Estamos en los días previos al invierno que asoma implacable. Los días se acortan, el cielo se muestra más oscuro, hacemos planes que seguramente este año tampoco cumpliremos y más que nada hacemos balance del verano pasado, de un verano de sofoco.
Un año más hemos de mencionar los devastadores fuegos que destrozan bosques y la vida que en ellos se daba. Una vez más pasarán los días, y los meses y se nos olvidará que hubo unas quemas incontroladas que dejan tras de sí un paisaje desolador. Ardía en Canadá, y nos parecía que eso estaba muy lejos, ardía en Brasil o en California y eso era un problema de otros. Ardió La Culebra y parece que nos asustó un poco, ardió en el Valledor y se nos olvidó, ardió en Valdés y nos alarmamos, pero ya pasó. Y este año estamos en lo mismo. Y el que viene, eso ya se verá.
Como siempre las autoridades fallaron. Los efectivos que deben luchar para sofocar los incendios, como siempre, se vio que eran escasos y mal dotados y que se enfrentaban en enorme desventaja a un dragón de mil cabezas. Opiniones y descalificaciones surgen de todas las esquinas y se lanzan sin un mínimo de mesura. Los estudiosos y expertos hablan siempre de prevenir y nunca se les hace caso.
El Presidente del Gobierno ofreció un pacto de estado frente a emergencias climáticas y fue como si cantara un bolero. El Presidente del Principado habla de reforzar la prevención de emergencias y es como una puerta que se cierra, siempre el mismo sonido y nadie se entera ni de que lo hace.
Muchas vedes hemos oído que en siglos pasados una ardilla iba de Gijón a Cádiz sin poner sus patitas en el suelo. Ahora recorres Asturias, que aunque no lo parezca sigue perteneciendo a la que se llamaba España Húmeda, y aunque se pueden observar frondosos bosques, lo que abundan son cumbres peladas sin rastro de vegetación. Es lamentable decirlo, pero desde los tiempos del ICONA, ni a nivel nacional ni autonómico se ha visto un mínimo esbozo de política forestal.
De lo mucho que se ha hablado y escrito, en las últimas semanas, hay una verdad irrefutable surgida de la sabiduría popular: los fuegos se apagan en invierno. Del mismo modo que en verano se deberían prevenir las inundaciones.
El cambio climático no es una amenaza, es una realidad aunque nos empeñemos en minimizar sus efectos. Se repetirán temperaturas nunca vistas, tendremos largos periodos de sequía, todo muy apropiado para los incendios, y tendremos fuertes precipitaciones para las que tampoco estamos preparados.
Hay rigurosos estudios que advierten de que en Asturias son muchas las localidades catalogadas de inundables, en la costa y en las riberas de los ríos. Decir que no se hace nada igual no es exacto, pero parece poco. No es aventurado anunciar que volverá a llover, y seguramente con fuerza, y nos lamentaremos y entonces anunciaremos planes y proyectos. Y se olvidarán.
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