Del Tribunal Supremo: Las motivaciones para condenar al exfiscal general, Álvaro García Ortiz, de los «cinco sabios» de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que el PP ha tenido el descuido de desvelar que «la tenemos controlada», o sea, «atada y bien atada» en la versión de Paquito, y que hemos conocido esta semana, una semana además «la mar de salada», son propicias, las motivaciones para arrancar con una narración de aventuras para infantes de princesas (Isabelita) y bestias. No una, sino dos, cuando menos, y no tiernas, sino hambrientas de carnes entrevenadas de sangre azul (Alvarote y Pedrote). Sin embargo, al final del cuento, como todos los cuentos, las bestias no consiguen su malvado propósito: la bella princesa es rescatada instantes antes de ser asada por el bello príncipe (Nachito) y su fiel escudero (Pelo Blanco). Y colorín colorado, este cuento todavía «no» se ha acabado. Habrá una segunda entrega, acaso una saga.
De la consejera:
Fátima Matute es un «topo» del Grupo Quirón en el gobierno madrileño. En nómina durante años en esta corporación de corporaciones sanitarias, Díaz Ayuso, la que habita en el dúplex pagado de aquella manera por su amantísimo, la nombró consejera de Sanidad. Pues bien, esta Matute ha destacado, también esta semana (la mar de salada), por ser una víbora más venenosa que su ama.
Aparte, por descontado, de sostener que todo lo acreditado como prácticas mercantiles en el Hospital Universitario de Torrejón es falso y una estrategia de «Perro» Sánchez para tapar su podredumbre, llamó «pistolera de Vallecas» a la ministra de Sanidad, Mónica García (vamos, «cojonudo», que diría 229), y comparó el Sistema Nacional de Salud del gobierno «neocomunista» con el de Corea del Norte.
A Madrid le va la marcha, y le va muy bien, porque los llanitos, esos que son mercancía de los hospitales privatizados, mercancía de alta rentabilidad, tragan toda la mierda que les eche «7291» y quienes se refugian bajo sus faldas, le abren las piernas y la aúpan a sus hombros. A propósito de la Gran Matanza, dos de los tres imputados están ilocalizables, y el que declaró, el médico Javier Martínez Peromingo, redactor en 2020 de los Protocolos de la Vergüenza (eufemismo: Protocolos de la Muerte), declaró en el juzgado que él se había opuesto a ellos por «discriminatorios», y acusó a su predecesor en la Dirección Sociosanitaria de Madrid, Carlos Mur, uno de los «desaparecidos» (¿en qué zulo los tendrá Ayuso?), de ser el ideólogo de tales protocolos. Y también a propósito, los ancianitos de las residencias que tenían un seguro privado, vaya que tenían un poco o un mucho de «calderilla», fueron «excarcelados» de ellas, antes de que las reconvirtieran en morgues. Quienes no tenían ni para pipas, al hoyo.
De huevos:
Tal y como está el panorama en Madrid, se hace difícil que un togado tenga huevos para hincar el diente en esta trama de intereses entremezclados entre los dueños de los cortijos (sanidad, educación y cualquier aspecto social que genere no dinero sin más sino muchísimo dinero), políticos, amantes y familias y etcétera, etcétera. Ariadna tiró del hilo para salvar a Teseo del Minotauro en el laberíntico palacio de Cnosos. Pero es un mito. En Madrid no caben mitos, la realidad se supera a sí misma: ¿quién es el novio de la novia, Alberto González Amador o Alberto Burnet González? A no ser que la novia practique el poliamor, práctica en absoluto censurable, más bien recomendable si con ello asciende el ardor.
Nadie osará de buenas a primeras tirar del hilo de la confabulación para salvar a los madrileños de sí mismos, pobres estúpidos. Son tiempos trumpistas, es decir, fascistas y nazis, y Ayuso es el Trump que le ha tocado a ese pueblo (estaría en consonancia con la «moda» que la presidenta viajará a Moscú a rendirle pleitesía a Putin, que es el nuevo faro de la moral, la familia y la patria, destrozadas por la degeneración en la que ha caído Europa, según el yanqui), pueblo que seguirá jodiéndose de continuar ciego y sordo ante esta, y esta sí, «mafia corrupta y dictatorial».
De mujeres:
Es esperable que los villanos hacendados mantengan el derecho de pernada (no tan a la vista como en el Medievo) con sus subalternas y que los ultras avasallen a las mujeres (ahí están los pactos PP-Vox en ayuntamientos, provincias y regiones por los que se han clausurado montones de instituciones de apoyo a las víctimas de los machos, víctimas «sine die», que da alas a maltratadores y criminales: ánimo, a hacer los 50 hoyos antes de 2026, que están a tiro). Esto es esperable en ellos, pero que suceda en la izquierda (cabría actualizar las nominaciones izquierda y derecha y sustituirlas por otras acordes con los vientos que soplan: antifascista y fascista) y no se dé curso a las denuncias internas, es infame, repulsivo en un partido, el PSOE, que se dice feminista.
En el caso de Salazar, los encargados de tramitar las denuncias las «traspapelaron», y solo las reiteradas quejas de las víctimas y la filtración a los medios de comunicación «obligaron» a frenar las afrentas contra la dignidad de las socialistas vejadas. Sumar actuó rápido y con contundencia con Errejón. El PSOE no debe ni puede permitirse ninguna desvergüenza más (con los otros cuatro machitos no se la permitió, y habrá de continuar por este camino con los hijoputas que acabarán saliendo).
Del otro lado, debió el jefe de la oposición afilar más su inteligencia, de serle posible, y no espetarle al presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados que «su feminismo lo aprendió usted en los burdeles» (lo que es un exabrupto duro e injurioso con el fin de «lucirse» al final de una intervención), porque el presidente pudo haberle inquirido acerca de si Marcial Dorado había contratado meretrices en el yate y la fortaleza durante los días que Feijóo pasó invitado por el putero narcotraficante, todo un catedrático en materia feminista. Y, singularmente, debió de acordarse de Nevenka Fernández, cuyo mural en Ponferrada honré antes de que su círculo de malnacidos lo mancillaran (en Netflix, «Nevenka», tres capítulos de terror).
De Andalucía:
El juez instructor de Cádiz, Jesús Gómez, acaba de pedir a la Intervención General del Estado «auxilio pericial» por el volumen de amaños en los contratos de adjudicación a clínicas privadas del Servicio Andaluz de Salud (SAS). El juez investiga al SAS por un delito continuado de malversación de dinero público a través del fraccionamiento, masivo, de los contratos firmados con esas clínicas, un fraccionamiento como medio para adjudicar a capricho los conciertos público-privados. La Comunidad de Madrid utiliza sistemáticamente este hacer fraudulento, muy oneroso para el proletariado que, teñido de posmodernidad, no se entera de que no ha abandonado ni abandonará tal condición, y muy ventajoso para el Capital. Pero, como se subrayó antes, en Madrid escasean los huevos.
De vueltas y revueltas:
Anda Vox en esta salada semana borrando las huellas que lo vinculen con Revuelta, la violenta sección juvenil de los de Santiago Abascal, aunque por mucho que borren solo emborronan. Esta maniobra de «des-pegue» se inició con los audios revelados por el diario «elPlural» en los que Manuel Mariscal, diputado de Vox (recuérdese: el del lanzallamas y la motosierra contra RTVE) mantiene conversaciones con Arturo Villa, ex de Revuelta y asesor del eurodiputado del partido ultra Jorge Buxadé. Ya conoce el lector: más de 100.000 euros, que podrían alcanzar los 200.000, recaudados por estos cachorros ultras («dispuestos a dar la batalla cultural y sin cuartel a los enemigos de España en las calles, las universidades y tribunas públicas») para las víctimas valencianas de la dana y que, más de un año después, siguen en sus arcas.
Mariscal afirma que Abascal está «al tanto con todo esto de Revuelta y con todos nosotros (…) y esta situación nos está arrastrando a todos nosotros». Es entonces cuando Abascal da la orden de disolver Revuelta. «Vox me ha dicho que muerto el perro se acabó la rabia». La relación de Vox con los dineros públicos no es una novedad. Sancionado por el Tribunal de Cuentas por irregularidades; desvío de casi 11 millones de euros del partido a la fundación de Abascal, de la que es presidente perpetuo (¡qué raro!, ¿no?); denuncias de exmilitantes expulsados, o que se fueron asqueados, de malversación en distintas provincias, que hasta PP-PSOE han pactado investigar los tejemanejes de Bambú 12…, y ahora este atraco a militantes y simpatizantes del propio Vox y otras organizaciones «patrióticas» que quisieron ayudar a las víctimas de la dana y de Mazón. ¡Dios mío, imagínense lo que se desataría de estar los socialistas en esta tesitura!
Del PSOE:
Las detenciones, también esta salada semana, de personas en la órbita del partido de Ferraz 70 y, en especial, de la de Santos Cerdán, al igual que la degradación de la mujer, reiteran que las mordidas, los pelotazos, la codicia en resumen, no entienden de antifascistas y fascistas, aunque es en estos últimos y en los «terratenientes» donde más cala: ahí tenemos la Gürtel y la policía patriótica (¿hay una judicial-patriótica?) en la cúspide de la cúspide. No obstante, por menor que sea respeto a aquellas, o a la del balear Abel Matutes, o a la del valenciano Eduardo Zaplana…, el PSOE tiene que estar muy preocupado, puesto que se suman al Ábalos, Koldo, etcétera.
La cuestión, creemos, no es tanto que caiga en intención de voto, que puede recuperarla, cuanto que llegue a demostrarse que el partido está afectado groseramente en sus cuentas. De hallarse contaminado, que el Supremo está investiga con minuciosidad de entomólogo, la convocatoria de elecciones anticipadas es imperiosa. Ahora bien, condenar a una persona u organización sin ni siquiera haber imputación es de una incuria al alcance de muy pocos, entre ellos «Hiena» Tellado, que coloca como recambio en Moncloa a su PP, un partido «limpio, liberal y decente». Tal parece que el gallego, mano extrema derecha del otro gallego, el del yate y los prostíbulos, está más bien refiriéndose a Díaz Ayuso, Carlos Mazón, Pérez Llorca, Fernández Mañueco o Moreno Bonilla, que ya hasta reconoce que más de una treintena de mujeres han desarrollado cáncer por la negligencia en las mamografías.
De ladridos:
Y ahora, pese a que es ridículamente ocioso decirlo tras años en la trinchera, es el turno, por justicia verdadera, de ceder la «palabra» a los que ladran.
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