Ojo avizor

OPINIÓN

Trump publica la primera imagen de Maduro tras su detención
Trump publica la primera imagen de Maduro tras su detención

09 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En un año entero pasan muchísimas cosas y rara vez lo que ocurre en los comienzos figura en los resúmenes que se hacen a finales de diciembre. Si lo unimos a que la memoria es algo demasiado frágil, en muchas ocasiones un suceso que fue noticia en el mes de enero deja de ser importante casi doce meses después. Puede que en este 2026 esto vaya a ser diferente, porque con lo ocurrido con la llamada «Operación Resolución Absoluta» hay probabilidades de que no vaya a ser un hecho aislado o una acción pasajera. Es cierto que los avisos de Donald Trump a Venezuela y a Colombia se habían ido incrementando en los últimos días con varios ataques aéreos a las llamadas narcolanchas (desde el pasado septiembre se han contabilizado más de treinta embarcaciones destruidas mientras navegaban por aguas internacionales), pero creo que en ningún momento nadie se aventuró a pronosticar que iba a ordenar el secuestro (hay otras interpretaciones de que estamos ante un arresto, una detención o una captura) de Nicolás Maduro (la propia administración de Justicia norteamericana ha reconocido que el llamado «cartel de los Soles» no existe como organización criminal real, aunque sí que le mantienen la acusación de que supuestamente se enriqueció con la entrada de drogas a Estados Unidos) y de su mujer, Cilia Flores, mientras dormían en su domicilio en Caracas.

Es evidente que vivimos en un momento crítico para la diplomacia y para el derecho internacional porque se están produciendo cambios en el orden mundial y la geopolítica es la que está marcando la agenda. Creo que esto para las sociedades en general y las democráticas en particular es una pésima noticia. Los países más poderosos del mundo (entre ellos Estados Unidos e Israel) no están siendo ningún ejemplo porque ni están ejerciendo de árbitros por salvaguardar la estabilidad mundial (en unos casos se está prometiendo inyectar dinero a cambio de que la ciudadanía vote a determinadas opciones políticas [como pasó en Argentina con Javier Milei] y en otros se busca asfixiar perjudicar a las economías con aranceles excesivos como los que sufre Brasil con Lula da Silva) ni están por la labor de respetar las normas que nos hemos dado para que los distintos pueblos podamos vivir en paz (lamentablemente, desde el final de la II Guerra Mundial nunca hubo tantos conflictos armados como ahora. Hay 60 activos, y normalizar ataques como el del pasado fin de semana en Venezuela o la invasión que lleva cuatro años realizando Rusia contra Ucrania sientan precedentes muy peligrosos). En este sentido es primordial que las y los europeos estemos unidos para asumir ese liderazgo en aras de la libertad, la democracia y la estabilidad a lo alto y ancho del mundo, porque vamos hacia una polarización cada vez más definida en bloques y, lamentablemente, ninguno de ellos está ofreciendo garantías reales a favor del bienestar colectivo.

Lo que no me atrevo a decir es si ha sido un acierto (dentro de todos los despropósitos) para los intereses de Estados Unidos la estrategia de no acabar con el actual gobierno venezolano (Delcy Rodríguez ha asumido el mando y la oposición al chavismo se ha visto totalmente excluida en este proceso), porque en experiencias anteriores como fue la caída de Sadam Hussein en Irak aquella situación supuso caos e inestabilidad en Oriente Próximo, y puede que fruto de esa lección haya pesado mucho que es mejor mantener en el poder al equipo que acompañaba a Nicolás Maduro para evitar revueltas. Reconozco mi sorpresa con la actitud de los dirigentes bolivarianos, porque parece que han optado por eludir los mensajes combativos, agresivos y duros que nos tenían tan acostumbrados contra el imperio americano, aceptando que deben pasar por el aro de las exigencias de la Casa Blanca (en palabras del propio Donald Trump, estarían incluso dispuestos a negociar un reparto del petróleo, algo insólito y sorprendente en la dinámica seguida desde Hugo Chávez de que la riqueza de sus recursos naturales no fueran explotados por potencias extranjeras).

Hasta que nos cuenten con pelos y señales lo que pasó (porque a falta de confirmación oficial queda la sospecha de que ha habido más de un topo en las filas venezolanas), lo que ha quedado muy claro es que en este caso no se ha buscado ningún restablecimiento democrático, y esto ha generado que ni tan siquiera en España, donde el tema de Venezuela ha sido muy recurrente en el debate público en los últimos años por los vínculos políticos de diversos dirigentes de Podemos, nadie haya podido sacar petróleo (y nunca mejor dicho). Entiendo que para los partidos españoles lo ocurrido sea muy complicado de tratar, porque no se puede justificar que Nicolás Maduro esté en una prisión estadounidense de la manera en la que ha llegado hasta allí (se vulneró el derecho internacional violando la Carta de las Naciones Unidas, se dejó sin efecto el respeto a la inmunidad de las y los mandatarios mundiales e incluso, en clave estadounidense, se obvió la imprescindible autorización del Congreso para ejecutar un ataque militar contra otro país), pero tampoco es asumible que Delcy Rodríguez (que se hizo famosa hace cinco años por aquella polémica escala aérea en Barajas en la que se reunió con el entonces ministro José Luis Ábalos) sea ahora la máxima autoridad política venezolana, así que entiendo perfectamente el perfil bajo que han protagonizado. Como es una incertidumbre lo que va a pasar a continuación debemos estar ojo avizor especialmente con Groenlandia, porque tiene todas las papeletas de convertirse en el siguiente escenario de actualidad internacional.