Sin la visita del Gordo

OPINIÓN

Ángel Abaga Elebiyo y Aurora Rodríguez Ososrio cantan un quinto premio, el número 72.853 durante la celebración del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad 2024
Ángel Abaga Elebiyo y Aurora Rodríguez Ososrio cantan un quinto premio, el número 72.853 durante la celebración del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad 2024 Eduardo Parra | EUROPAPRESS

El mundo cambia, las sociedades evolucionan, las formas de vida se transforman y sin embargo hay muchas cosas, algunos dirían que demasiadas, que permanecen inalterables. Hay quien se agarra a las tradiciones para mantener año tras año ciertos comportamientos, ciertos modos de pensar y de obrar y también hay modas que se imponen y que interiorizamos como algo inevitable. 

Las fiestas navideñas son pura tradición. La cena de nochebuena se mantiene como ese día de encuentro familiar en torno a un mantel y pantagruélicos platos de todo tipo. Al margen de prácticas religiosas, a los Reyes Magos se les adora como máximo símbolo de la inocencia infantil.  

Junto a estos días señalados e inamovibles surgen novedades carentes de abolengo, pero que se incrustan en las costumbres y empiezan a ser tan imprescindibles como las que nos legaron nuestros ancestros. Proliferan comidas de amigos y de empresas. Se programan verbenas tan sonadas como si fuese el mismo verano. Nos inoculan jornadas con tan poco arraigo como el Black Friday. Lo más novedoso es la tardebuena como antesala a la cena familiar. Papa Noel es ya una amenaza real que trata de destronar a SSMM de Oriente. Un modo de saturar estos días que es difícil de explicar, pero nos debería hacer qué pensar. 

Entre todo el maremágnum que surge para transitar al año nuevo hay algo que sobresale por encima de todo lo demás. Es el sorteo de la Lotería Nacional. 

Ya son unos cuantos siglos los pasados desde que Carlos III, si ese, el de la Puerta de Alcalá, trajese a España el, entonces novedoso, juego de la lotería con la única finalidad de rellenar los huecos que se producían en las arcas reales. Desde entonces ahí estamos los españolitos aportando nuestros dineros de tan sutil forma a la Hacienda Pública, nosotros tan dados a la queja y al enfado por lo que contribuimos al Estado. 

Según datos publicados, Asturias se ha jugado al sorteo de Navidad 120 M de €. una cantidad que cuanto más se repara en ella más exagerada parece. 

Si un hombre dedica un tiempo de forma asidua a un juego lo tildamos de vicioso. Para una mujer que emplea algo del dinero destinado a la compra del día en una tragaperras hay una enfermedad que la califica. La mayoría de nosotros deberíamos consultar, no a un médico, ni a un psicólogo, a un matemático para saber las posibilidades que tenemos de que nos toque el gordo. 

No pasa nada por tentar la suerte alguna que otra vez. Mantener viva la tradición del sorteo de Navidad no es nada obsceno. Pero se ha llegado a un punto en que se hace resentir la economía familiar ante la cuesta de Enero. Y eso parece poco sensato.