Eleanor Rigby está podrida por dentro

OPINIÓN

Obra de Caliq seleccionada por la Federación Europea de Fotógrafos en la categoría de Ilustración. El artista ovetense muestra la soledad con la que puede llegar a convivir el ser humano
Obra de Caliq seleccionada por la Federación Europea de Fotógrafos en la categoría de Ilustración. El artista ovetense muestra la soledad con la que puede llegar a convivir el ser humano Caliq

13 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En su ensayo «Una biografía de la soledad», Fay Bound Alberti, profesora de Historia Moderna en la Universidad de Nueva York, dice que según The Economist, la soledad se ha convertido en un equivalente moral de la lepra. Las personas solitarias generan rechazo, lo que incide todavía más en esa soledad o en la sensación de soledad. Ese rechazo se transforma en abierta hostilidad cuando alguien se pone a hablar de un asunto tan delicado que incide en la salud mental y física de miles de personas y está relacionado con enfermedades de todo tipo. Como me comentó una amiga bióloga hace años, la soledad te va matando poco a poco. No, no es una manera de hablar, ni una ocurrencia. Es un hecho bien conocido.

Nadie medio decente se pondría a despotricar contra los diabéticos y a decirles que se busquen la vida si no logran reunir dinero para pagarse la insulina. Nadie, salvo Donald Trump. Por lo general, somos empáticos con quien sufre, pero esto no ocurre con la soledad no deseada. En el mejor de los casos, la respuesta es la indiferencia. En otros, se atribuye a quien sufre la situación una culpa, una letra escarlata y se le juzga moralmente. Se habla con desprecio de esas personas, casi nunca a la cara, pues la lepra emocional impide que ese desprecio sea expresado directamente frente a quien sufre la situación y, además, suele quedar feo y todo ese virtuosismo moral superior se puede tambalear. Mencionar siquiera el tema como un problema social, económico y de salud, es imposible sin recibir insultos y sin que se les supongan a todas y cada una de esas personas solitarias la cualidad de estar podridas por dentro.

En España nos jactamos con frecuencia de una superioridad moral con países más al norte, lo que denota una cantidad ingente de complejos, según la cual, somos un país amigable donde la socialización y lo común son ejes fundamentales de nuestra forma de vivir, no como esos sucios y salvajes habitantes del norte. El problema con eso es que directamente excluye a quienes no han logrado pertenecer de alguna manera a esa alegría típicamente mediterránea, pues su mera existencia pone en duda toda esa falsa alegría genética y cultural y esa falsa creencia sobre nuestra forma de ser.

En España nadie se pregunta de dónde viene toda la gente solitaria, nadie se pregunta de dónde es. En España, más bien, la gente piensa que Eleanor Rigby es un monstruo podrido por dentro que está en la situación que se merece y que tiene que espabilar ante un problema que es suyo, como si no lo supiera, como si no pudiera ver el desprecio que despierta la mera mención a un problema extendido que directamente pone en duda todo un sistema de valores jactanciosos y no tuviera que cargar con todo ello. Estamos muy metidos en el ruido y el baile como para detenernos un poco a pensar en quienes no están metidos ahí. España es diferente, sí, y eso a veces es un castigo más que un orgullo. Aquí, las personas solitarias no vienen de ningún sitio. Se lo han buscado. Son malas. Recogen lo que siembran, sea lo que sea eso.