Una de las más célebres citas del psicoanalista Sigmund Freud fue que no existen las coincidencias (su reflexión se refería más bien a los fortuitos encuentros entre dos personas). Más cercano a nuestro tiempo estuvo aquella petición de José María Aznar de que «el que pueda hacer, que haga» (sí es verdad que las apariencias han cambiado, porque hoy los levantamientos militares han quedado anticuados y es mucho más efectivo y atractivo agredir a las democracias desde dentro a través de la desinformación y la manipulación). Yo creo que no es no es baladí que en el cincuenta aniversario del fallecimiento del dictador Francisco Franco se hiciera público el fallo (la sentencia todavía no está redactada) que inhabilita en su cargo al Fiscal General del Estado (casualmente todas las personas que han tenido las agallas de enfrentarse a Isabel Díaz Ayuso han perdido la batalla [aunque estuvieran haciendo lo correcto]). Si a partir del 20 de noviembre de 1975 se luchó y se trabajó muy duro por romper con 36 años tan negros para la historia de España, ahora en 2025 lo que toca es defender no solamente todos los derechos conseguidos, sino hacer frente a todas las amenazas reaccionarias provenientes de determinados sectores con mucho poder. Esto no solamente está ocurriendo en España (lo hemos visto en los últimos años en diferentes países del mundo), pero lo que me sorprende es que va a un ritmo muy lento el compromiso que adquirió Pedro Sánchez (tras aquellos cinco días de reflexión) de impulsar la regeneración democrática (algo que cada día que pasa es más que evidente que es urgente tramitar). La confianza de la ciudadanía en las instituciones es imprescindible si queremos revertir tendencias nefastas en nuestro futuro. No subestimemos los resultados que apuntan muchas encuestas de que la población más joven (sobre todo los hombres) no solo no reniega del franquismo, sino que se siente representada por las ideas retrógradas de la ultraderecha.
El pasado fin de semana estuve en Madrid y me encontré con la sorpresa de que se celebraba en el Santiago Bernabéu un partido de fútbol americano (se enfrentaron el Miami Dolphins y el Washington Commanders). Había por las calles más céntricas un gran número de seguidores de ambos equipos (y eso evidentemente fue bueno para los hoteles, la hostelería y el comercio de la ciudad), pero lo que creo que hay que valorar muy bien es si patrocinar esta clase de eventos compensa o no socialmente, porque sin la aportación económica pública (3,3 millones de euros de la Comunidad y 1,8 millones del Ayuntamiento) no se hubiera celebrado el partido en España. Yo no tengo ningún interés por la NFL, pero al margen de mis gustos personales, lo que me sorprende es que haya españolas y españoles que renieguen de manifestaciones culturales que son propias (me dio mucha pena leer por redes sociales a varias personas mofarse de que en Bilbao/Bilbo saludasen en asturiano a la afición oviedista que había ido a San Mamés a ver al conjunto azul) y en cambio aplaudan y rindan pleitesía por otras foráneas que, además, el acceso tampoco está al alcance de todos los bolsillos (la entrada más barata no bajada de los cien euros).
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