Llegó el otoño y continúa la confusión política

OPINIÓN

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, participó ayer en la precampaña electoral de los socialistas en Castilla y León.
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, participó ayer en la precampaña electoral de los socialistas en Castilla y León. Javier Casares | EFE

29 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Junts ha decidido otorgarle solemnidad a su ruptura con el PSOE y el gobierno. Provoca cierta perplejidad el teatro organizado por el señor Puigdemont para dar por roto algo que no existía, nunca se firmó un pacto de legislatura, o unas conversaciones en Suiza que ya a nadie le importaban. Escribía en la tarde del lunes Lola García en La Vanguardia que el motivo fundamental de la representación teatral es que el partido independentista conservador catalán teme un adelanto de las elecciones y no quiere acudir a ellas de la mano de Pedro Sánchez y los socialistas. Realmente, les está haciendo un favor, nada le hace más daño al PSOE que la compañía de Junts. El mejor consejo que se les puede dar a los socialistas es que no se excedan tendiéndoles la mano para que se la muerdan en público, no da muy buena imagen.

Junts ya había anunciado que no apoyaría los presupuestos generales del Estado, en ese aspecto no cambian mucho las cosas. La principal novedad sería que en vez de votar con frecuencia contra el gobierno en el congreso lo haga siempre, lo que, sin duda, haría todavía más difícil la gestión del ejecutivo, pero es dudoso que tenga un apoyo unánime de su electorado. Es algo que se ha convertido en habitual, pero insano y difícil de explicar, que los partidos rechacen sistemáticamente las propuestas del adversario, aunque sean positivas para la ciudadanía y no contravengan su ideología.

Lo que resulta muy improbable es que acuerde una moción de censura con el PP. Soltar la mano del PSOE para dársela a los de Núñez Feijoo, con el inevitable apoyo de Vox, sí que sería inaceptable para sus votantes. Tampoco tendría mucho sentido que apoyase a un candidato independiente para formar un gobierno que convocase elecciones en un corto periodo de tiempo. Lo más probable es que de ellas saliese una mayoría conservadora en la que el nacionalismo español de Vox sería imprescindible. Los independentistas catalanes estarán descontentos con lo conseguido hasta ahora, pero deberían estarlo mucho más con lo que perderían. Lo más probable es que si facilitan el triunfo de las derechas en España lo paguen en Cataluña.

Así las cosas, si Pedro Sánchez pretende continuar gobernando será sin presupuestos y con muy pocas posibilidades de que se apruebe alguna ley o decreto ley en el parlamento. Los funcionarios todavía no han visto subir sus sueldos este año, otro más en el que perderán poder adquisitivo. Son varios millones de familias que no estarán muy satisfechas. La subida de los precios de los alimentos no se ha detenido. El problema de la vivienda continúa. El escándalo que implica a los señores Ábalos, Cerdán, Koldo García y Aldama está algo adormecido, pero vivo, como el de Leire Díez. El Fiscal General del Estado debería ser absuelto, aunque solo sea por falta de pruebas, y quizá lo sea con una sentencia que incluya una reprimenda que permita desahogarse a los conservadores magistrados del Supremo, lo que daría algo de aire al gobierno, pero en este país la justicia tiene gran creatividad y siempre es capaz de sorprender El caso del hermano del presidente es un asunto menor, pero, si es condenado, le hará daño. Lo que lleva el señor Peinado seguirá vivo el mayor tiempo posible. No se percibe cómo las cosas pueden mejorar para el PSOE y el gobierno, y para Sumar por añadidura, con el mero paso del tiempo, es más fácil que empeoren. La oposición «tercer periodo» de Podemos tampoco mejorará su situación, ni la del conjunto de las izquierdas, deberían repasar la historia.

Es cierto que, en medio de esta etapa de confusión política, Pedro Sánchez y las izquierdas cuentan con un elemento que atenúa sus desgracias: no puede haber peor forma de ejercer la oposición que la que practica el Partido Popular de Núñez Feijoo. Incapaz de hacer frente a las crisis o de asumir sus errores, entregado a vaivenes que hacen olvidar los del presidente del gobierno, unido a Vox en algunas comunidades autónomas y enfrentado en otras, volcado en la agresividad verbal y los chascarrillos estúpidos más que en hacer propuestas interesantes, ha conseguido incluso descender en las encuestas. Tiene mérito. Que, incluso con mayoría absoluta, en el ayuntamiento y la comunidad de Madrid adopte posiciones de extrema derecha inspira poquísima confianza. La contrapartida es que crece el apoyo a Vox, que se limita a ver y esperar. Indudablemente, eso favorece a las izquierdas. Son muchos los que, les guste o les disguste lo que hacen el gobierno y los partidos de esa tendencia, prefieren que continúen en el poder hasta el final de la legislatura y volverán a votarlos con tal de evitar que los agresivos neofranquistas, ultracentralistas, autoritarios, machistas y xenófobos puedan participar en el gobierno o condicionarlo.

La presidenta de Extremadura anunció en la tarde del lunes que adelanta al 21 de diciembre las elecciones. Es un terreno de juego favorable para el PP. El PSOE cuenta con un líder en entredicho tras sus maniobras para no ser encausado en el caso del contrato del hermano del presidente del gobierno y sus mazonianas explicaciones posteriores. Vox queda ante la opinión pública como el causante del adelanto electoral tras rechazar en dos ocasiones el pacto sobre los presupuestos. Hay que esperar al resultado de las elecciones, pero el muy necesitado Núñez Feijoo verá reforzada su posición si Guardiola obtiene mayoría absoluta.

El analista describirá con más o menos acierto la realidad, pero suele ser difícil que pueda hacer pronósticos con éxito, Argentina acaba de demostrarlo. No se puede augurar si las elecciones están próximas o lejanas, tampoco quién las ganará, o las perderá. Da la impresión de que, más que con entusiasmo, buena parte del electorado votará en las próximas generales por lo que menos rechazo le produzca. Tampoco se puede asegurar que la actualidad no traiga sorpresas, en casa o en el exterior, que den la vuelta al panorama.