El desarme

OPINIÓN

Izado de la bandera palestina en la sede central de la ONU, en Ginebra (Suiza).
Izado de la bandera palestina en la sede central de la ONU, en Ginebra (Suiza). FABRICE COFFRINI | AFP

17 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Puede que una de las mayores controversias de la humanidad sea desear la paz mientras tolera las guerras. Hay quien piensa que una de las causas de la existencia de los múltiples conflictos bélicos que el mundo albergó, alberga y albergará no tienen tanto que ver con las hostilidades entre dos o más países, sino que hay todo un entramado económico deseoso de realizar negocio (y no solamente me refiero a la industria armamentística, sino también de aquellos que sacan tajada de la reconstrucción de una zona devastada).

Lamentablemente ni la Sociedad de Naciones ni la ONU han conseguido poner fin a los enfrentamientos entre los pueblos (según el ‘Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala’, en 2024 se registró el mayor número de conflictos armados [desde que comenzaron a contabilizarse en 1946] con un total de 59 activos). Solamente se me ocurre poner como ejemplo de excepción a la Unión Europea, que sí ha resultado ser una fórmula de éxito para poner freno a la larga y triste historia de destrucción de vidas humanas y de cuantiosos bienes materiales.

Nos guste más o menos, vivimos en un mundo poco pacífico, desigual y muy inestable, y no parece que de cara al futuro vaya a ir mejor. Nos puede saber a poco o nos puede parecer totalmente insuficiente que se den pasos tímidos y frágiles, como por ejemplo el acuerdo de alto al fuego que ha empezado a regir desde hace unos días en Oriente Próximo (a propuesta de Donald Trump, que en Egipto y para vanagloria suya se convirtió en el centro del evento), pero la alternativa sería tener carta blanca sin posibilidad de parar el genocidio.

El plan ha servido para que Hamas haya liberado por fin a los rehenes (veinte de ellos están vivos tras dos años de cautiverio), algo importante porque quienes han justificado los ataques de Israel (liberaron a casi 2.000 presos palestinos) consideraban que cuando ese momento llegase finalizaría la ofensiva militar (pero no ha sido así porque el ejército hebreo mató, que se sepa, a seis personas que se encontraban en las cercanías de la llamada ‘línea amarilla’). Por ahora no se ha puesto fin a los bloqueos a la entrega de ayuda humanitaria, permanece el impedimento de recibir un tratamiento médico urgente a más de quince mil gazatíes (en los cálculos que ha hecho la OMS) y, no menos importante, es tan severa la ruina en la que se encuentran muchos edificios en Gaza que es imposible que en ese ambiente se restablezca una mínima normalidad. Así que la paz pende de un hilo, y más si Hamas rechaza la exigencia de aceptar un desarme y abrir una nueva etapa política en la franja.

Entre 2015 y 2019, siendo representante municipal en el Consejo Escolar del Colegio Público Carmen Ruiz-Tilve de La Corredoria, tuve el placer y el honor de pertenecer al jurado del Premio por la Paz (que anualmente concede este centro a diferentes personas y entidades). Esa es toda mi experiencia en este campo, así que no tengo ni idea ni de los criterios ni las dinámicas de galardones más conocidos, como lo son el Nobel (en el caso del de la paz se sospecha que la concesión a María Corina Machado responde más a los intentos de acallar a Donald Trump que a valorar a la propia gratificada) u otros mediáticos como el Premio Planeta (es un rumor extendido que la editorial que lo organiza no valora la calidad de la obra, sino que selecciona aquella que tenga garantías de convertirse en un éxito de ventas, y parece que la escrita por Juan del Val cumplirá ese requisito gracias a una importante promoción en Atresmedia [de la cual es accionista]), pero es cierto que desde fuera es complicado de entender determinadas decisiones.

En otros casos es hasta extraño que hayan tardado tanto en lograr una distinción, como el Desarme, la celebración gastronómica más antigua de España y que en este 2025 ha conseguido el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Aunque el próximo domingo 19 será la fecha central, ha sido todo un acierto extender a más días (y no solamente en Oviedo/Uviéu, sino también en otros lugares) la posibilidad de comer en familia o con amistades los garbanzos con bacalao, los callos con sus patatinas, las casadiellas y el arroz con leche. ¡Buen provecho!