El sheriff ajusticiado

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

Fotografía cedida por Prensa Miraflores del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en un acto de gobierno, con una gorra con el mensaje de  no a la guerra, sí a la paz .
Fotografía cedida por Prensa Miraflores del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en un acto de gobierno, con una gorra con el mensaje de no a la guerra, sí a la paz . ZURIMAR CAMPOS | EFE

18 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En las películas del oeste, que todos en algún momento de nuestras vidas, hemos tragado, los argumentos son sencillos: unos desalmados hacen tropelías hasta que un hombre bueno y justo les hace frente y les impone el rigor de la ley. Ese hombre suele ser el sheriff. Hay sin embargo una película titulada «El sheriff corrupto» donde quien resulta ser culpable de asesinato es el sheriff y el bueno es su ayudante. 

Todas las películas de este género encierran una moralina: el malo termina siendo ajusticiado. Ya nos gustaría que los muchos malos que hoy controlan el mundo terminaran ajusticiados. No solo Maduro. 

Fuenteovejuna de Lope de Vega es una de las obras cumbre del teatro español del Siglo de Oro. Un pueblo, todo el pueblo, está harto de las maldades del Comendador de Calatrava y le dan muerte. Los justicias enviados para hacer las pesquisas y hallar a los culpables solo logran una respuesta, siempre la misma: Fuenteovejuna Señor. 

Que sueño ilusionante sería ver a los pueblos o naciones unidas frente a las tiránicas autoridades que se ven por el mundo actual. Tristemente hay quien aplaude la actitud de un tal Trump Donald, que se muestra como un triunfador. 

Todos sabemos lo que sucedía en aquel pueblo, municipio, tiempos ha. El alcalde, en perfecta comunión con el arquitecto municipal y el jefe de la policía local, formaron un triunvirato perfecto. Controlaban todo y todos los habitantes vivían supeditados a ellos. Los ciudadanos tenían derecho a suplicar y obligación a mostrarse agradecidos. Allí no se concedían licencias, permisos o autorizaciones, se otorgaban favores. 

Quien entraba por el aro que aquellos personajes habían diseñado era digno de conseguir lo suplicado, quien intentaba hacer valer sus derechos se encontraba con un aro tan estrecho imposible de traspasar. Hubo unas elecciones y aquel triangulo se rompió, los ciudadanos lo celebraron, pero las dificultades de los modestos persistieron.  

Hay otra película, muy galardonada, titulada «Sin Perdón» donde Clint Eastwood interpreta al pistolero caza recompensas que toma la justicia por su mano y ejecuta sin trámite alguno a los culpables. 

No es necesaria gran sagacidad para buscar semejanzas en la actualidad con lo que se narra en esa película. Cine, teatro, novelas, son ficción que en ocasiones repugna por su temática, sin embargo vemos que la realidad es más despreciable

Algo estamos haciendo mal cuando no se distingue, cuando se encuentran en el mismo plano de valores, el gobernante surgido de un golpe de estado del que emana de unas elecciones