Memoria traicionada

OPINIÓN

Vladimir Putin y Donald Trump, en una imagen del pasado agosto
Vladimir Putin y Donald Trump, en una imagen del pasado agosto DPA vía Europa Press | EUROPAPRESS

05 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Y traicionera. En una vida larga, aunque no demasiado para no naufragar en los olvidos, da tiempo si uno quiere y es curioso a acumular muchas experiencias, muchísimos momentos, situaciones, hechos, vivencias y lecturas. Por ejemplo da tiempo a ver cómo resurgen algunas cosas del pasado que a los más jóvenes o a los más olvidadizos, desinformados o despistados les pueden parecer nuevas. A otros, quizás los menos, por viejos, leídos y vividos no se les escapa la semejanza de ciertos sucedidos actuales que llevan marchamo antiguo y se pueda ver en ello que todo se relaciona como en un bucle parecido a la representación del ADN. Dicen que el pasado no se repite nunca de la misma manera y que si lo parece lo más probable es que repita de una forma bufa. Ojalá, porque los momentos que estamos viviendo desde hace años y que se intensifican por momentos se parecen demasiado a otros momentos terribles para la humanidad. Hacer memoria lo más objetiva posible, lo mismo que en el periodismo quizás a otra escala, no es una cuestión fácil y para hacerla es preciso elegir cuidadosamente las fuentes y sumergirse en ella con la extrema precaución de un buzo de las profundidades abisales y sí todo el panorama que veremos será parecido a una visión a través de la escafandra del submarinista.

Desgraciadamente hoy vivimos en un mar de confusión grave o gravísima en muchos casos debido al mal uso de los medios digitales, del periodismo mercenario y el uso académico -o no ? torticero de la historia en general. La Historia es una verdad que se estudia como un objeto embarrado al que hay que expurgar sin cincelar en demasía para no desvirtuarlo y proceder con extremo cuidado para seguidamente hacer una interpretación lo más precisa, colegiada y consensuada de la información que nos trasmite. La verdad pura en Historia no está a nuestro alcance o la brinda en pocas ocasiones a través de las muchas capas de polvo y tierra que la cubren. Lo que sí es posible es llegar a un consenso estudioso, racional y no apasionado de esa musa, un éter que inspira al que investiga e interpreta y que es susceptible de especulación.

En el tema que nos ocupa, la memoria de la historia en general y de sus particularidades, habría que subrayar el deplorable abandono del estudio de las humanidades en general que, curiosamente, coincide con el auge de esa trampa que se dio en llamar neoliberalismo. La Historia y su estudio científico supone una molestia (o un aliado) para cuatreros de la economía y de la política que es la moneda corriente entre la especie humana del momento más actual. No es nuevo, el uso torcido y fraudulento de la Historia es tan antiguo como el simio humano. Desde los cazadores paleolíticos que maquillaban o decididamente falseaban sus historias a la lumbre del llar, hasta los fabuladores positivos como Homero con su Ilíada y su Odisea y su sucesor en el tiempo que fue Virgilio con su Eneida, una historia maravillosa y falsa que por encargo de Augusto supuso una continuación romanizada de las historias homéricas para mayor gloria de Roma y del propio emperador. Un relato que engrandecía sus nombres y creaba escuela, en principio destinado a un buen fin que habría que entrecomillar ya que fue un intento bastante bien conseguido de imponer literariamente una (falsa) Pax Romana. Durante el tiempo que transcurrió desde Roma a nuestros días siguieron las patrañas, las narraciones a la carta, las hagiografías históricas de personajes impresentables, los mitos modernos, las leyendas negras producto de muy buenas campañas de desinformación y diplomacia oscura.

Por cierto, una de estas leyendas negras, quizás la más conocida, es la que atañe a la España imperial y post-imperial -y les juro que el que esto escribe no es facha ni de lejos ? creada por anglosajones, neerlandeses más algunas naciones y futuros imperios. Habría que añadir que siempre hay una base que dio pie a que se modelara la leyenda negra de los desaguisados de los españoles imperiales y si no que se lo digan a la Casa de Alba del siglo XVI , a Carlos V -en realidad el nombre de Carlos I es romántico y franquista ? y a unos cuantos bellacos de la época. Sí, las habladurías de aquel entonces fueron aprovechadas y engrandecidas por futuros imperios que, en general, actuaron de forma brutal similar y, si nos fijamos en el Imperio inglés, superior a la de los reinos españoles. Esto por hablar de los «ganadores» que en su momento lo fueron conquistando medio mundo o arrebatando la conquista al anterior imperio en el tiempo, porque si hablamos de los «vencidos» habría que reseñar el conocimiento histórico de las brutales conquistas entre estados, naciones, tribus y sociedades precolombinas, africanas, asiáticas. El conquistador siempre emplea la fuerza y raramente es bienvenido. Suele ser duro y brutal a veces, poco dado a emplear el poder blando y la generosidad. Luego vienen las interpretaciones de lo sucedido, las tempranas fijan el marco histórico en el que con el tiempo se van matizando y añadiendo ornamentos que luego suponen un rompecabezas para un historiador buscador de lo más cercano a la verdad. Curiosamente España penaliza en el ámbito de los usurpadores usurpados, la llamada guerra de Cuba no fue sino una expropiación violenta perpetrada por el capitalismo americano dirigido y propiciado por una mentira fraguada cuyas cabezas más visibles fueron el presidente norteamericano William McKinley y, otro William, míster Randolph Hearst magnate que podemos asemejar al actual Trump -en realidad la suma de McKinley y de Hearst podrían formar un Trump -, eso sí con algo más de inteligencia, si cabe.

También la política se apunta y cómo al uso de la Historia para iniciar nuevos conflictos, sangrientos o no, reclamaciones y listas de agravios supuestos y reales. Menos mal que en 5000 años de Historia los conflictos, aún los más grandes, no dispusieron de armas definitivas capaces de causar la total extinción humana (habría que revisar qué pasó con los neandertales y los cromañones). El siglo XX fue ya una amenaza muy seria y a punto estuvimos de un armagedón mundial. Más de un susto tuvimos los que lo vivimos, pero nada parecido a la realidad geopolítica actual, una endiablada confabulación de tipejos (algunos elegidos y respaldados por un capitalismo brutal) sin piedad cercanos a la psicopatía que juegan, literalmente, con nuestras vidas poniéndolas constantemente en peligro, amenazando con armas letales y económicas nuestra existencia y sojuzgando nuestra libertad. La amenaza hoy no es solo Putin, el zar más siniestro, ni Xi Jinping el liberticida asiático, el que en teoría parece más poderoso, el gringo Trump, se ha convertido en una amenaza para el mundo y sobre todo para nuestra Europa -antes faro de Ilustración y democracia ? con franquicias políticas y mediáticas en toda la UE, en concreto con “trabajadores” a buenos sueldos en la llamada extrema derecha y en la derecha dontancredista, muy señaladamente en la española donde se reivindica la dictadura como una época buena en todos los sentidos y de modo absoluto e increíble en el plano económico

No quisiera acabar sin dar un voto a la confianza para que este año que estrenamos devuelva la cordura a los políticos (difícil), a los plutócratas (más difícil), a las redes y medios (más difícil todavía) y lo mismo nos devuelva una enseñanza pública de las humanidades sin falsearlas.