En este intervalo entre la conclusión del periodo vacacional y el inicio de un nuevo curso político, la actualidad sigue pasando lamentablemente por la propagación de los incendios (incluyendo a nuestra comunidad autónoma). Aunque ha habido algunos bulos y desinformaciones en estas últimas semanas, no sé si los «influencers» de la ultraderecha más seguidos se han tomado este agosto de vacaciones. Su ausencia no la ha echado de menos nadie, pero me ha parecido extraño que no se hayan dedicado a ir a zonas quemadas para echarle la culpa de todo a Pedro Sánchez (imitando a lo que ya hicieron en la provincia de Valencia/València tras la dana). A lo que escribí en el último artículo la semana pasada, sobre todo en lo referente a la mala gestión política realizada por las autonomías del PP afectadas por los fuegos, me gustaría añadir una cuestión que no considero que deba verse como un acto de heroicidad, sino como una temeridad. Entiendo la desesperación de la gente y el miedo a perderlo todo, pero no comparto que se valore y se aplauda a aquellas personas que no siguen las recomendaciones de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y se niegan a ser desalojadas de sus viviendas y de sus pueblos. Por muy valientes y comprensibles que puedan ser sus actos, sobre todo si no hay bomberos sobre el terreno trabajando, no se justifica que pongan en riesgo no solamente sus vidas, sino las de quienes estarían obligados a auxiliarles en condiciones muy peligrosas. Es un poco contradictorio estar escuchando estos días la importancia de la prevención y de «apagar los incendios en invierno» para luego comportarse como si no supiéramos ya que la naturaleza es la que manda y, por tanto, nuestra capacidad de actuación contra las llamas es limitada (y más en este contexto de cambio climático con altas temperaturas, pocas lluvias y vientos que arrasan con todo). ¡Mucho cuidado y precaución, por favor!
No estamos muy acostumbrados en España a ver contenidos en los diferentes soportes publicitarios en el que dos empresas se lancen mensajes. En otros lugares, como en Estados Unidos, sí que es más habitual, incluso para pullas y críticas al rival. En 2001 se hizo muy famoso un spot en el que se veía a un niño comprando dos latas de Coca Cola, pero no lo hacía para beberlas, sino para posarlas sobre el suelo para subirse a ellas y, así, poder llegar al botón de Pepsi. Fue una manera creativa de contestar a la marca de color rojo de que aunque vendiera a lo largo y ancho del mundo el doble que ellos, para muchas personas el refresco azul era su preferido. En este caso hablamos de dos compañías que se dedican a lo mismo, pero estos días en Asturias/Asturies estamos presenciando una curiosa batalla por ganar el relato (ante el desacuerdo en las condiciones comerciales que las unía) en cuñas de radio, páginas de periódicos e incluso mupis de dos compañías muy conocidas. Se trata de Alimerka y de Central Lechera Asturiana. Ambas sociedades están muy bien posicionadas en sus respectivos sectores (copando una gran parte de la cuota de mercado en nuestra comunidad autónoma). Desde fuera, y con la poca información que ha trascendido sobre sus diferencias, no parece muy lógico que hayan roto una relación de muchos años en las que ambas ganaban. Espero que esta desvinculación no afecte indirectamente a otras partes, como son las y los ganaderos, ni que tampoco suponga un daño temerario para cualquiera de las dos entidades. Solo voy a recordar que no siempre con una campaña de publicidad se ha conseguido dar a torcer el brazo, y si no que se lo digan al BBVA con sus múltiples intentos por seducir a las y los accionistas del Banco Sabadell.
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