Démosle a Trump el premio Princesa de Asturias de la Concordia

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez NO PARA CUALQUIERA

OPINIÓN

Comparecencia de Trump en el Capitolio
Comparecencia de Trump en el Capitolio Kevin Lamarque | REUTERS

01 feb 2026 . Actualizado a las 13:11 h.

Lo que pasó es que Trump capturó, manu militari, a Nicolás Maduro en lo que, según pasan los días parece confirmarse, fue además un pacto con gerifaltes de Venezuela para mantener el régimen intacto a cambio de control económico de los recursos del país por parte de Estados Unidos. Descabezar a la dictadura y mantener su estructura intacta es algo que sólo los ingenuos pueden creer incompatible; hay que distinguirlos en todo caso de los cínicos que lo pasa es que tienen que acomodarse muy rápido a cambios repentinos y se les ve el truco.

De los dos, de ingenuos y de cínicos, tenemos superávit en las sociedades del presente. Fue así que cuando se cerró el telón y se vio cómo quedaba el escenario había un montón de estupefactos, por ejemplo José María Aznar, y su FAES, que no se podían creer que la presidenta no fuera María Corina Machado. ¿Cómo podríamos explicárselo al expresidente popular para que lo comprendiera? Pues lo que pasa es que el puede hacer está haciendo, es la muy vieja ley de la selva, que favorece únicamente al más fuerte. Ingenuo es creer que el más fuerte tiene amigos o compañeros; esto algunos lo comprenden pronto y otros demasiado tarde.

Todo fue tan internacional que en el secuestro de Maduro murieron 32 cubanos de su guardia pretoriana; y a lo mejor esto es un spoiler de lo que puede pasar en el siguiente capítulo. O quizá sea Groenlandia. Y ojo que en un baile tan ajetreado hasta el más cínico puede tener un traspiés. Todo es también tan antiguo que puede explicarse con el Diálogo de los melios, de La Guerra del Peloponeso de Tucídides, cuando se narra cómo los poderosos atenienses cercan la ciudad de Melos, amiga de Esparta, y le exigen sometimiento recordando que «los fuertes hacen lo que quieren y los débiles deben sufrir lo que puedan». Melos (que era una isla como Groenlandia) acaba mal.

Parece ser que hay muchos que se resisten a enterarse pero Trump no es aliado de nadie más que de sí mismo. Si apoya a varios partidos en Europa (y en esto tiene un enorme papel de intromisión en la opinión pública Elon Musk con X) es para desmembrarla con gobiernillos que incluyan a la extrema derecha y que con altisonantes proclamas patrióticas terminen en un mosaico de caciques nacionales incapaces de actuar unidos. Digamos que los atlantistas (Aznar fue un referente en esto) estaban equivocados y han obstaculizado y retrasado el poder de respuesta europea en la hora de verse sola. Digamos también que la estrategia de Manfred Weber en el Partido Popular Europeo favoreciendo el entendimiento con los ultras roza el colaboracionismo en un momento en que EEUU quiere intervenir en nuestros comicios y nuestra legislación para favorecer sus intereses e incluso tomar por la fuerza territorios de miembros de la unión. Eso no lo hacen los amigos sino el enemigo. Trump exige vasallaje y sumisión, no pactos, ni prosperidad compartida, no ningún orden con normas claras sino cesión a su voluntad y a sus caprichos. Aunque parezca increíble en buena medida su falta de respaldo a María Corina Machado se debe a que le dieran un premio Nobel de la Paz que él considera que le pertenece. Puede que a estas horas estén representando incluso que lo comparten, dado el nivel de desfachatez que estamos viviendo. Quizá esa pueda ser también una respuesta a nuestras cuitas.

Lo más opuesto a los melios, lo más contemporáneo, es la táctica de Gianni Infantino, presidente de la FIFA (a la que no hay ente humano que pueda dar lecciones de corrupción, claro) y que para ganarse a Trump de cara al Mundial se sacó de la chistera un premio de la paz, le entregó una dorada medalla y se arrastró como un palanganero con elogios desmedidos que le dieron muy eficaces resultados. Lo sabe bien también Josu Jon Imaz, que representando a Repsol adoptó al instante la pose de lacayo y sólo le faltó vestir librea para cantar alabanzas al emperador, a su traje nuevo, a lo que sea. El mismo Imaz que se quejó de que los pobres empresarios, no pueden ser «el pim, pam, pum del poder» y el «populismo». Es una maravilla de ver la vertiginosa recolocación del argumentario.

Démosle entonces el Premio Princesa de Asturias de la Concordia a Donald Trump; tal galardón, de manos de la realeza, en la moqueta del Teatro Campoamor, con nuestros gaiteros, ha de conmover sin duda al presidente de Estados Unidos, rindiendo homenaje nos concederá alguna dádiva. 

Podemos hacer eso, o podemos tener coraje y guardar el honor, llegar cuanto antes a una independencia europea que pase por autonomía en defensa y energía, y eso exige un sincero camino federal y sólo puede financiarse con deuda común, es preciso dejar atrás las tesis de los 'frugales' en la economía y rechazar también los pactos con los ultras, que son la quinta columna de los adversarios del continente. Es la hora de elegir, o elegirán por nosotros.