Vemos las noticias y los informativos y nos asalta, cada año, esta pregunta: ¿De verdad que esto es todo lo que podemos hacer? Y, sobre todo, ¿es todo lo que él Gobierno de Asturias puede hacer? Un año más vemos el resultado de la política errática e insuficiente llevada a cabo por el Principado de Asturias en materia de incendios. No solo es la del Principado, claro está, pero es la que nos afecta en Asturias en mayor medida.
La repetición sistemática de incendios todos los años, el aumento en la incidencia negativa de los mismos, los daños provocados, el rechazo que provocan, el conocimiento de las causas que los provocan y la claridad demoledora de que los planes que anualmente se aprueban no son capaces de ponerles freno, ni de prevenirlos ni de contenerlos, debería hacerles cambiar las estrategias adoptadas, pero no, ahí siguen, imperturbables.
Dejando los hechos claro que las dolidas declaraciones en prensa y tv no son más que un teatrillo, el esperado por otro lado, cada año, sin ninguna consecuencia práctica. Ni caso. Ni a los datos ni a los estudios. Ellos siguen con la brújula igual que si hubieran acertado en su estrategia y se hubiera puesto fin al problema.
Hay más efectivos, sí: se ha pasado de 416 efectivos entre Jefes de turno, bomberos-conductores y auxiliares de bombero especialistas en 2024 a 480 efectivos entre Jefes de turno, bomberos-conductores, bomberos-rescatadores y auxiliares de bombero especialistas en 2025 pero, con un ratio de interinidad enorme, con plazas sin cubrir y con medios materiales claramente insuficientes aunque se haya pasado de 32 Autobombas forestales en el 2024 a 39 autobombas en el 2025.
El personal destinado a la vigilancia y prevención de incendios forestales son los Agentes Medioambientales de los que tanto hemos oído hablar últimamente en relación con el asunto de Cerredo y a cuenta de la Comisión Especial creada. Las declaraciones que se han ido sucediendo muestran a un cuerpo de Agentes ni suficientemente dotado ni suficientemente atendido por nuestra Administración asturiana. Por todo ello ha tenido que intervenir nuevamente la UME e incluso bomberos voluntarios de fuera de España (griegos, si atendemos a las informaciones de Alejandro Calvo).
Señores, es imperdonable que, año tras año, se repita la misma escena. Según sus propios datos existen 800.000 hectáreas de superficie forestal y han visto como, año tras año, los incendios se repiten y su capacidad de causar daño ha crecido.
Y este año, para más INRI, en unos de las áreas que ustedes han denominado de «actuación singularizada» en la que «se ha desarrollado una propuesta de trabajos para la prevención de incendios forestales en el entorno de la Reserva Natural Integral de Muniellos. El objetivo es el de realizar actuaciones de diversa índole que faciliten la defensa pasiva y la accesibilidad y capacidad de actuación de los medios de extinción de incendios forestales, a través de las denominadas zonas de oportunidad, para proteger en primer término la zona de Reserva, así como otras áreas incluidas en el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, y el medio natural en general y las poblaciones de la zona en particular». Se han lucido con ella. Veremos los informes finales que dicen. Provisionalmente ya hemos visto signos de fundada preocupación por la posibilidad de que los incendios en esa zona hayan afectado a la catastrófica situación del urogallo (que tampoco ha motivado que esa administración moviera un dedo en su defensa).
Así que la «Prevención de incendios y mejora del hábitat del urogallo en el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Mejora y limpieza de 18 km viales de acceso y 5,02 ha de desbroces preventivos en zonas de urogallo cantábrico» recogida como apartado «b) Creación y mantenimiento de infraestructuras preventivas» en el Plan Anual de Prevención, Vigilancia y extinción del Principado de Asturias para la campaña 2024-2025 es posible que haya servido justo para lo contrario. No sé qué tipo de cualificación técnica tienen las personas que han aconsejado esa recomendación, aunque la verdad, resulta de perogrullo, que mejorar viales de acceso y desbroces no suele favorecer a la fauna pero sí a quienes quieren eliminar lo que insisten en llamar indebidamente y para denostar nuestra riqueza y biodiversidad: «basura, maleza y alimañas».
Vamos que, por si no se han enterado aún, pues tal parece que los dirigentes y responsables políticos viven rodeados de «palmeros» ciegos y sordos: se han lucido un año más…
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