Si ya es veinte de diciembre eso significa que las navidades están al caer y que las recién estrenadas vacaciones escolares traerán a los jóvenes el regocijo y felicidad de siempre. Habrá, entonces, que disponerse a felicitarlas de la mejor manera posible a familiares, amigos y conocidos, incluyendo a escritores obnubilados, lectores impenitentes y críticos de lápiz afilado; todos deben tener cabida en la celebración, para eso estas fechas llevan tantos años convertidas en un hito que todavía nadie se ha atrevido a borrar del calendario.
Serán blancas estas navidades en tierras de inviernos fríos si el demiurgo así lo establece, menos en el frente ucraniano, donde la nieve se teñirá de la sangre quemada que mana de los cuerpos mutilados por la metralla. Se van a cumplir cuatro años del inicio de aquella guerra, igual de injusta y atroz que la mayoría, pero que tal vez se hubiera podido evitar de no haberse confundido el legítimo derecho a defender la integridad de la patria, con el caudillismo populista de un líder no demasiado iluminado. Lo opiné hace mucho tiempo y lo sigo manteniendo, el error de cálculo de Zelenski fue de una magnitud inconcebible, era a todas luces evidente que el lobo ruso necesitaba una presa suculenta para reivindicar las fronteras antiguas del imperio con el fin de prolongar su estancia en el trono. Un repaso a la historia nos demuestra que ha sido práctica habitual de los sátrapas lanzar a sus huestes contra el infiel fabricado en los despachos. Y la fronteriza Ucrania, hija emancipada, se adaptaba adecuadamente a esas ambiciones. Pensar que el tío Sam y la UE impedirían el festín fue la segunda parte de la evaluación equivocada. El día que esta calamidad termine confirmaremos con frustración que el resultado solo serán millares de muertos, una devastación económica inconmensurable y muchos jirones de banderas pisoteadas en el barro. En esos momentos de paz amarga, a ninguno nos extrañará que las cesiones de territorio ucraniano lleguen a ser de mayor superficie que las reclamadas por Rusia al inicio del conflicto, si no mayores. Un drama muy doloroso, este de cerrar en falso el círculo arrastrando consigo miles de cadáveres mientras se escribe la página más negra de su historia. David no vencerá a Goliat, como nos quisieron hacer creer tiempo atrás, cuando la llegada al frente de los decisivos tanques Leopard 2 y otras defensas supuestamente eficacísimas iban a cambiar el rumbo de la contienda. La memoria a veces falla y en vez de apercibirnos de su mal procesamiento nos acomodamos sumisamente al relato de la desinformación interesada, ha sido necesario el transcurso de mucho tiempo para reconocer que aquel soplo de ánimo recibido con alborozo fue de aire muy viciado.
Afortunadamente nuestra tierra se encuentra muy lejos de aquella horadada por las bombas, aquí no estamos condenados a contar muertos por docenas ni el bienestar es un concepto desconocido por nuestros hijos, de momento sobrevivimos al miedo al futuro con mucho más que la simple dignidad. Solo que el molinete de la rosa de los vientos empezó a agitarse hace meses y nada hace pensar que ponga fin a sus aleteos. Por eso no es de extrañar que las noticias de todos los medios se centren casi exclusivamente en ofrecer con el amplificador al máximo volumen las trapisondas de los acosadores sexuales, una especie que casi empezó a desarrollarse en época de Adán y desde entonces no ha dejado de manifestar su capacidad para mancillar desde la prepotencia el honor femenino. El jefe se aprovisionade la secretaria imponiendo las múltiples variantes de dependencia laboral, y apoltronado en su butacón amenaza y negocia sus caprichos con descaro. No creo que muchas mujeres se hayan librado de sufrir insinuaciones más o menos veladas, hasta hace muy poco imposibles de ser denunciadas bajo el riesgo de perder el trabajo y además ser descalificadas por su presunta ambigüedad a la hora de negarse a los requerimientos. Cuántas no habrán tenido más remedio que acceder porque el sueldo era imprescindible ser llevado a casa para contribuir al sustento de la economía familiar. Este drama y otros peores los han sufrido en la oscuridad trágica del silencio, como el delincuente que oculta ladinamente su crimen por temor a la justicia. La paradoja no puede ser más cínica, la víctima corre el peligro de ser defenestrada por su victimario.
La rosa de los vientos que señala de forma implacable a los pecadores ha detenido caprichosamente su giro en varias orientaciones, desde el Madrid de Salazar al Torremolinos de un dirigente local socialista, para terminar de momento, solo de momento, acusando al presidente de la diputación lucense mientras un par de alcaldes también van saliendo en la foto. Y eso excluyendo de tanto jolgorio sexual a Ábalos y Koldo, cuya infame rijosidad parece estar financiada por la visa que se carga en los bolsillos de los españoles. ¿De qué pozo habrán sacado a tanta gentuza barriobajera? ¿Es que los partidos no filtran a sus fichajes? Pero también tenemos noticia de dimisiones, como la del senador asturiano, aunque todavía no se sabe si su abandono se produjo por iniciativa propia o se debió a un empujón escaleras abajo. ¿Cuántos quedarán por salir de la ciénaga y cuántos mantendrán su impunidad bajo la madriguera?
Ante semejante panorama, la oposición está que se frota las manos, no le han podido poner en bandeja estos sucios descubrimientos en momento más oportuno, se le han anticipado los Reyes cargados de regalos. Como se suele decir, solo les ha bastado sentarse con las gafas de sol puestas para disfrutar viendo pasar los cadáveres de sus enemigos. Entre los acosos por un lado y la corrupción incesante por otro, el bocadillo que le están preparando al gobierno no puede ser más indigesto.Y no parece que la viscosa Leire esté precisamente en condiciones de ofrecer un antídoto, bastante tendrán ella y sus compinches con intentar librarse de la cárcel.
Pero también es verdad que el viento puede cambiar de dirección en el momento más insospechado y dirigir las puntas del molinillo hacia otras direcciones situadas al este, hacia ese espacio soleado y apacible de la derecha con capital en Génova donde hoy por hoy los populares se sienten a salvo del vendaval. Sería ingenuo pensar que no recibirán en breve plazo una cuchillada al menos proporcionada con la hemorragia que está sufriendo el gobierno, adelantar a toda costa las elecciones es un objetivo irrenunciable que ya no parece tarea imposible. Sin embargo, en Ferraz no precisan invocar al maquiavélico Rubalcaba para que les remita la fórmula mágica, de sobra cuentan con fontaneros de la talla de Leire y también con dinamiteros y francotiradores de primera. Y si llegan a necesitar Leopard 2 porque la munición se ha acabado, enseguida saldrán en su ayuda humanitaria los desinteresados socios de coalición. Todo por la democracia y sin pedir nada a cambio, lo exige la altura de miras. La impetuosa Yolanda vigila muy de cerca, convencida de que estos desmanes jamás se producirán en sus inmaculadas filas, pero si tuviera barbas las debería ir poniendo a remojar, las enfermedades sexuales suelen ser contagiosas.
Con tantos sobresaltos y lapidaciones se vislumbran unos meses de agónica defensa socialista, creíamos que como país íbamos alcanzando una cierta consideración en Bruselas y ahora nos debemos resignar a bajar varios escalones de golpe. Europa cada vez más lejos, somos muy del sur y a mucha honra, vosotros sois unos tristes guiris. Ni siquiera la renuncia heroica a competir en la hortera verbena musical nos ha hecho merecedores de respeto, más bien nos califican de demagogos y oportunistas, con toda la razón.
Llegará igualmente esta agridulce Navidad a su origen geográfico, en latitudes bíblicas. Lo hará sin la celestial compañía de la nieve, aunque la arena del desierto y las calles de Gaza también se podrán empapar con la sangre de quienes solo aspiran a sobrevivir a la bota judía. La paz comenzó hace semanas en aquellos confines, se lo anunció una y otra vez a voces Trump, pero no se han querido dar cuenta, las bombas se lo impiden. La ira del cielo tampoco quiere darles un descanso, como felicitación les ha enviado lluvias torrenciales y vientos huracanados para anegar los miserables campamentos donde se asientan.Pero estamos en el adviento de la credulidad que exige no renunciar a la esperanza.