El año que se aproxima no será un simple cambio de calendario. 2026 se abre paso como el verdadero pistoletazo de salida de un nuevo ciclo político en España. Tras las pasadas elecciones autonómicas de Extremadura, llegará el turno de Aragón, Castilla y León y Andalucía, y una pregunta que, pese a las reiteradas negativas públicas, sigue planeando sobre la política nacional: si Pedro Sánchez aguantará o no hasta el final de la legislatura. En ese clima de incertidumbre, con las estrategias en ebullición y los partidos afinando mensajes, se empezarán a tomar decisiones que marcarán el rumbo del país en la segunda mitad de la década.
Asturias no será ajena a ese contexto. Al contrario. 2026 aparece como un año bisagra, cargado de debates que llevan tiempo madurando y que ya no admiten más demoras. Muchos de ellos han sido analizados y anticipados en La Voz de Asturias, y ahora confluyen en una agenda que mezcla economía, servicios públicos, modelo territorial, infraestructuras y calidad de vida.
El gran asunto, el que atraviesa casi todos los demás, es la vivienda. El acceso a un hogar digno se ha convertido en el principal quebradero de cabeza para miles de asturianos, especialmente jóvenes y familias en las ciudades. La región no es una excepción, ya que el problema se replica de forma similar, o incluso más agravado, en el resto de España y en buena parte de Europa. Las restricciones a los pisos turísticos, el desarrollo de un verdadero parque público de alquiler o la movilización de vivienda vacía son medidas que apuntan a un cambio de paradigma. Lo que se decida en 2026 tendrá efectos que se medirán durante décadas, porque la vivienda no es solo un problema de mercado: es un pilar básico para fijar población, atraer talento y sostener el crecimiento.
En el capítulo de las infraestructuras, el peaje del Huerna seguirá siendo una sombra alargada sobre la economía. A pesar de los avances jurídicos en Europa y la presión constante desde el Gobierno regional, 2026 amanece con la barrera de Campomanes aún en pie. La lucha por la gratuidad de la AP-66 ha dejado de ser una reivindicación técnica para convertirse en una cuestión de dignidad regional. La sociedad asturiana ya no se conforma con bonificaciones o descuentos parciales que parecen parches ante una injusticia histórica. Exige el fin de un agravio comparativo que desconecta a la comunidad autónoma de la Meseta y lastra la competitividad de sus empresas cada vez que un camión cruza la Cordillera.
La transición energética será otro de los grandes ejes del año. Asturias se encuentra en una posición especialmente delicada: es una de las comunidades más tensionadas del sistema eléctrico y, al mismo tiempo, aspira a jugar un papel relevante en el despliegue de nuevas energías. El futuro del hidrógeno verde y de la eólica se moverá entre proyectos estratégicos, resistencias sociales y la necesidad de compatibilizar desarrollo industrial y protección del territorio.
Ese debate enlaza directamente con el futuro del acero, una industria estratégica para la región y para Europa. En Asturias, la siderurgia no es solo un sector económico, sino una seña de identidad y un sostén de comarcas enteras. El próximo año será decisivo para ver si la modernización y la descarbonización garantizan su viabilidad o si la incertidumbre sigue ganando terreno.
También la minería volverá al centro del foco, esta vez desde la preocupación por la seguridad. Los últimos episodios han puesto en entredicho los controles y han reabierto un debate que exige respuestas claras. En una región con una profunda memoria minera, la seguridad no puede ser una variable secundaria.
Sanidad, demografía y turismo
La sanidad afrontará uno de los procesos de transformación más ambiciosos de los últimos años. La reestructuración del mapa sanitario busca adaptar el sistema a una realidad cambiante, marcada por el envejecimiento, la dispersión territorial y nuevas demandas asistenciales. Será un año fundamental para comprobar si los anuncios se traducen en una mejora tangible para los pacientes.
En medio de este esfuerzo asistencial, Asturias está logrando un pequeño milagro estadístico: doblegar la curva demográfica. Tras décadas de sangría y pesimismo, la población crece por encima del millón de habitantes. Y lo hace gracias a la inmigración. Los nuevos asturianos, procedentes de diversos rincones del mundo, están rejuveneciendo distritos enteros y sosteniendo sectores estratégicos como la hostelería, la construcción y los cuidados de larga duración. Este reemplazo demográfico es la mejor noticia para el sistema de bienestar, pero requiere de políticas de integración valientes que eviten la segregación y garanticen que los nuevos vecinos se sientan parte de este proyecto común llamado Asturias.
Paralelamente, el turismo y la gastronomía seguirán siendo uno de los motores de la región. El crecimiento sostenido, reflejado en la capacidad de atraer visitantes durante todo el año, plantea un desafío: gestionar el éxito sin morir de él, evitando la saturación y apostando por un modelo equilibrado y sostenible.
Las ciudades
Las ciudades concentrarán buena parte de los cambios visibles. En Oviedo, el derribo del viejo hospital marcará el inicio de una nueva etapa para un espacio urbano que lleva años esperando una solución. Proyectos como la pista de atletismo bajo la Pista Finlandesa o la ampliación de la zona azul y la implantación de la zona de bajan emisiones reflejan un debate más amplio sobre el modelo de ciudad, la movilidad y el uso del espacio público.
En Gijón, la ampliación del hospital de Cabueñes, los accesos a El Musel y el impulso definitivo a Naval Azul dibujan un 2026 decisivo para el futuro del área oeste y para la relación de la ciudad con su puerto y su pasado industrial.
La cultura vivirá también un momento relevante en Gijón. En la primavera de 2026 deberían comenzar las obras del Centro de Arte Tabacalera, un proyecto largamente esperado que aspira a convertirse en uno de los grandes polos culturales del norte de España. Todo ello en paralelo al reto que supone la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura, una apuesta que exige altura de miras, colaboración institucional y una visión a largo plazo.
2026 será también el año en que los coches empezarán a perder la hegemonía en los centros urbanos. La entrada en vigor de las limitaciones severas en las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) cambiará nuestra forma de movernos, trabajar y consumir. Gijón, Oviedo y Avilés se enfrentan al reto de peatonalizar y reducir humos sin estrangular el comercio local ni penalizar a quienes no pueden permitirse un vehículo eléctrico. Es un equilibrio delicado entre la salud pública y la realidad socioeconómica de una población con rentas medias que definirá la amabilidad de nuestras ciudades para las próximas generaciones.
Las dudas de Real Oviedo y Sporting
Y, como casi siempre en Asturias, el deporte servirá de espejo emocional. Será el año en que el Real Oviedo busque consolidar su lugar en la élite, demostrando que su proyecto empresarial y deportivo tiene raíces profundas. Por su parte, el Real Sporting de Gijón se enfrenta al desafío del ascenso, una meta que la ciudad respira cada domingo en El Molinón y que es necesaria para que el fútbol asturiano recupere el peso que le corresponde por historia y por masa social. Un fútbol fuerte es también un motor económico y de autoestima para la región.
Así será 2026, un año de decisiones trascendentales, de incertidumbres abiertas y de oportunidades reales. Un año en el que Asturias volverá a examinarse a sí misma. En La Voz de Asturias, seguiremos contándolo.
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