Continúa la fiebre del oro

OPINIÓN

Concentración contra la explotación de la mina de Salave
Concentración contra la explotación de la mina de Salave PEPA LOSADA

Quien tiene mucha suerte se dice que tiene una mina, quien es pareja de una persona de cualidades inmejorables tiene una mina, quien emprende un negocio de éxito tiene una mina. Quien tiene una mina es un triunfador. Y si la mina es de oro es lo máximo. En Tapia de Casariego, y más concretamente en Salave, tienen una mina, y además de oro, y no están precisamente alegres por ello.

Desde tiempos inmemorables el ser humano sintió devoción por el metal aurífero. Su color, sus destellos convirtieron al oro en un reclamo irresistible. Con oro se adornaban las partes visibles del cuerpo, se incrustaba en muebles y edificios y se atesoraba como el bien terrenal más deseado. Los faraones egipcios se hacían enterrar rodeados de su apreciado oro para resurgir solventes en la otra vida.

Han pasado los siglos, unas civilizaciones han sustituido a otras y la fiebre del oro sigue presente entre nosotros. Además de otros usos, el oro es ante todo un objeto de ostentación.

Cuando la dominación del imperio romano, su desarrollada ingeniería extrajo del subsuelo de Hispania ingentes cantidades de oro para mayor gloria de Roma. Algún resto de aquella intensiva minería persiste en las entrañas de las tierras que pisamos, y Asturias es uno de los lugares en donde parece que quedan residuos a tener en cuenta. Así lo entendió la empresa canadiense Astur-Gold, que casi hace dos décadas comenzó con sus pretensiones de extracción en Salave.

Han pasado muchos años y los ánimos de los habitantes del concejo de Tapia y de otros limítrofes siguen siendo los mismos, radicalmente contrarios a la mina. Han pasado distintas corporaciones por el ayuntamiento y todas, unas con más entusiasmo que otras, han resuelto de modo plenario su negativa al proyecto. El Principado las veces que tuvo que manifestarse, a través de sus órganos competentes, igualmente rechazó la propuesta. Cabe pues preguntarse por qué la empresa, o las distintas empresas que han estado en el asunto, se obstinan en algo que reiteradamente se les rechazó.

Quien da cabezazos contra un muro una y otra vez o no está en su sano juicio o sabe que finalmente derribará el muro y que tras él hallará un tesoro. Eso parece deducirse tras las maniobras de Black Dragón Gold. No se puede entender de otra manera.

Y como no hay otra manera de salir del atolladero legal se recurre al modelo Montoro. Ni la ley ni la razón asisten a la mina de Salave, pues se busca una ley que los ampare. Montoro hacía leyes a su gusto y a gusto de sus cercanos. La ley del Principado sobre recursos estratégicos parece ser una salida a la mina de Salave. El tiempo dirá si tal ley es un embudo donde caben todos los disparates que surjan y atiendan a intereses privados o por el contrario se atenderá al interés general.