Vistos desde fuera

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

Taramundi
Taramundi Pablo López / Turismo de Asturias

04 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Años y años soñando con venir a Asturias. Y le llegó el momento. Años y años oyendo a su abuelo, con los ojos humedecidos, relatarle las vivencias, la vida y los rincones de Asturias, su hermosura, su singularidad. Ahora iba a descubrirla. 

El abuelo había sido uno de tantos que abandonaron sus raíces, su entorno, donde lo que abundaba era la escasez. Eran los años 50, años en los que el futuro al igual que el presente se les aparecía gris. El abuelo se afincó en las tierras americanas y allí vivió hasta su muerte, hacía escasos meses. El nieto de aquel emigrante vuelve ahora a Asturias obligado por la devoción que profesa a su antepasado. 

A la hora prevista el avión aterriza en el aeropuerto de Barajas. Ya en tierra percibe la primera, de las muchas sorpresas que le aguardan. Él no se imaginaba un aeropuerto con instalaciones tan modernas y con aquel tráfico incesante. 

Se agencia un automóvil para hacer el trayecto hasta Asturias. En ese momento le hacen saber que también tiene la opción de viajar en AVE en poco más de tres horas. Se decide por el coche porque así podrá manejarse libremente cuando llegue a su destino. Tampoco sospechaba que todo el trayecto que tenía por delante lo haría por autovía, aunque se encuentre con algunos tramos desgastados y necesitados de revisión

Se cree en la obligación de visitar Oviedo, en poco tiempo queda asombrado de todo lo que puede ver y sentir. No le parece real tantos atractivos en tan poco espacio. Debería dedicarle mas tiempo a la capital pero a los dos días decide hacer el camino que le resta hasta el occidente, quienes son parientes lejanos le esperan ansiosos de darle la bienvenida. 

La actual residencia de sus familiares es ahora una casa enorme, que ha vivido continuas reformas, repleta de todas las comodidades, y que apenas tiene vestigios de lo que el abuelo le había contado del lugar donde había nacido. 

En su Miami, solo en alguna ocasión huye del hormigón y del asfalto y busca zonas verdes, pero son zonas artificiales, nada que ver con la explosión de naturaleza que ahora tiene a su alcance. Advierte a los parientes la sensación que percibe al comprobar la gran extensión de montes que aparecen descarnados y carentes de flora, y de idéntica manera otros terrenos aptos para el cultivo que aparecen baldíos. Los pariente se ven obligados a relatarle, como mejor saben, lo que ellos llaman el éxodo rural

En un momento de descanso el visitante sueña con una balanza, de uno de sus platos pende EE. UU., el estado mas poderoso del planeta, y del otro la vieja España, que no da la impresión de estar decrepita, al menos para él.