Compostela astur

OPINIÓN

A fachada da catedral de Santiago de Compostela xa se pode contemplar libre de andamios despois de 8 longos anos. 21/05/2021
A fachada da catedral de Santiago de Compostela xa se pode contemplar libre de andamios despois de 8 longos anos. 21/05/2021 XOAN A. SOLER

02 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Bien sabemos que Santiago de Compostela y Finisterre están en Galicia, la Gallaecia romana. Sus nombres denominan en latín romance a dos lugares de alguna manera mágicos. El primero tiene una historia que parece tardorromana y el segundo (Finisterre), aunque conocido por la lengua latina romance puede que tenga una historia que se remonta al Paleolítico o cuando menos al Neolítico. El camino costero prehistórico era, casi seguro, una ruta ancestral de peregrinación a aquel lugar de la tierra donde esta se acababa (fuera plana o no) y sobre todo donde el sol se ponía y llevaba consigo las almas de los difuntos. Situamos esta época durante los milenios megalíticos y en el bronce antiguo, lo que no quiere decir que la ruta costera actual no siga teniendo su continuidad a lo largo de muchos milenios hasta la actualidad, en la que la denominamos en guías turísticas «camino costero jacobeo». Antaño se iba a la Costa da Morte a morir o a comunicarse con los muertos de cada uno. Con el tiempo se fueron añadiendo mitos, algunos basados en la realidad de la intrahistoria como son los naufragios provocados por los piratas costeros, habitantes o no de las cercanías del litoral de la zona que usaban luces nocturnas a modo de engañosos faros para atraer a las naves hacia los acantilados o zonas rocosas provocando así naufragios que luego serían aprovechados para desvalijar las naves embarrancadas.

No se asusten, por favor, estamos hablando de Historia y tenemos que tener presente que vivimos en un mundo despiadado en el que se impone desde Adán y Eva el primum vívere deinde filosofare. En esa zona se pisa suelo de roca metamórfica, volcánica, con grandes componentes de cuarzo y de granito, para lo que nos interesa —Opinión de La Voz—, son suelos con alto magnetismo que como deberíamos saber influye notablemente en la forma que interactuamos los animales bajo su influjo, aunque una sociedad preocupada por las nuevas tecnologías, generalmente mal empleadas, igual no parece relevante. Volvamos a que era normal robar y matar para sobrevivir, para comer. Hay que decir algo bien callado, quizás menos hoy y limitado a fósiles de humanoides muy antiguos: que el canibalismo ritual era lo más normal. Comerse a tu padre muerto puede ser un acto de amor inconmensurable, aunque también se hiciera por necesidad sublimada. Normal pues era el despojar al que tenía y también comerse al muerto.

No culpemos a nadie ni nos avergoncemos ni mucho menos nos escandalicemos. En todo el mundo y en épocas muy recientes era de lo más normal comerse a los vecinos. A efecto es curiosa la leyenda que transciende sobre la bardulia o bagaudia vasca sobre el despojo sistemático y la ingesta después de los peregrinos jacobeos, o no, costeros a su paso por aquellos territorios. Quizá el camino jacobeo actual tenga que «agradecer» a aquellos bagaudas el desvío hacia el sur del camino que hoy recorremos. También, por supuesto, está la más factible historia de que el Xacobeo hizo durante tiempo de frontera religiosa de la otra frontera militar en la Península Ibérica. Ya visto entonces el posible origen de la ruta cantábrica más ancestral, ahora toca introducir la Ruta Xacobea actual, cuestión que parece muy necesaria para adivinar de lo que estamos hablando, para esto tenemos que hacer un viaje a los años del Reino Astur en la época en que reinaba Alfonso II llamado El Casto. Éste rey que habitaba en Oviedo y que era hijo de Munia una esclava vasca del caudillo Fruela que tanto enloqueció por ella que le puso un palacio allí, como a las queridas de la época de nuestros padres y abuelos, y para colmo llevó hasta sus faldas la capitalidad del incipiente reino de aquellas tribus de los astures. 

Así es que el hijo de Munia y Fruela, Alfonso El Casto, acumulaba más sorpresas que su origen y sus destinos; tenía por consejero al hombre más sabio, queremos decir informado, de toda aquella amalgama que hoy llamamos España, a este hombre la historia lo llamó el Beato de Liébana regente de una oficina de información, —el Monasterio de la Liébana— donde se guardaban textos muy antiguos en griego, latín, arameo, gaélico y algunos más que sirvieron de base para fabricar obras literarias y artísticas como los famosos Beatos y ¡cómo no!, viendo el panorama geopolítico de la primera mitad del siglo IX y para llevar un poco de ánimo a la política astur más o menos cristiana, se intentó implicar al todopoderoso Carlomagno, en Aquisgrán, rey también peculiar y más grande que Alfonso que se dedicaba a juntar territorios cristianizados por todo lo que era la Europa del momento y ¡vaya coincidencia!, ese rey tenía otro consejero político religioso y mediático de cuyo nombre nos acordamos: Alcuino de York, para más bien conocido por nuestro beato de Liébana. Habría que matizar aquí para nacionalistas y otros acérrimos que en aquél entonces los territorios no estaban señalizados y demarcados como hogaño, si acaso una fitu para ver en qué tierra pisabas y de qué tribu eras, cuál era tu dominus o mismamente quién tu rey.

Volvamos entonces a la pareja Alfonso II-Beato. El incipiente reino astur estaba seriamente comprometido desde la invasión musulmana y cuando los sarracenos no andaban a la risca entre ellos se dedicaban a asaltar estos pagos del norte cantábrico. En su premura por la necesidad de neutralizar una posible vuelta del islam a esta zona, a Beato, al que suponemos con información en sus archivos, se le ocurrió la idea de que se podía atraer la atención de Carlomagno, muy ocupado en grandes asuntos como para hacer caso a unos desesperados que no aportaban mucho para sus ambiciones. La idea de Beato era, con el contento de Alfonso, a sabiendas de cómo Carlomagno y el Papa de Roma estaban al asunto de aumentar la clientela, ofrecer a al neoemperador un buen botín religioso para sus cristianos intereses, a través de los buenos contactos ente la Iglesia —¿lo ven?—, Alcuino de York y Beato de Liébana. La historia que promocionaron era la de que en la zona del obispado de Padrón en aquellos años (s. IX) y en un lugar llamado Campus Stelae se estaban produciendo fenómenos lumínicos; ¿dónde...? pues como encima de un enterramiento, de una tumba que llevaba mucho tiempo allí y al que la gente acudía en masa a tocar a pedra, para la cosa de la salud y la suerte y...¿de quién era la tumba? Aquí está el quid de la cuestión ¡Ah Beato! No quisiste decir que la tumba pertenecía a un druida-obispo, decapitado a finales del siglo IV por el emperador romano en Tréveris, fue por hereje, o sea por vivir una religión de una forma decente y además tener mucha parroquia que es lo más imperdonable. Pero esa ya es otra historia.