¿Por qué este número que indica una fecha y un periodo temporal? La verdad es que habría que buscar un hito en el tiempo para poder preguntarnos cuándo se empezó a fastidiar «todo» y cuando digo todo quiero decir la mayoría de los asuntos que hoy nos llevan por la calle de la amargura. En la primera fecha de 1980 casi podríamos decir que, oficialmente, se empezó a deteriorar el capitalismo hasta su muerte por éxito en los años previos al 2025 en que vivimos perplejos entre la incertidumbre y el miedo.
Hoy estaríamos, pues, casi en un post mortem capitalístico o cuando menos en una catarsis brutal de este. El capitalismo existió, diríamos, desde siempre, bajo formas que los sesudos historiadores (soy historiador) clasificaron de diversas maneras en la escala de la dominación económica: esclavismo, feudalismo, sí feudalismo, porque fue y será, si los dioses no nos libran, una forma de explotación económica equiparable al esclavismo en la que todos los beneficios se los quedaba un dominus. De ahí ya pasamos a un mercantilismo, más moderno, en el que los beneficios estaban un poco más repartidos y un tanto más tarde al liberalismo al que todavía nombramos pero como aquel que invoca a un fantasma. El siglo XIX fue el siglo donde el fenómeno capitalista contemporáneo se extendió mundialmente, arrastrando consigo otros fenómenos ya conocidos derivados todos de la explotación del hombre por el hombre; el esclavismo, el colonialismo, la miseria del proletariado, fábrica de parias, y un montón de «ismos» más todos ya conocidos con los iguales u otros nombres y adjetivos.
También en ese siglo aparecieron algunos contrapesos al abuso humano como el socialismo y el anarquismo, inviable mientras no evolucionemos más como seres éticos. Ya en el siglo XX apareció el comunismo, una variante hija del socialismo que no trajo consigo la igualdad económica —y otras— de los hombres, acabando por degenerar en una nueva forma de opresión de la libertad y de las ideas, a lo que habría que añadir también la corrupción de sus gerifaltes allá donde arraigó arrastrando con ella un deplorable reparto de los recursos y de los escasos beneficios que provocó la dictadura del proletariado. Las guerras denominadas Primera y Segunda, como guerras anteriores y posteriores vinieron de la mano del capitalismo y sus contrapesos que remolcaron, entre otros, apéndices colonialistas los cuales incitaron a los grandes inversores y a sus lacayos burgueses a comerse el pastel del vecino enviando a los pobres a convertirse en carne picada en unos campos de batalla inundados de carne, de sangre joven y socialmente desdichada, en general.
La II Guerra Mundial fue lógica ?Keynes vio y vaticinó antes las consecuencias de la I GM?; las clases empobrecidas por el capitalismo degenerado —dudo en que pueda ser un oxímoron—, por la guerra y sus consecuencias trajeron hijos nuevos: los fascismos y el comunismo, hijo putativo del socialismo, a los brazos de los cuales se arrojó un vulgo empobrecido, aún más, y hambriento. El resultado de medio siglo de carnicería humana llevó a algunos iluminados, con el permiso de los plutócratas quizás un poco soliviantados por sus hazañas bélicas, a refundar el capitalismo siempre bajo la vigilancia del gran capital y con un miedo burgués descomunal hacia el comunismo internacional. Afirmaríamos aquí que ese miedo al comunismo y a sus heraldos siempre según la visión del capital, permitieron que en lo que llamamos Occidente o sea Europa y los países que hoy llamamos Primer Mundo —un término que hoy deberíamos revisar—, se vivieran unos treinta años, aproximadamente, de respeto forzado por el miedo plutocrático a las clases pobres, miedo que llevó a mejoras económicas de los occidentales y a la aparición de la implementación de medidas que protegieron los derechos, la vida y el trabajo de los pobres.
Aquí deberíamos hacer un pequeño inciso para resaltar cómo los Estados Unidos de la posguerra, al contrario que hoy, supieron leer muy bien que la colaboración económica sería muy buena para ellos «prestando» un dineral que habrían de cobrarse muy bien hasta hoy en que la desmesura o la locura ¿premeditada?, aliadas con una brutal y jaleada codicia amenazan con poner fin a la prosperidad y al respeto de los derechos que nos alejan de las peores alimañas del ser humano: los propios hombres usando su brillante inteligencia para convertirse en animales depravados y absolutamente brutales. Algunos historiadores y economistas dicen que la llegada de Thatcher y Reagan sí puede ser simbólica de un cambio mundial ahora vemos que para mal con la aplicación de lo que dimos en llamar neoliberalismo, que no es otro que la vuelta a la pérdida de los derechos y de la protección de los pobres. Otros investigadores del tema señalan que esto viene de atrás: que eso, la tendencia salvaje del capitalismo, siempre estuvo latiendo con fuerza y que en realidad fueron el presidente Nixon y sus pares del capital quienes abrieron la espita hacia el declive mundial de la prosperidad, la breve bonanza y el respeto a los trabajadores, dentro del capitalismo, en toda la historia.
Sea como fuere la vuelta a las andadas y la voladura controlada en época de Nixon, «otro(s) llegará(n) que bueno te hará» añadimos ahora, es un anuncio de lo que vino con él: la, ahora sí, refundación capitalista en la época de la sombría pareja Thatcher/Reagan cuya consecuencia fue la caída del comunismo que en realidad se derrotó solo y que sirvió mientras duró, de espantajo para ahuyentar los peores vicios de la explotación económica, pese a lo que nos contó el «listo útil» de Fukuyama. Occidente vivió un periodo dorado para el trabajador, eso sí gracias al miedo capitalista al comunismo, pero ningún trabajador occidental hubiera querido vivir en un país comunista en esa época cuyos restos el mundo capitalista, que nunca se marchó, recogió y los vendió como souvenirs. Nunca abandonamos el capitalismo que bajo diversas formas y apelativos para suavizarse ante la gente siguió y sigue ahí, penetrando y absorbiendo cualquier actividad humana. Quisiera disculparme ante lectores más jóvenes que yo por lo que voy a recordar con una memoria que, como casi siempre, habría igual que tamizar; Teacher, la hija del tendero, y Reagan, actor secundario y serie b en la vida real, inauguraron oficialmente una época que machacó y alienó a las nuevas generaciones nacidas desde esa fecha, incluso antes, con el mitificado, aún más, capitalismo salvaje que igual pueda ser un oxímoron, cuya envoltura de caramelo envenenado dio en llamarse neoliberalismo.
Consumado el engaño todo vino a velocidad de la luz con internet como difusor de propaganda masiva e instantánea. La tecnología fue mejorando en su plano mecánico, pero empeorando su lado oscuro; la IA, otras fábulas y exageraciones que nos entretienen y solemos utilizar de forma acrítica van perfeccionando su maquinaria y, desgraciadamente, se usan para el mal. Así poco a poco, y perdiendo mucha memoria, visión y toma de distancia sobre lo que nos venden hoy insistimos en llamar fascismo a lo que es una inmensa brutalidad capitalista que se ha quitado su máscara, una vez más en la historia, y que atrae a las masas de desesperados a su propia perdición y a la de todos. Además viene con más peligro que en los años 20 y 30 del siglo XX, época que comparamos con la que vivimos hoy.
Comentarios