Esta semana, como todos los años en el mes de septiembre, nos encontramos con la vuelta al cole, así como con todos los preparativos que la misma implica. Aunque, como siempre, los libros de texto, las mochilas, el material de papelería y la ropa constituyan una pesada carga para muchas familias que tienen que hacer malabares para poder sufragar dichos gastos, hoy quiero poner el foco en un aspecto que, si bien pasa más desapercibido, es sin duda de una primordial importancia en la vida de nuestros menores: la salud mental.
Según el Barómetro de Opinión de la Infancia y Adolescencia 2023-2024, elaborado por UNICEF España en colaboración con la Universidad de Sevilla, la salud mental infanto-juvenil está en riesgo. Los datos son demoledores: 4 de cada 10 adolescentes manifiesta haber tenido o haber creído tener problemas de salud mental en el último año, y 1 de cada 3 no ha hablado con nadie al respecto. Por otra parte, el acoso escolar y el ciberacoso afectan a 1 de cada 10 alumnos, generando graves impactos en su rendimiento académico y su bienestar emocional y social. El acoso ocasiona en los niños que lo sufren sentimientos de miedo, inseguridad y soledad. Cuando estas conductas se trasladan al entorno digital, el impacto puede ser aún mayor, ya que el ciberacoso no se limita a un espacio físico ni a un horario escolar, sino que persigue a la víctima en cualquier momento a través de redes sociales, mensajes y plataformas en línea.
En este contexto, desde UNICEF pensamos que resulta primordial potenciar la figura del Coordinador de Bienestar y Protección, cuyo papel es fundamental para impulsar tanto la prevención como la detección precoz de problemas de salud mental entre el alumnado.
La figura del Coordinador de Bienestar y Protección es obligatoria en todos los centros educativos según establece la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI). Sin embargo, su desarrollo e implementación concreta depende de cada comunidad autónoma, lo que ha generado diferencias significativas en su regulación y aplicación. Esta figura debería garantizar que cada centro educativo sea un entorno seguro y protector, capaz de detectar de manera precoz la violencia y los problemas emocionales. En la práctica, sin embargo, el avance en este sentido ha sido irregular y desigual, ya que la mayoría de coordinadores asumen la tarea sin tiempo suficiente, sin formación especializada y sin los recursos necesarios.
En UNICEF España hemos identificado tres desafíos en la implementación de la figura coordinador: la falta de una definición clara de sus funciones, la formación especializada insuficiente y la escasa dotación de recursos y horas para un desempeño efectivo. Para solucionarlos, hacemos una serie de recomendaciones. En primer lugar, es necesaria una dotación de recursos proporcionales al alumnado, que debería ser de 23 horas semanales por cada 1.000 estudiantes. Asimismo, resulta clave la definición clara de las funciones a asumir. Por otra parte, debe mejorarse la coordinación entre instituciones para que el coordinador sea efectivamente un enlace entre el centro educativo, los servicios sociales y los sanitarios, y pueda dar una respuesta integral ante situaciones de riesgo. También debe establecerse una formación especializada en tres niveles: elemental para todo el personal docente, y básico y superior para los propios coordinadores. Por último, debe Incidirse especialmente en la promoción y prevención del bienestar mental, que deben estar integradas en la planificación escolar y no quedarse en acciones aisladas.
La salud mental en la infancia es fundamental porque constituye la base sobre la cual se desarrollan las habilidades emocionales, sociales y cognitivas de los niños y niñas. Asimismo, descuidarla puede generar consecuencias que se prolonguen hasta la adultez, como dificultades en el rendimiento académico, problemas de comportamiento o el riesgo de desarrollar trastornos emocionales más graves. Por ello, es crucial que las familias, las escuelas y la sociedad en general promuevan entornos seguros, de apoyo y libres de estigmas, donde los niños puedan expresarse, sentirse escuchados y recibir la atención necesaria. Para ello, resulta fundamental la plena implementación de la figura del Coordinador de Bienestar y Protección.
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