El vampiro

OPINIÓN

30 may 2025 . Actualizado a las 09:24 h.

Suelo desconfiar de todos esos hombres adinerados que aseguran haberse hecho a sí mismos. Esta forma de asumirse como un dios me produce escalofríos. En realidad nadie se hace a uno mismo, todos nos debemos a los demás para bien o para mal. Muchos millonarios padecen el síndrome del superviviente y presentan su pasado con adornos y lagunas, nos cuentan que sus vidas fueron difíciles y sus comienzos titubeantes aunque muchas veces sea mentira y luego vienen con toda esa cantinela del esfuerzo y el sacrificio que el resto de los mortales no estamos dispuestos a asumir porque estamos muy ocupados dándonos caprichos. Los hay que venden la nada, como Llados, y los hay que sí venden algo y tienen una actividad tangible, pero los mensajes suelen ser los mismos.

Con las redes sociales, los podcasts y todo eso, parece que el mundo se ha llenado a rebosar de gente que puede sacar dinero de sus propios excrementos, casi siempre mentales, y en ese ecosistema de influencers de la nada hay también algún exitoso empresario que ha decidido entrar. No quiero engañar a nadie, los discursos de los empresarios y hombres de éxito en podcasts o en Youtube me producen mucha pereza.

No me interesa absolutamente nada de lo que cuenta esa plantación de nabos y los mensajes de todos ellos son indistinguibles entre sí. No es más que basura de autoayuda, consejos y misas que se pueden encontrar en cualquier librucho de aeropuerto y en los más delirantes antros evangélicos. Pero no puedo evitar tropezarme cada dos por tres con algunas declaraciones de este tipo de seres humanos.

En marzo, el empresario José Elías, que es muy campechano, fue al podcast de Jordi Wild, especializado en llevar a gente que piensa exactamente igual casi siempre y cuenta las mismas milongas de siempre, y dejó caer algunas ideas que, por supuesto, deben ser sumamente importantes, pues son suyas. «Esto va a sonar bastante feo, pero el mejor comercial que tuve fue un tío que era alcohólico y ludópata. Yo nunca ficharía un contable alcohólico y ludópata, pero un comercial así es lo mejor que puedes tener, porque ese tío tiene muchas necesidades», dijo sin ni siquiera sonrojarse. Tenía razón, sonó bastante feo. Horrible, incluso.

Aseguró el empresario que se dio cuenta de que los comerciales que más vendían eran los que tenían más necesidades, que eso les motivaba. En realidad no hay motivación alguna, solo desesperación. Esos comerciales alcohólicos y ludópatas necesitan tratamiento y seguramente llegará un momento de colapso y ya no servirá de nada que se motiven, si es que pueden hacerlo. Es curioso que dijera que él no ficharía a un contable alcohólico y ludópata pero no tenga reparos en contratarlo para otras cosas con el fin de explotarle para que pueda seguir costeándose sus adicciones y de paso le ayude a él a hacerse rico.

En realidad es un típico consejo de gurú económico de las redes envuelto en filosofía de retrete emprendedor del siglo XXI. Gente que dice las verdades. Gente que sabe lo que se hace. Gente que dice lo que nadie se atreve a decir. Gente que se cree que lo que dice tiene algún valor por haberlo dicho esa misma gente. Si José Elías, que es multimillonario, dice cualquier cosa, es que tiene razón. El asunto es que sí, aunque no parece darse cuenta, puede ser una ventaja para el empresario tener a alguien necesitado en su plantilla, gente con hambre de verdad. En eso se basa la explotación laboral, básicamente. Lo que ocurre es que eso es una ventaja para el empresario pero no para el trabajador, para el que es claramente un perjuicio, y más en el caso de alguien con un problema de adicción. Este vampirismo desacomplejado se extiende a lo largo y ancho de todos esos podcasts con entrevistas siempre a los mismos, no vaya a ser que un día lleven a alguien que les estropee la fantasía.

El consejo es repugnante. Es nauseabundo. En otro tiempo en el que la gente tenía algo de vergüenza, unas declaraciones de ese calibre habrían suscitado cierto escándalo y toneladas de rechazo, pero José Elías sigue gozando de un éxito mediático que encuentro incomprensible cuando es evidente que anda corto de escrúpulos, aunque parezca tener cierto miedo a quedarse con menos dinero si contrata a un adicto como contable. La moralidad se cuenta en euros. Los demás solo sirven para sacarles la sangre. Lo que no entiendo es que le rían las gracias.