El legado de Alfonso Guerra

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

El ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra durante una rueda de prensa.
El ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra durante una rueda de prensa. Santi Otero | EFE

23 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Habrá quien ya no se acuerde de Guerra, un destacado político de cuando afloró la democracia en España. Era un personaje singular, admirado por unos y detestado por otros, pero especial. Es de los que rara vez sale a la palestra aunque siga siendo de los que tiene opinión y fundamentada. Vive su retiro probablemente con nostalgia y también con zozobra.

Mas presente y menos olvidado seguramente estará la figura de Felipe González, quien, pese a que su tiempo ya pasó, no deja de estar en el candelero y de mostrarse donde quiera que pueda, repartiendo lecciones como quien goza de la razón irrefutable.

Felipe González y Alfonso Guerra lo fueron todo en el PSOE y el el gobierno de España en un tiempo en que el país sufrió las mayores transformaciones jamás conocidas. Formaron un tándem perfecto, eran las dos caras de la misma moneda. Felipe era la cara amable, era el discurso reposado, se diría que convencía porque creía en lo que decía. Su verbo llegaba a la mayoría. Guerra era la vinagre. Arengaba, se mofaba del rival y eso entusiasmaba a los auditorios que siempre pedían mas caña. Él era quien enardecía a la militancia, quien convertía los mítines en espectáculo, cuando los mítines era el único contacto con los votantes. Hay quien dice que en realidad se llamaba Alfonso Pacheco, y que fueron sus colegas quienes le apodaron Guerra, dado su carácter.

Han pasado los años y los partidos políticos han cambiado mucho, el PSOE también, un partido que está perdiendo adeptos cada día que pasa. Declaradas las alarmas en busca del voto perdido, se intenta conseguir a alguien que haga el papel de Guerra, volver a aquella fórmula de tan buenos rendimientos. Se intentó con Adriana Lastra, pero sometida a cerco machista se rindió y retornó a la tierrina. Ahora quiere meterse en el papel Oscar Puente, pero no pasa de meritorio.

El efecto no es solo visible en el PSOE, también el PP, que visto que no acaba de repuntar, recurre a la fórmula Guerra, y lo hace con tanto empeño que se pasa de la raya, basta con ver el talante y las formas de los últimos nombramientos: Miguel Tellado, especialista en rebuscar en el fango, Ester Muñoz, la lengua afilada que hurga como nadie en las heridas.

No conforme el PP con esta pareja de guerrilleros de la tribuna parlamentaria, es el propio líder quien, hace tiempo abandonó todo atisbo de cortesía parlamentaria y, saca a relucir aspectos escabrosos del presidente del gobierno que se suponía que jamás se oirían desde los escaños del congreso de diputados. Y lo más alarmante es, si es que no son poco las palabras de Feijóo, el entusiasmo mostrado por su grupo al oír tan groseras palabras.

Y una última perla. Cierto es que el presidente Sánchez está metido en todos los charcos, pero que se lo recuerde Aznar a quien el barro le llega al cuello, es el colmo.