Sentirse los amos del planeta

OPINIÓN

Lamine Yamal.Lamine Yamal tras marcar un gol para España
Lamine Yamal tras marcar un gol para España

18 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Ayer se cumplieron 89 años del inicio de uno de los episodios más negros y tristes de España. Un grupo de militares fascistas se sublevaron contra la II República en Melilla y extendieron, al día siguiente, el golpe de estado por el resto del territorio nacional (todavía hasta hace poco en Oviedo/Uviéu existía en uno de los laterales del Teatro Campoamor la calle 19 de julio [hoy Pepa Ojanguren, porque a Alfredo Canteli no le pareció apropiado que la vía se llamase Progreso]), y cuya consecuencia supuso una devastadora guerra civil que terminaría en Madrid el 1 de abril de 1939. Desde ese momento y hasta el fallecimiento de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, nuestro país se vio abocado a estar bajo los dominios de una sangrienta dictadura.

Recuperada la libertad hace 50 años, cabe valorar los grandes pasos democráticos que se han dado desde entonces, pero también hay que prestar el análisis y la atención que se merece a que muchos vestigios franquistas siguen vivos. Hubo una temporada en la que ser facha (y machista, xenófobo, racista, homófono…) y reconocerlo públicamente daba vergüenza y pudor, pero desde hace no mucho tiempo, se exhiben símbolos y se lanzan proclamas que nos retroceden a tiempos oscuros. Actitudes como las que hemos visto por parte de la ultraderecha ante una paliza de un magrebí (con la colaboración de otros dos) a un anciano en Torre Pacheco (Murcia) son un ejemplo de ello. No creo que haga falta solidarizarse con la víctima y esperar que el autor de la agresión (está en una prisión vasca) y sus encubridores paguen con todo el peso de la ley por lo que hicieron.

Sin embargo, nos hemos encontrado con un grupo de personas, más o menos organizadas, que han pretendido poco menos que copiar la noche de los cristales rotos (en Alemania, del 9 al 10 de noviembre de 1938, el nazismo atacó por toda la nación a la población judía) obviando que vivimos en un estado de derecho (no hay espacio para la venganza ni para tomarse la justicia por sus manos). Aunque se vieron escenas de miedo en las calles de la localidad murciana e incluso incidentes condenables (como el asalto a un local de kebabs, la agresión a un menor hijo de un marroquí y una española y el acoso a las y los periodistas que informaban in situ de lo que estaba ocurriendo), las fuerzas y cuerpos de seguridad consiguieron controlar la situación y evitar que esta localidad murciana repitiera escenas parecidas a las que se vivieron en El Ejido (Almería) hace 25 años.

Tengamos muchísimo cuidado con las ‘cacerías’ que plantean estos grupos de extrema derecha por redes sociales y por canales como Telegram, porque irán a por todo aquel perfil que no se corresponda con su forma de pensar y de vivir. Y no harán distinciones, porque saben, con un simple suceso concreto, generar terror y odio para señalar a todo un colectivo. Urge identificar la proliferación de estos grupos de hombres violentos (apenas hay mujeres entre sus integrantes) para que no sumen más adeptos. Las y los demócratas no podemos participar en su juego ni minusvalorar sus acciones, porque a la antipolítica que practican debemos hacerle frente. No podemos, en ningún caso, blanquear a esta gentuza racista (que deberían sentirse aislados, incómodos y arrinconados en nuestros entornos), que parecen sentirse los amos del planeta criminalizando injustamente en sus argumentarios a las personas migrantes (y a otros colectivos que consideran enemigos). Es imprescindible cumplir con nuestra responsabilidad, y en ese sentido situaciones como la vivida ayer en Madrid, donde todos los gobiernos autonómicos del PP se ausentaron de una reunión primordial para dar cobijo a menores que se hacinan en Canarias y que luchan y necesitan tener una vida digna y justa, dan mucho coraje. 

En más de una ocasión he mostrado mi admiración por lo buenos que son los jugadores de la actual Selección Española masculina (que son tan españoles como yo aunque haya intolerantes que no entiendan que el color de piel no implica absolutamente nada). Una de esas estrellas es Lamine Yamal, al que tengo ganas de verlo en el Carlos Tartiere cuando el Real Oviedo se enfrente el próximo mes de septiembre al FC Barcelona. Pero lamentablemente el delantero culé no ha sido noticia en las últimas horas por el regreso con su equipo a los entrenamientos, sino por el monstruoso gasto en la celebración de su 18 cumpleaños en una mansión cercana a Sitges, a la cual hubo asistencia de personas con enanismo y de las llamadas, eufemísticamente, ‘chicas de imagen’.

Hay quien dirá que con el dinero que uno tiene puede hacer lo que quiera con él, y que para gustos hay colores. Por cuestiones de confidencialidad parece ser que quienes estuvieron presentes en el evento no pueden revelar absolutamente nada de lo que allí ocurrió (solo se sabe que la fiesta estuvo ambientada en el mundo de los gangsters), así que no sé cómo será posible recabar información sobre si se dañó la dignidad de esos hombres con acondroplasia (como han solicitado diferentes asociaciones e incluso el Ministerio de Derechos Sociales). En el caso de las mujeres no parece que se vaya a realizar ninguna investigación de si fueron por libre elección o si fueron utilizadas como meros objetos como les pasaba hace años a las llamadas ‘paragüeras’ del circuito de motos de Jerez, cuyo papel (en lo que se conoce como el ‘paddock’ antes del inicio de las competiciones) se consideró que cosificaba el cuerpo de la mujer como reclamo sexista (no aportaban nada a los equipos ni formaban, tan siquiera, parte de sus ‘staff’).

Cabe preguntarse si no podía haber invitado a sus amigas y amigos de toda la vida en un día tan especial como es el momento en el que alcanzas la mayoría de edad, pero sinceramente desconozco cuál es su círculo de amistades. Es un anhelo y un objetivo de todo el mundo mejorar, cada vez más, su vida en todos los aspectos, pero hace falta tener los pies en el suelo y bien amueblada la cabeza, porque tener un determinado nivel económico o estar en una mejor situación social no debería significar privilegio, y mucho menos ante personas vulnerables que les hagan sentirse como los amos del planeta. Este comportamiento evidencia que nos queda mucho por trabajar en el concepto de desarrollar una nueva masculinidad para redefinir estereotipos anacrónicos que consigan educarnos a los hombres a que no gocemos con demostrar el poder y dominio, porque ostentar no tiene en muchas ocasiones una relación directa con ser feliz o pasárselo bien.