Después de la debacle electoral de Kamala Harris (en gran parte por haber estirado hasta el final la posibilidad de que Joe Biden optara a un nuevo mandato), las y los demócratas no se las veían tan felices hasta la irrupción de Zohran Mamdani, que por lo menos para mí era un total desconocido hasta el pasado martes (y, por lo que ha trascendido, compró en 2012 una acción del Real Oviedo, así que a ver si le vemos algún día por el Carlos Tartiere). Mi enhorabuena por haber ganado las elecciones locales en Nueva York y mi deseo de que su paso por el ayuntamiento de la ciudad sirva para convencer al pueblo norteamericano de que hay otra alternativa política viable a la que aplica Donald Trump. La verdad es que tiene por delante una tarea muy complicada, y no lo digo solamente por el previsible enfrentamiento con el inquilino de la Casa Blanca. Nueva York en estos momentos es la urbe más rica de Estados Unidos, pero a la vez es donde peor se vive. Al igual que está ocurriendo en España, el mayor problema de las y los neoyorkinos es que los alquileres de los pisos están por las nubes, lo que provoca que una parte significativa de sus habitantes no puedan cubrir sus necesidades más básicas. La empatía de este chico de 34 años con la principal preocupación de la mayoría social le ha permitido alcanzar el bastón de mando municipal. Espero que le salga bien sus planes y que lo más terrorífico que le suceda sea celebrar Halloween, que aprovecho para decir que por causas que desconozco en España ha sido este año muy celebrado (en Asturias/Asturies, lamentablemente, se ignora la ‘nueche d’ánimes’ que encajaría más en nuestra cultura).
Si quien me conoce me tuviera que describir en una palabra podría decir que, por mi carácter, soy muy tranquilo, pero el pasado lunes me sobrepasó la intervención de Carlos Mazón. Yo no tengo ni familiares ni amistades afectados por la dana de Valencia/València, pero todo tiene un límite. El cabreo y la indignación que sentí después de sus veinte minutos de comparecencia fue estratosférico. El discurso fue acorde a su estilo de no haberse enterado de nada. Desde hace un año no ha sabido estar, pero tampoco ha sido decente para saber irse. No pudieron ser más infames sus palabras (al mismo nivel de una mala persona que es incapaz de reconocer una negligencia). Lo grave para mí no es tanto donde estaba (en el restaurante El Ventorro), sino donde no estaba (en el CECOPI tomando las decisiones oportunas), y lejos de mostrar un mínimo arrepentimiento, la parte central de su mensaje la basó en victimizarse (pasando muy por alto que la riada se cobró 229 vidas). Me puedo llegar a creer que la culpa no es exclusivamente suya, porque viendo lo que le rodea (horas antes del funeral de Estado celebrado de hace una semana, unos 160 cargos del PP valenciano le arroparon en una declaración institucional para el autobombo con un largo y sonoro aplauso) puede que viva en una burbuja que le confunda. No sé muy bien si hay que celebrar o no el paso (obligado) que ha dado, porque parece que volvemos a la época del diferido con la que se refería María Dolores de Cospedal sobre la finalización como tesorero del partido de Luis Bárcenas. Aunque ha renunciado al cargo por escrito, en estos momentos es el President en funciones (por tanto sigue cobrando su sueldo), permanece siendo diputado (con lo cual mantiene el aforamiento que le permite librarse de una imputación segura por parte de la jueza instructora de Catarroja) y se mantiene como máximo dirigente de su formación política en el País Valenciano (habrá que ver si se coge unas «bajaciones». Se supone que las bajas laborales las tramitan los profesionales de la salud, no uno mismo para burlar el absentismo a su puesto de trabajo). Se prevé que vaya a haber una encarnecida lucha de poder tanto interna (su sustituto solamente puede ser un actual síndic [diputado o diputada] en Les Corts [parlamento valenciano]) como externa (Vox buscará sacar el mayor rédito posible en la negociación). Si no se resuelve en próximas fechas, podría acarrear un adelanto electoral para marzo de 2026 (algo que la oposición pide a gritos que se celebren ya). Sobrecoge que Alberto Núñez Feijóo nunca le haya exigido a su barón valenciano que explicara públicamente qué estuvo haciendo aquel fatídico día (permitió que cambiara de versión hasta en ocho ocasiones y le protegió hasta que presenció en vivo y en directo las críticas realizadas en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia/València), pero da todavía más asco y pudor a las señorías en el Congreso del PP nacional que están despreciando a quienes piden justicia, verdad y reparación en la comisión de investigación. Es lamentable que quienes luchan por la memoria de las personas que fallecieron en la dana no hayan recibido una mínima señal de apoyo de la derecha (están repitiendo el mismo patrón de otros casos anteriores que fueron muy incómodos y críticos con su gestión, como el 11-M). Ya no es que no les hagan caso, es que ni tan siquiera muestran la empatía que una crisis así exige, aunque solamente fuera por humanidad.
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