La economía de la furia

César Rodríguez Pérez
César Rodríguez JUEGO DE TRONOS

OPINIÓN

Campaña en Londres para pedir que cierren X tras el escándalo de las imágenes sexualizadas
Campaña en Londres para pedir que cierren X tras el escándalo de las imágenes sexualizadas Maja Smiejkowska | REUTERS

16 ene 2026 . Actualizado a las 08:37 h.

Es imposible disociar en nuestro tiempo la política y la tecnología. Los gigantes de internet hacen multimillonarios a sus dueños gracias la polarización y a los discursos de odio. Vivimos en la era de la economía de la furia (rage economy en inglés). Las plataformas y sus algoritmos dan cancha a las voces extremas, privilegian las emociones negativas, lo que separa, para causar indignación generalizada. Inyectan conflicto directamente en las venas de las sociedades democráticas. Porque es rentable. Porque dan clics. Porque atrapan nuestra atención.

¿Les importan las consecuencias? No. Cuando se erosiona la confianza en las instituciones y se alienta a los antisistema, ellos se vuelven más poderosos. Y se creen intocables, piensan que están por encima de la ley. ¿Lo están? No. Temen a la regulación sobre todas las cosas. El mejor ejemplo es Elon Musk. En medio del escándalo por el uso de su IA para hacer deepfakes sexuales, el altavoz global del guerracivilismo, icono de la ultraderecha, responde a su manera, con memes, rabietas y apelaciones a la «libertad de expresión» que él mismo ha relegado en la red X, la antigua Twitter. ¿Es razonable fiarse de uno de los grandes difusores de trolas del mundo? Solo si te crees que los consejos de un yutubero falabarato te pueden hacer rico en tres tardes.