Conquistadores y conquistados

OPINIÓN

Imagen del documental de Colón
Imagen del documental de Colón Story Producciones

03 dic 2025 . Actualizado a las 11:53 h.

En estos últimos años estamos asistiendo a una polémica, vamos a llamarla histórico-política, sobre la interacción de los reinos españoles en América y más en concreto sobre México que es el país que más dañado y ofendido se siente con lo que los extremeños y otros que allí llegaran primero hayan podido o dejado de poder hacer. La controversia no es menor y a veces -según los intereses políticos del momento mexicano- sale patente a luz con un matiz grande de agravio histórico, otras veces sigue ahí, latente, para cuando convenga.

En todo caso tiene que ver con el pulso ciudadano del país centroamericano y de sus élites criollas, podríamos juzgar. El asunto es muy viejo, tan viejo como el nacionalismo mexicano y también español, especialmente del nacionalismo centralista español, pero siempre aparece con fuerza renovada para soterrarse después como el Guadiana. Es un claro asunto de intereses nada inocentes.

La leyenda negra que aún vive en el mundo occidental -y el que esto escribe no es precisamente un nacionalista español- parece demasiado interesada y parcial como para resultar una fuente histórica fiel al conjunto de los hechos y sucesos, no es muy fiable. Claramente los españoles siguen apareciendo como los malos que destruyeron con gran escarnio y brutalidad la cultura mexicana y su capital Tenochtitlan, una cultura que en todo caso fue la autóctona y que, también por épocas y modas, suele aparecer como genuina, pura y hasta con un punto de idealización.

La cultura mexica-azteca se presenta en el otro extremo de muchas historiografías centroamericanas y también españolas como la indígena, la buena. Creer a pies juntillas en la Historia (del mundo) que llegó y sigue llegando hasta nosotros es casi un acto de fe. La historias de la Historia las contamos los humanos de modo tendencioso, en el caso de los «vencedores» de forma clara, y en el de los vencidos pasado un tiempo se suele reivindicar como un alegato victimario o de lista y revisión de agravios.

Curiosamente en otro cajón de la Historia todo el mundo está orgulloso de su pasado romano, bizantino, árabe y hasta anglosajón. Parece que las malas artes, la herencia envenenada, la brutalidad y el genocidio solo fue ibérico, de los descubridores colombinos, por casualidad.

Los anglos aunque contestados en algunos países y sectores en el siglo XX siguen siendo respetados por la cuenta que les trae a muchos; tienen, todavía, el poder económico, el prestigio racial, las armas y la diplomacia dura o blanda para que cualquier voz disidente no suene o lo haga de forma afónica. Hasta los indígenas norteamericanos, que aún sobreviven, usan la bandera de las barras y estrellas en sus desfiles rituales y llega a exhibirse en películas, documentales y anuncios.

Claro está que todo el mundo suele hacer astillas del árbol caído y hace ya mucho tiempo que el imperio español, si se quiere llamar así, cayó en tiempo que se cuenta por siglos. Mientras, el imperio norteamericano todavía rebuzna -lo digo por el tiempo más actual-.

Debemos aceptar y reconocer también que hasta la historia más fiel a la posible verdad, la más imparcial y sesudamente estudiada es susceptible de error en la mirada; de escoramiento a favor de alguien; de no contar con todos los elementos para un juicio ajustado y mucho menos exacto. Lo apuntado igual se hace cada vez más difícil cuando el tiempo se va alejando de nuestra mirada.

Incluso desde la misma etimología que empleamos en los nombres que utilizamos a lo largo del tiempo para definir y tratar de averiguar lo que allí, en México pero también en todo el sur de América. Así creemos que pudo ocurrir con algunos nombres y términos viciados de origen. El vocablo conquista proviene etimológicamente del latín ¡cómo no! Y su significado más probable o el que más vino a definir un hecho una situación fue y es el de «conseguir algo con esfuerzo».

Queda ambiguo, pero puede ser válido en el caso de un grupo social que consigue afianzarse y llegar a influir de manera determinante sobre un territorio que no es el suyo de origen. Por las buenas o por las malas, también por las dos y para bien o para mal y también para los dos. De similar origen, también latino, es la palabra provincia que significaba un territorio fuera de Roma que quedaba bajo la autoridad de un gobernador romano.

En el caso de austrias y borbones ese gobernador recibía el nombre de virrey. Pero pongamos cuidado en aquilatar con nuestros hermanos mexicanos que la situación cuando llegó allá Cortés, en busca de fortuna y gloria, los aztecas ya habían hecho algo muy parecido a lo que luego pudieran hacer los nuevos conquistadores, si no que se lo pregunten a los tlaxcaltecas, enemigos internos de los aztecas y a otros pueblos de la zona sometidos a veces de forma brutal por los habitantes de la laguna central.

De esta forma llegamos a la pregunta de quién llegó primero. Esa puede ser una cuestión de fondo, porque a brutos a los seres humanos no nos gana ningún otro animal. La teoría de la relatividad es universal y no solo es cuestión de física experimental.

De igual manera es bastante constatable que mientras los españoles acusados de violadores del territorio virgen, primigenio y lo mismo, por desgracia, de las mujeres indígenas, se amancebaban y casaban ¡sí! con las indígenas y daban el apellido español a su descendencia criolla. Por el contrario demasiados ingleses, principalmente, y muchos, quizás muchos de los anglos después de yacer con las indígenas, una práctica frecuente era el exterminio posterior al coito forzado, con lo cual la raza anglosajona prevalecía; o el olvido y abandono de la víctima. En cambio lo criollo y el mestizaje efectivo triunfó en todo el resto del continente americano no gobernado por los blancos más blancos, sino por los bigotudos y morenos barbudos ibéricos.

Esta polémica del genocidio español en América que se puede juzgar de artificial tiene su parte de verdad en aquellos que así piensan, lo mismo que tienen la otra parte de verdad los que opinan que fue un encuentro «civilizador». Cuidado que decimos «parte y parte de verdad» en unos y otros opinadores.

Al que esto escribe no le gusta el mundo tal como está y tal y como fue, mas espera que en el futuro los humanos dejemos de avasallar al vecino, así lo último que debería hacer un ser inteligente (humano) es mentirse a sí mismo, no aceptar los hechos como fueron y como son y buscar siempre el chivo expiatorio que ¡oh casualidad! suele ser el árbol, el gigante caído o alguien y algo en situación de debilidad. Es la solución más fácil para quedarse aliviados de un enorme peso de conciencia que como asturiano, español y europeo del siglo XXI no tengo, aunque abomino de todos los horrores cometidos por mi especie humana, y sí me parece que -sin acritud- puedan tener algunos primos míos criollos que hayan puesto su apellido español a los mexicanos de hoy en día. Por las buenas o por las malas. Yo no estuve allí, aunque siento mucho las barbaridades que otros, todos, hayan podido cometer.