Ayer, mientras desayunaba en una cafetería de Oviedo/Uviéu, una señora le pidió a uno de los camareros que cambiase la cadena de televisión que estaba puesta porque no quería ver la comparecencia de Pedro Sánchez en la comisión de investigación del llamado «caso Koldo» en el Senado. Entiendo que cada uno tenga sus preferencias y es más que evidente que una amplia parte de la población no invierte su tiempo en seguir en directo, por ejemplo, un pleno de una asamblea legislativa o de un ayuntamiento. Yo reconozco que, como bicho raro que soy, sí que me gusta todo lo que rodea a la política, así que sí que veo frecuentemente diferentes sesiones plenarias. También es verdad que hay una numerosísima cantidad de personas que sí están interesadas en informarse, pero para ello deben recurrir a, al menos, un medio de comunicación (y en los últimos tiempos, también, a los agitadores en redes sociales). Es verdad que nos hemos acostumbrado a seguir las tertulias políticas (hasta tal punto que en algunas ocasiones parecen estar destinadas a sustituir a los propios parlamentos), las cuales obtienen buenos índices de audiencia. Puede que haya estructuras y órganos, como lo son por ejemplo las comisiones de investigación, que quizás tuvieron su sentido cuando se incluyeron en los reglamentos como una forma efectiva de recabar información, pero con el avance de los tiempos han quedado anticuadas y muy poco útiles (ni tan siquiera están sirviendo como mera acumulación de datos para utilizar en algún momento, porque la actualidad acaba yendo por otros derroteros no programados). Las mentes pensantes que vieron una buena idea que Pedro Sánchez compareciera en el Senado no dieron en el clavo, a menos que su único objetivo sea hacer ruido y mezclar churras con merinas (están a la desesperada a ver cómo prueban una «gurtel del PSOE» cuando no existe ninguna prueba de financiación ilegal).
La única noticia nueva a destacar de ayer es que el Presidente del Gobierno usa gafas para leer de cerca. Por otra parte, la fecha ha coincidido con el primer aniversario de la dana de Valencia/València. Las duras palabras pronunciadas por los familiares y amistades de las víctimas en el funeral de Estado contra Carlos Mazón durante el Funeral de Estado deberían servirle a Alberto Núñez Feijóo para dejar de blanquear y apoyar al (lamentablemente todavía) President de la Generalitat (tiene de precedente a Mariano Rajoy cuando le enseñó la puerta de salida a Francisco Camps ante las acusaciones de corrupción a las que se enfrentaba). Veremos si el lunes, ante la declaración de la periodista Maribel Vilaplana en el juzgado de Catarroja, es posible que reluzca toda la verdad (porque Carlos Mazón ha cambiado hasta ocho veces la versión oficial). Cómo será de grave todo que ha conseguido eclipsar cualquier otro asunto por importante que sea, como que el rey emérito, que está estos días por España, no ha levantado ninguna ampolla ni apenas comentarios sobre la difusión de algunos fragmentos de sus polémicas memorias.
Ante la convocatoria de elecciones en Extremadura para el 21 de diciembre, hay quien ve una jugada arriesgada por parte de María Guardiola. Seguramente vaya a ser la vencedora de las elecciones en una tierra que ha sido siempre un feudo socialista, pero lo que no está tan claro es que obtenga la mayoría absoluta, así que por criterios aritméticos podría ahorrarse este proceso (su justificación para adelantar los comicios es que no puede aprobar los presupuestos ante la falta de acuerdo con Vox y el bloqueo de la izquierda). Hay una tendencia a la que parece que nos hemos acostumbrado en los últimos años y que creo que no debería generalizarse. Me refiero a que hay ya varios casos de legislaturas que no se completan y a que se hace más habitual de lo debido que las administraciones funcionen con presupuestos prorrogados de años anteriores (es verdad que afortunadamente no ocurre lo mismo que con Estados Unidos con los llamados government shutdown o cierres de gobierno). Quizás a lo que no nos hemos habituado es a entender que la fragmentación política que emana del voto popular requiere de mucho diálogo y de cesiones por todas las partes (y aquí es verdad que me gustaría que se aplicase siempre un «cordón sanitario» a la ultraderecha) para alcanzar acuerdos. Nos deberíamos exigir, en general, más altura de miras.
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