Es el sistema (eléctrico), amigo
OPINIÓN
El paso de los días va haciendo olvidar la experiencia vital sufrida con el apagón. La urgencia de información y explicaciones ya no es tal. La perspectiva que ofrece el paso del tiempo permite desacoplar el ruido de la melodía. Como se ha ido comprobando, el cero energético no fue consecuencia de las energías renovables, no. Ni dejó de haber viento, ni agua embalsada ni dejó de haber radiación solar a las 12.32 de la mañana. Sin embargo, el sistema eléctrico sí decidió desconectarse de puntos de producción de estas fuentes para protegerse y acabar cayendo a un cero energético.
Posiblemente haya llegado el momento de replantearnos si la red eléctrica diseñada en el siglo pasado responde a las necesidades tecnológicas actuales o no. Tenemos un sistema eléctrico que en vez de haber ido repartiendo la instalación de plantas de producción por territorios, fue diseñado para que unas localizaciones asumieran los esfuerzos ambientales y sociales y otras regiones, a largas distancias, recibieran esa electricidad y lo hicieran al mismo precio o incluso menor. Este diseño de sistema ineficiente ha obligado a una inversión ingente desde hace más de cien años. Actualmente, según Redeia, se destinan en torno a mil millones anuales, de los que las islas se llevan más del 35 % y Galicia... apenas el 1 %. Se trata además de un sistema que nos penaliza, y doblemente: somos los primeros en asumir las externalidades de producir electricidad para otras regiones, pero de los últimos en recuperar la electricidad si el sistema se cae: hasta 8 horas después de que lo hicieran localidades del centro peninsular, aunque aquí estábamos produciendo (para otros, claro). ¿La razón? El diseño: un sistema eléctrico que es un «todo» estatal, enorme, que cuesta recuperarlo si se cae.
¿Entonces, por qué no dedicar la inversión a cambiar el diseño y lograr un sistema estatal de subsistemas más pequeños repartidos por la península? Y que funcionaran de forma autónoma, como lo hacen los sistemas eléctricos de los países europeos, interactuando, exportando e importando a los otros subsistemas. Con la posibilidad de desconectarse si hay algún problema en un subsistema y evitando el cero energético estatal. Se facilitaría así el establecimiento de precios entre subsistemas en función de la oferta y la demanda, en el que los subsistemas que exportan su electricidad podrían ver recompensados sus esfuerzos. Sería replicar algo que ya existe en Europa. Aquí tendríamos un subsistema fundamentalmente renovable, exportador y que cuenta con tecnologías clave de almacenamiento como la hidráulica, ya que uno de cada cuatro MWh producidos en España es gallego.
La respuesta posiblemente sea que «montar otro sistema es inviable económicamente» (y políticamente). Sigue siendo mucho más interesante hablar de balanzas fiscales. Esas que dicen que claro, hay territorios que son «solidarios» con otros que aportamos menos y no generamos tanto. Claro.
¿Se imagina si se cambiara el diseño del sistema eléctrico y pudiéramos hablar de balanzas eléctricas con señales de precios? Pero, tranquilidad. No va a pasar: los territorios ricos no quieren dejar de serlo.
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