Se ha bloqueado, por segunda vez, la reforma del Estatuto, pero nos quedan dos cursos políticos para que finalice la vigente legislatura, el que comienza ahora y otro más. Las fuerzas políticas y sociales que entendemos que la democracia sólo avanza mediante el autogobierno, el federalismo, la autoidentificación de los pueblos y la oficialidad de las lenguas propias, en nuestro caso del asturiano, debemos concentrarnos ahora en generar una acumulación de desarrollos materiales que haga posible que la oficialidad de las lenguas de Asturias sea inevitable la próxima legislatura. El acuerdo de gobierno firmado entre PSOE e IU-Convocatoria habla de la reforma de la Ley de Uso y Promoción del Asturiano, esa puede ser una oportunidad para convertir esa nueva frustración en un avance exitoso.
No hay excusa posible. Existe una mayoría parlamentaria progresista que puede promulgar una Ley de Uso de nueva planta que podría denominarse: «Ley para la coigualdad de las lenguas de Asturias y de promoción de la identidad asturiana». Estos cambios legislativos, si se abordan con ambición y perspectiva histórica, pueden generar grandes transformaciones materiales de carácter cualitativo que nos hagan cambiar de época. Además, pueden contribuir a situar la idea de Asturias en la proa del discurso político transformador, y del discurso cívico de nuestra sociedad, que es el lugar que le corresponde.
En todo cambio legislativo hay que buscar el concurso de todas las fuerzas políticas del país, sobre todo si hablamos de políticas que afectan a nuestra identidad como comunidad política. Las fuerzas políticas conservadoras son necesarias, pero si insisten en su actitud de bloqueo al desarrollo de la idea de Asturias, la mayoría progresista tiene los números parlamentarios para avanzar sin ellas. Al final, tal y como sucedió con el acervo democrático, del que las políticas de lengua e identidad forman parte esencial, cuando vean que su actitud reaccionaria es desbordada por la sociedad, las derechas serán parte del proceso asturiano que no puede prescindir de ellas. Como decía Inguanzo: «será esta tierra de todos los que quieran mejorarla».
El libro del filólogo y pensador asturiano David Guardado titulado Nunca Vencida -la crítica más dura que se le debe hacer al texto es que termina- sirve de base intelectual para este objetivo de reimpulso legal que, en los dos próximos años, puede lograr el asturianismo emancipador. La suya es ya una obra de referencia que marcará en Asturias, como dice Pilar Sánchez Vicente en su prólogo, «un antes y un después» no sólo desde el punto de vista del saber, sino también desde el político. En este punto, es obligado mencionar el libro de Xuan Cándano, No hay país, que, aun siendo de una naturaleza cualitativamente diferente a la obra de Guardado, pero de similar valor para la idea de Asturias, puede conectarse ella y es un instrumento imprescindible para diseñar una nueva ruta política del impulso asturianista. Ambos escritores forman parte de la esencia de asturianismo actual y lo fertilizan con estos dos trabajos.
El ensayo de Guardado es indispensable para recuperar la idea de esa Asturias que no renuncia a ser, que estuvo presente a lo largo de nuestra historia como pueblo, y ponerla a producir realidades. Esa rebelión ante el no ser es la única manera de evitar nuestra «dimisión histórica» como comunidad de la que avisaba Pedro de Silva. Por otra parte, como decimos, es requisito sine qua non para el desarrollo de la democracia en tiempos de grave peligro de involución de la convivencia e intentos de regreso a formas políticas totalitarias.
No habrá emancipación de la clase trabajadora ni, por tanto, transformación hacia la justicia social, sin el reconocimiento de la pluralidad política de las distintas sociedades, naciones y pueblos que existen en España
En este sentido, la recuperación de la idea de esa Asturias consciente de sí misma y con voluntad de existencia singular, que Guardado rastrea desde Roma, debe realizarse también con el objetivo de que la democracia española avance. No habrá emancipación de la clase trabajadora ni, por tanto, transformación hacia la justicia social, sin el reconocimiento de la pluralidad política de las distintas sociedades, naciones y pueblos que existen en España ni, por cierto, en una Europa cada vez más alejada de las personas en la que los Estados actúan al servicio de los intereses empresariales y de las grandes riquezas, como hemos visto en el vergonzoso acuerdo económico entre la Comisión Europea y Trump.
Las costuras del constitucionalismo del 78 ya no dan más de sí. Quienes no cuestionamos el momento político de la Transición, ni el papel de nuestro partido, el PCE, en ella, no podemos obviar que medio siglo es un tiempo inaceptable para no haber cimentado muchas de las cuestiones, sobre todo el federalismo, que no se abordaron en aquel entonces porque no pudimos, o porque no supimos, hacer mejor las cosas. Sin duda, el estancamiento en la arquitectura y el esquema político de aquel momento es una actitud que ha generado, y sigue produciendo, un funcionamiento institucional patológico. Vivimos una parálisis política inaceptable ante la que las élites tradicionales sólo ofrecen como respuesta el anhelo de volver al bipartidismo que es la matriz de esas deficiencias. De esas patologías sistémicas no abordadas emerge la potencia actual de la extrema derecha.
Los sueños de la razón unitaria liberal, y de la conservadora o reaccionaria, que han logrado colonizar y dominar la mentalidad de gran parte de la izquierda de raíz obrera, han generado monstruos de gran nocividad que han arrasado con muchas de las estructuras de defensa de la igualdad de las que debe dotarse toda sociedad. Sólo la identidad genera autoconciencia ? lo dijo Alexander Pope: «la afirmación de sí suscita el despertar de la conciencia» -que es la base de toda resistencia ejercida en defensa de los derechos cívicos, económicos y sociales, piedras angulares del Estado Social. El centralismo fragiliza los mecanismos democráticos y permite a las élites económicas situar a los Estados bajo el señoreo de las multinacionales y de sus estructuras políticas y militares. Este dominio sólo se puede arrostrar desde un federalismo de pueblos y naciones con voluntad de ser dueños de sí mismos y de ser más que una mercancía y que, para eso, exijan democracia.
Como se lee en Nunca Vencida, en esas capas históricas que van conformando nuestra identidad como pueblo asturiano se encuentra el movimiento obrero, en gran parte, alumbrado a su forma política desde el republicanismo federal. En nuestra identidad, fundiendo en un solo corazón la Asturias verde y la negra, está la revolución y el pensamiento marxista e internacionalista del 1934 y la aspiración a cambiar el mundo de base que, hoy, es aspiración de una democracia plural, constitucional y republicana. La idea de república aquí expuesta va más allá de la forma de gobierno y nos enlaza con las tradiciones republicanas clásicas que hablan de virtud cívica, los deberes ciudadanos, las tradiciones igualitarias y una democracia robusta y deliberativa.
En el nuevo marco legal, la Academia de la Llingua debe ver reforzada su posición institucional
Y es que, no hay contradicción entre pluralidad nacional y unidad de la clase trabajadora como afirma el historiador Faustino Zapico, otro pensador asturiano indispensable para construir intelectualmente un nuevo impulso material al asturianismo y al que se le han robado varias de sus ideas para escribir este artículo. Es una evidencia histórica que el centralismo ha sido impulsado en España por las fuerzas conservadoras, para generar un sistema político contra las clases populares. La identidad como pueblo es una buena partera de la identidad de la clase trabajadora que distingue a las izquierdas transformadoras de las que no lo son y que, al ser una identidad indisoluble, determina la forma de un poder público igualitario.
Evidentemente, la nueva Ley que aquí se propone debe impulsar la normalización del asturiano garantizando su vehicularidad en la enseñanza y en la RTPA, así como su promoción en todas las esferas de la vida asturiana, sobre todo, en todas nuestras instituciones autonómicas y locales. En el nuevo marco legal, la Academia de la Llingua debe ver reforzada su posición institucional, que tiene que ser acorde con la labor que debe realizar de difusión de las lenguas de Asturias. Son necesarios más medios técnicos y humanos para que nuestra institución lingüística sea capaz de desenvolverse en un mundo de cambios y una tecnología cada día más novedosa. Nuestros conceptos y visión del mundo han de viajar universalmente, también en asturiano y gallego-asturiano.
La posible reforma legal debe generar cambios institucionales que sirvan para la promoción de esa idea de Asturias que no acepta la renuncia a ser, recuperándola de nuestro pasado para que nos impulse. Es decir, la innovación legislativa no debe circunscribirse a potenciar nuestra lengua sino servirse de ella para reforzar el proceso de autoconciencia. Así, en las nuevas previsiones legales, se puede establecer el día de Asturias el 25 de mayo para separarlo de la celebración católica del 8 de septiembre que forma también parte de nuestra identidad colectiva, y por tanto debe tener respaldo público y legal, pero requiere de un sana autonomía de las instituciones y viceversa. La idea de Asturias tiene que ligarse a aquel mayo de 1808 y a nuestra conciencia política como país. Por otra parte, el RIDEA debe dar lugar a una Academia Asturiana de Artes y Letras, quizás también de Ciencias, que ya fue planteada en 1919 y sobre la que escribió el académico de la Llingua, Inaciu Galán.
Esta Academia ya fue una propuesta del Movimiento Comunista de Asturias (MCA), realizada en 1977, para el Estatuto de Autonomía. La idea de Asturias no puede permanecer fosilizada y asfixiada en el «Pidalismo» dominante, denominación que en este artículo pretende incluir a Sánchez Albornoz, Pérez de Ayala o Fermín Canella, entre otros. Las nuevas generaciones pensadoras e investigadoras de Asturias deben tener medios para expandir el pensamiento y la creación asturiana de acuerdo con la potencia cultural que alberga Asturias. La Academia de las Artes y Letras, debe ser un elemento tractor de nuestro sistema intelectual que vertebra la Universidad de Oviedo. Es necesario un centro de estudios asturianos que refleje la vida y la mentalidad de su sociedad, es decir, que la represente y no que mire sólo a sus élites.
Incluso, redefiniendo algunos de los actuales instrumentos de gestión que tiene el ejecutivo, la nueva ley puede generar un Instituto público para la promoción de la identidad asturiana que dotara de estrategia global a la política de emigración y a determinadas políticas culturales y lingüísticas. Y aquí es necesaria la autocrítica, el Gobierno puede hacer ya, mucho más por la promoción del asturiano. Las Consejerías deben ser ejemplares y ninguna lo es. Y todas las personas integrantes del gobierno deberían utilizar indistintamente el castellano y el asturiano, o gallego-asturiano, con igual normalidad. Esto es un gran debe de la izquierda que gobierna y hay que cambiarlo. Ni siquiera la toponimia se respeta. Una nueva etapa tiene que partir de un análisis autocrítico que también debe alcanzar a la propia IU-Convocatoria.
La RTPA debe ser central en este nuevo marco legislativo que estamos planteando. Es uno de los medios más importantes para fortalecer nuestra autoconciencia y transmitirla más allá de nuestra tierra, también para servir de conexión con los asturianos y asturianas de la emigración que construyen Asturias todos los días. Nuestro ente público no puede estar al margen de nuestro proyecto como país y, en un mundo digital, debe ser locomotora de creación de identidad cívica y cultural.
Los Ayuntamientos son las instituciones que albergan una inclinación natural hacia la práctica democrática debido a su contacto con la vida cotidiana de la gente. Deben ser las primeras instituciones que se mancomunen, como ya sucedió en el pasado y nos recuerda David Guardado, en la defensa de la autoconciencia de nuestra tierra. La nueva Ley tiene que apoyar e incentivar la labor municipal en defensa del asturiano, del gallego-asturiano y de la idea de Asturias. Los Ayuntamientos, por esa conexión privilegiada y directa con la ciudadanía, han ido siempre por delante del Principado de Asturias en esta materia.
El 28 de julio de 1917- el año en el que la revolución soviética transformó el mundo a través de la emancipación obrera y el impulso de los derechos económico y sociales de las personas, alumbrando a la URSS-, el Pleno del Ayuntamiento de Oviedo fue el primero que se adhirió a la Asamblea de Barcelona que pedía autonomía municipal, regional y la solución de los problemas sociales de aquel tiempo. Tras Uviéu fueron Mieres, Xixón, Avilés, Llangreu y Grau, entre otros. Un año después de esta propuesta de Oviedo, sería Mieres, con Manuel Llaneza de alcalde el que publicaría unas bases para un Estatuto Asturiano de Autonomía. La capital de Asturias debe volver a liderar esa transformación profunda que puede provocar la reforma de esta Ley. El grupo municipal de IU-Convocatoria propondrá un convenio específico del Ayuntamiento con la Academia de la Llingua para respaldar a esta institución y solicitaremos una concejalía destinada a la promoción de nuestra lengua e identidad.
La juventud asturiana, es decir, la Asturias de hoy, está cada vez más identificada con su país, por tanto, con su historia, lengua y cultura
Como decíamos al principio, las nuevas realidades institucionales y políticas que se pueden generar a partir de un nuevo acervo legal destinado a la promoción de la idea de Asturias puede provocar una acumulación de fuerzas sociales y materiales que generen un punto de no retorno y la oficialidad surja de abajo arriba. Hemos visto que la política actual se ha vuelto obsoleta en este campo ya que es incapaz de generar acuerdos, si quiera parciales, que hagan de parteros de una oficialidad que sólo rechaza de plano la extrema derecha. Es hora de virar la estrategia y apuntar hacia el refuerzo de la voluntad de la sociedad asturiana que sí quiere ser. Asturias no quiere dimitir de sí misma y sí ser parte de un mundo vivo y plural. Las asturianas y los asturianos sienten «orgullo de pertenencia», como se apuntó en un momento en el que el cambio material se anunció como posible pero ahí quedó, en el reino de las intenciones. Dotémosles de los medios públicos para ejercerla pues, al fin y al cabo, esos medios les pertenecen.
La juventud asturiana, es decir, la Asturias de hoy, está cada vez más identificada con su país, por tanto, con su historia, lengua y cultura. Los tiempos van por ahí y la política debe ser un instrumento de futuro para construir una Asturias abierta a ese porvenir y al universalismo. Que este artículo lo escriba alguien que no es asturfalante, y por tanto lo haga en castellano indica que la idea de esa Asturias que se reclama como pueblo, y que ha querido ser borrada de la Historia, nos representa a muchos y muchas porque es inclusiva y universal.
Si queremos que la democracia sea mejor aquí y en España, construyamos nuestro país, Asturies. Para eso hay que dar un paso más allá de lo folclórico y lo simbólico, que son aspectos indispensables y esenciales. Pasemos de las musas al teatro porque la mayoría progresista permite legislar todo lo aquí expuesto y más. El asturianismo necesita presupuesto, medios materiales y, además, un liderazgo político que, ese, no cuesta dinero.
Una reforma de la Ley de uso, la que aquí se esboza u otra, sólo sería útil y viable si cuenta con el apoyo del asturianismo político, social, cívico e institucional ya que el ámbito político-institucional no puede actuar en solitario, tiene que avanzar con su respaldo. Por tanto, es el asturianismo en su conjunto, del que forma parte central IU-Convocatoria, el que tiene que decidir cuál es la mejor estrategia para avanzar. Las fuerzas políticas del ejecutivo deben acatar ese mandato ya que hay otras estrategias que podrían hacernos avanzar: nueva Ley de identidad asturiana y desarrollo reglamentario de la Ley de Uso, por ejemplo. Aquí se esboza una propuesta de máximos que sólo vincula a quien esto escribe y que no está exenta de los riesgos que surgirán al derogar la ley de 1998.
El presidente que escribió sobre el Regionalismo Asturiano, cuando se hacía teoría antes de la política y para la política, Pedro de Silva, dijo en el año 1992 que los gobernantes asturianos han de ser «algo rebeldes». Aún puede ser esta la legislatura del impulso irreversible a la oficialidad. Si legislamos para garantizar ahora la coigualdad de nuestras lenguas y la apuesta por nuestra identidad, la reforma del Estatuto vendrá por añadidura.
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