Cuando quienes curan alzan la voz

OPINIÓN

Médicos durante la concentración del colectivo ante el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en Oviedo, este martes
Médicos durante la concentración del colectivo ante el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en Oviedo, este martes

13 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La huelga médica como defensa de la salud pública y del trabajo digno

La reciente convocatoria de huelga del colectivo médico en España no constituye un mero conflicto laboral sectorial, sino una interpelación directa al modelo de Estado social y democrático de Derecho que proclama nuestra Constitución. Cuando quienes sostienen el sistema sanitario elevan su voz de forma colectiva, no lo hacen únicamente por salarios o jornadas, sino por la preservación misma del derecho fundamental a la protección de la salud. En este contexto, apoyar sus reivindicaciones no es solo legítimo: es un deber cívico.

Porque si la sanidad es el corazón del Estado del Bienestar, los médicos son su pulso constante, y ningún corazón resiste sin cuidados.

1. Un conflicto que trasciende lo laboral

Las principales organizaciones médicas han impulsado esta movilización frente al borrador del nuevo Estatuto Marco del personal sanitario, al considerar que ignora las particularidades del ejercicio médico, diluye su singularidad profesional y consolida un modelo de sobrecarga estructural.

Las reivindicaciones esenciales pueden sintetizarse en cinco grandes ejes: Estatuto propio del personal médico. Clasificación profesional diferenciada. Regulación real de la jornada laboral. Guardias voluntarias, computables y justamente retribuidas. Reconocimiento de la penosidad, el riesgo y la alta responsabilidad del trabajo médico.

Estas exigencias no son nuevas, pero sí más urgentes que nunca. La pandemia de la COVID-19 dejó al descubierto con crudeza la fragilidad de un sistema sostenido por el sacrificio personal de los profesionales, muchas veces a costa de su propia salud física y mental.

2. El derecho al trabajo digno como fundamento jurídico

Desde una perspectiva estrictamente jurídica, las reivindicaciones del colectivo médico encuentran pleno encaje en el artículo 35 de la Constitución Española, que reconoce el derecho al trabajo en condiciones dignas y a una remuneración suficiente, así como en el artículo 40.2, que impone a los poderes públicos el deber de velar por la seguridad e higiene en el trabajo. Un médico que encadena jornadas interminables, guardias obligatorias de 24 horas, descansos insuficientes y una presión asistencial extrema no trabaja en condiciones de dignidad ni de seguridad. Y cuando el derecho laboral se erosiona, el derecho del paciente se resiente inevitablemente.

La jurisprudencia constitucional ha sido clara al señalar que la protección de la salud laboral del trabajador es inseparable de la calidad del servicio público que presta, especialmente cuando se trata de servicios esenciales. En sanidad, esta relación es directa, inmediata y vital.

3. Guardias, jornadas y agotamiento estructural

Uno de los núcleos más sensibles del conflicto es el régimen de guardias médicas. En muchos servicios, las guardias continúan siendo obligatorias, con escasa capacidad de elección, una retribución que no refleja la responsabilidad asumida y sin un cómputo efectivo a efectos de jubilación.

Desde el punto de vista jurídico-laboral, este modelo choca frontalmente con los principios de prevención de riesgos laborales, conciliación familiar y protección frente al estrés y el burnout, hoy considerados riesgos psicosociales reconocidos legalmente.

Un profesional agotado no es solo un trabajador vulnerado: es un sistema puesto en peligro. La medicina no se puede ejercer con cronómetro de resistencia humana, porque cada error que nace del agotamiento puede convertirse en una tragedia irreversible. 

4. Clasificación profesional y reconocimiento real

Los médicos reclaman una clasificación profesional que refleje su nivel de formación, especialización, responsabilidad y exigencia técnica. El encuadramiento genérico en el grupo A1 resulta claramente insuficiente para describir una profesión que requiere más de diez años de formación, una responsabilidad vital permanente y una actualización científica constante.

El principio de proporcionalidad retributiva —derivado del artículo 103 de la Constitución y de la doctrina del Tribunal Supremo— exige que a mayor responsabilidad y exigencia técnica corresponda un mayor reconocimiento económico y profesional. Lo contrario no solo es injusto: es estructuralmente disuasorio para las nuevas generaciones. 

5. Sanidad pública y sostenibilidad del sistema

Aquí es donde el conflicto trasciende definitivamente lo corporativo. La precarización estructural del personal médico está detrás de: La fuga de profesionales al extranjero. El incremento de las listas de espera. El colapso de la Atención Primaria. La deshumanización progresiva de la asistencia. La privatización encubierta por ineficiencia inducida.

Invertir en médicos no es un gasto: es una política de prevención masiva. Cada euro que se escatima en personal sanitario se acaba pagando multiplicado en enfermedad, dependencia y desigualdad.

Mejorar las condiciones de quienes curan mejora directamente la prevención, el diagnóstico precoz, la adherencia terapéutica, la calidad asistencial y, en definitiva, la salud colectiva. Y esto tiene un impacto económico, social y humano incuestionable.

6. Ciencia, dignidad y justicia social

Desde una concepción profundamente racional del progreso humano, la ciencia —y especialmente la medicina— constituye uno de los pilares más firmes de la emancipación social. Defender a quienes la ejercen es defender la vida, la razón y la igualdad real.

Porque el médico no solo cura cuerpos: protege biografías, sostiene familias, evita tragedias y alarga proyectos de vida. Atacar sus derechos laborales es debilitar el escudo más poderoso que tiene una sociedad frente al sufrimiento.

No puede exigirse excelencia científica desde la precariedad laboral, ni humanidad asistencial desde el agotamiento estructural.

7. Apoyo firme a una causa justa

Desde una perspectiva jurídica, social y ética, esta huelga es plenamente legítima. Responde a un conflicto real, sostenido en el tiempo y agravado por reformas normativas insuficientes. Y responde, además, al principio de proporcionalidad: no se reclama un privilegio, sino un equilibrio razonable entre responsabilidad, carga de trabajo y derechos.

Como ciudadanos, como pacientes y como defensores de la justicia social, no solo debemos comprender esta movilización: debemos respaldarla activamente. Porque su éxito no será solo una victoria laboral, sino una victoria colectiva. Una sociedad que cuida a sus médicos es una sociedad que ha decidido cuidarse a sí misma.

Conclusión

La huelga médica no es una amenaza al sistema sanitario: es una advertencia. Una advertencia de que sin dignidad laboral no hay sanidad pública sólida, sin reconocimiento profesional no hay vocación sostenible y sin inversión en ciencia no hay futuro justo.

Apoyar a los médicos hoy es garantizar que mañana, cuando más lo necesitemos, alguien seguirá estando al otro lado del fonendoscopio.

Y esa —sin duda— es una causa que merece todo nuestro respeto, todo nuestro respaldo y toda nuestra voz.