más el trabajo, encubriendo relaciones laborales bajo una falsa apariencia de autonomía. La reforma laboral ha logrado reducir en parte la temporalidad, pero sin haber erradicado la inestabilidad ni el fenómeno del trabajador pobre, que es hoy una realidad tan hiriente como silenciada.
En Asturias, región históricamente marcada por el sindicalismo combativo, los altos índices de envejecimiento poblacional, el éxodo juvenil y la desaparición de sectores industriales han generado un mercado laboral débil, dependiente del sector público y con escasas oportunidades de empleo de calidad. A pesar del talento de nuestra juventud, muchos se ven forzados a emigrar por falta de un proyecto vital digno en su tierra. La reconversión industrial dejó cicatrices abiertas que aún no han sido suturadas con alternativas sólidas ni sostenibles.
El desempleo de larga duración y la insuficiente cualificación en determinados sectores se combinan con una infradotación crónica de políticas activas de empleo y una ejecución deficiente de los fondos europeos. Mientras tanto, la Inspección de Trabajo continúa debilitada por la falta de personal y medios, lo que impide perseguir eficazmente el fraude, los abusos y los incumplimientos empresariales. ¿Qué sentido tiene conmemorar el 1 de mayo si se permite que el fraude laboral se convierta en costumbre impune?
Además, la precariedad golpea con especial crudeza a colectivos vulnerables como las mujeres, las personas mayores de 55 años y la población inmigrante, quienes a menudo enfrentan múltiples formas de discriminación y explotación. La brecha salarial de género persiste, el techo de cristal se consolida y la conciliación sigue recayendo casi exclusivamente sobre las mujeres, que sufren además una mayor parcialidad involuntaria y un acceso desigual a puestos de responsabilidad.
Frente a este panorama, urge reforzar el Estado social y democrático de Derecho, revitalizar la negociación colectiva, blindar la jornada laboral frente a los abusos, garantizar salarios dignos y universales, y transitar hacia un modelo productivo que apueste por la sostenibilidad, la digitalización inclusiva y el valor añadido del conocimiento. No basta con proteger el trabajo existente: hay que generar nuevos empleos con derechos, en sectores como la economía verde, los cuidados, la salud pública, la cultura y la ciencia.
El trabajo digno es la columna vertebral de cualquier sociedad justa. La Constitución Española de 1978, en su artículo 35, reconoce el derecho al trabajo y a una remuneración suficiente. Pero este derecho ha de dejar de ser un enunciado formal para convertirse en una realidad sustantiva. El futuro del trabajo exige compromiso político, justicia distributiva y una ciudadanía consciente de que nada nos ha sido regalado. Que todo lo que hoy disfrutamos fue alguna vez una utopía conquistada.
No olvidemos que los derechos que se abandonan por desuso son los que primero desaparecen. Defender el 1 de mayo es defender la memoria obrera y la dignidad del trabajo frente a un presente que amenaza con vaciarlo de contenido. Es apostar por una Asturias que no se resigna a la despoblación ni a la precariedad, por una España más equitativa, solidaria y decente.
No es fiesta si no hay memoria,
ni futuro sin dignidad,
no hay bandera ni victoria
si el trabajo es soledad.
Levanta el puño y la idea,
alza el verbo y el jornal,
porque el 1 de mayo ondea
la justicia universal.
Comentarios