«Quien contamina, paga» es la lógica, por lo tanto, y ante la falta de un reciclaje real, las tasas de basura se incrementan en cada ayuntamiento como resultado de las normativas de la Unión Europea en este ámbito. Una familia que pagaba unos 50 euros pasará pagar en 2026 tres veces más. La cuestión se aprueba municipio a municipio, por lo que en cada uno hay posibles deducciones y fórmulas que pueden bajar el coste total, pero que en ningún caso frenan la subida. Parece lógico: no se ha reciclado y ahora toca pagar por la gestión de toda esa basura que producimos.
Recogida, transporte, tratamiento de residuos, vertederos: todo un negocio en manos de entidades públicas como Cogersa en Asturias o Sogama en Galicia, pero donde los intereses y beneficios privados juegan un gran papel, sea o no pública la recogida de la basura en cada municipio. El tema se convierte en noticia principalmente en grandes ciudades como Madrid o en localidades como Cangas del Morrazo, epicentro hace unas semanas de las protestas (por cierto, localidad donde resido). Pero sea cual sea el color político del ayuntamiento, ya sea el PP de Madrid o el tripartito de Cangas (BNG, PSOE, IU), el precio sube bajo la justificación de cubrir el gasto del servicio. A pesar de la también habitual queja vecinal sobre la falta de calidad en el servicio de basura.
El objetivo realmente de apoyo al medio ambiente y un futuro para la humanidad no es realmente el reciclaje. En mi villa natal, Noreña, se presume de un banco realizado con cápsulas de café desechadas. La cuestión es no producir basura, que el consumo no conlleve tener que movilizar recursos y costes energéticos en esa basura que podría no generarse de forma sencilla. Si la gente en casa tomara café de pota, no habría cápsulas de costoso aluminio y de plástico. Y hablando de plástico, ¿por qué todo tiene que venir en plástico y no en papel o en envases de doble uso? La respuesta es sencilla: porque el coste para las empresas es menor. Si algo va envuelto en plástico, te ahorras los trabajadores del supermercado que deberían cortarlo, pesarlo y envolverlo en papel. Ellos obtienen un beneficio, pero generan una contaminación, y después nosotros pagamos el coste del reciclaje.
¿Quién produce la basura?. ¿De dónde viene esta genialidad de que las empresas dejaron de asumir su responsabilidad y nos la trasladaron a los consumidores?. Hay un hito, un anuncio de 1971 «Keep America Beautiful» (Mantén América Hermosa). Es considerado por la entidad HOPE!, el anuncio más perverso de la historia. En él, un indio americano recorre el país y llora por la contaminación, la idea es “la gente empezó la contaminación, la gente puede pararla”. El anuncio surgió de una ONG, supuestamente medioambiental, creada por multinacionales para cambiar el sistema de recogida y limpieza. De esta forma, en EEUU se pasó de envases de refrescos que las empresas recogían y reutilizaban, a envases de plástico que se acababan tirando tras usarlos. La responsabilidad es tuya, del ciudadano del consumidor no de las empresas. Las multinacionales ganaron millones y la basura inundó el mundo, no por su responsabilidad, sino por la nuestra. Así de perverso.
Pero vayamos a la cuestión de fondo: ¿quién produce la basura? Parece fácil: la gente, cada día. Pero realmente, la gran industria, las grandes superficies, aprovechan legislaciones que les permiten seguir apostando por envases baratos de un solo uso, mientras que nosotros nos cobran la bolsa de basura. ¿Y cuánto pagan ellos por la basura? Voy a poner el ejemplo de Cangas del Morrazo, donde un supermercado puede pasar de pagar 400 euros en 2025 a pagar más de 2.000 en 2026. Parece mucho, pero no es nada dentro del total y dentro de que ellos son el epicentro de la producción de esa basura. Pero vamos a poner otro ejemplo aún más claro: Amazon. Cada día, los contenedores se llenan de cartón de los paquetes de Amazon, pero realmente esas empresas no pagan ni un euro a los municipios por la recogida de basura, a no ser en municipios como Siero donde tienen sus instalaciones. Compramos barato y luego seguimos pagando dos veces.
Todo lo expuesto anteriormente es un planteamiento anticapitalista, o mejor dicho, de buena gestión frente al derroche actual. Pero la cuestión va más allá. El futuro del planeta no se puede permitir mantener un sistema de consumo, de comprar y tirar, que genera contaminación. El futuro de la humanidad está en juego, mientras se aprueban leyes, tratados internacionales y se nos anima a reciclar como si esa fuera la solución real al problema. Y no lo es.
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