Para tener la foto completa de lo que está sucediendo hoy en día con la Unión Europea es necesario leer varias noticias juntas y observarlas con perspectiva histórica. La primera de ellas, que en pocos lugares fue contada como realmente sucedió, es la de Pedro Sánchez firmando el compromiso de la OTAN de aumentar el porcentaje de nuestro PIB a armamento hasta un 5%. La segunda es la publicación del Marco Financiero Plurianual 2028 - 2032 propuesto por la Comisión Europea que supone un recorte de casi un 25% a la Política Agraria Común en favor del aumento en el gasto militar. Y la tercera, y puede que más importante por lo que significa en términos políticos, es la de la imagen que lo resume todo: Von der Leyen desplazándose al campo de golf de Donald Trump, para firmar la rendición de Europa en la guerra comercial.
Todas esas noticias suceden ante nuestros ojos mientras asistimos al genocidio impune de Israel sobre Palestina, como si la cosa no fuera con nosotros, como si les tocara a otros, como si hagamos lo que hagamos ya estuviera escrito el destino de Europa y de la humanidad en este desastre infinito de barbaridad y guerra.
Para consolarnos e inmovilizarnos, nos cuelan que el régimen de guerra puede ser una oportunidad de creación de empleo. Parece que el Tallerón, por ejemplo, va a ser un centro neurálgico de la fabricación de tanques blindados y que creará muchos puestos de trabajo. Así que no importa que el dinero público se destine a la industria armamentística si ello generará riqueza. Una falsedad como la copa de un pino, claro. Porque quien se va a enriquecer es Indra, no la clase trabajadora asturiana.
Ésta, por el contrario, sufre las consecuencias de la falta de organización colectiva. Si el campo pasa por un momento delicado por los recortes anunciados para la PAC, y porque cada día es más difícil que sea viable una explotación ganadera en Asturias, los pescadores se enfrentan a la prohibición del palangre y a la amenaza de la desaparición de la pesca del pincho.
No debe sorprender a nadie. La Unión Europea se creó para despojar a los pueblos de su capacidad de decidir sobre sus recursos naturales, como la mar o la tierra. «No hagan política, ya la harán otros por ustedes». Ya la hará la Comisión Europea, un órgano que aunque no es elegido por los ciudadanos tiene el poder para decidir sobre el futuro de nuestros hijos. Y es que el ritmo legislativo de tales instituciones es lento, así que lo que hoy se aprueba allí, tendrá impacto en unos cuantos años aquí.
Algo así acontece con el «Reglamento de Ejecución (UE) 2022/1614 por el que se determinan las zonas de pesca en aguas profundas existentes y se establece una lista de zonas en las que se conoce la existencia de ecosistemas marinos vulnerables o la posibilidad de que existan». Un Reglamento que hoy Jonás Fernández pide, junto con otros once eurodiputados, que el Comisario de Pesca, Costas Kadis, revise. Sucede que este Reglamento ya ha sido recurrido por el Estado español en el mismo año 2022 en que fue aprobado. Sin embargo, el peligro para el palangre y para la flota pesquera asturiana existe desde mucho antes.
Concretamente desde que alguien planteó que la defensa del medio ambiente podría ser una oportunidad para despojar a los trabajadores de la mar de su poder de decisión sobre los recursos con los que trabajan y gracias a los que viven. Ahí se marcó una barrera perfecta para que los pescadores miren a la luna en lugar de al dedo que la apunta.
El dedo que la apunta son los grandes lobbies que se dedican a esquilmar los mares en los buques de grandes corporaciones en las que esclavizan a los pescadores y para los que la Comisión no es tan remilgada en las ejecuciones reglamentarias. A esos lobbies y a sus voceros es a quienes más favorece que los pescadores consideren que la protección del medio ambiente es el enemigo en lugar de la oportunidad. Porque si hay una técnica de pesca sostenible con el entorno y que cuide la mar es la merluza del pincho, que me lo digan a mí que soy pixueta.
Los pescadores son agentes clave en la lucha contra la contaminación y contra el cambio climático. Pero es preferible poner a los trabajadores del campo y de la mar en la falsa dicotomía de «lo verde» o «la pesca», «lo verde» o «la agricultura», que contar con ellos a la hora de legislar a miles de kilómetros de distancia de nuestras costas y de nuestras tierras. Es mucho más sencillo (y más rentable para los grandes lobbies) que sus voceros utilicen un lenguaje populista que se dirige al hipotálamo de quien no puede sostener su medio de trabajo para agitar el ambiente con odio y falsedad, en lugar de trabajar con seriedad en alternativas seguras que nos permitan tener una soberanía alimentaria real en Europa y en Asturias.
Para quienes tenemos claro que es imperioso estar en todos los espacios de decisión política, el reto está en poner nuestros conocimientos a disposición de los trabajadores y trabajadoras del sector primario. Para quienes ejercen un cargo público y son representantes de la soberanía popular el desafío sigue siendo bajar a la tierra y a la mar para que pescadores, agricultoras, ganaderas y campesinos no se conviertan en agitadores del odio contra las instituciones europeas y sí en activistas políticos capaces de entender que es necesaria como nunca la organización colectiva. Que la lucha contra el rearme nos atraviesa porque el dinero público debe invertirse en mejorar nuestra calidad de vida y el derecho a la alimentación es, sin lugar a dudas, clave en este aspecto. Porque preferimos gente ejerciendo en condiciones dignas el noble trabajo de alimentarnos, que trabajadores precarizados en la industria armamentística enriqueciendo a Indra y favoreciendo que Donald Trump continúe ganando la partida.
Y es que si las ganaderas, pescadores, agricultoras y campesinas se ven obligadas a dejar de trabajar en el sector primario porque ya no pueden más y tienen que dedicarse a producir armamento, a ver de qué narices se va a alimentar nuestro pueblo.
Una vez más, la rendición de Europa no debe pagarla la clase trabajadora.
Una vez más, aunque Europa se rinda, seguiremos resistiendo.
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