Leí esta semana el comentario exento de empatía de un usuario de redes sociales acerca del vídeo en el que una mujer de Minneapolis, enfermera y negra, confiesa estar aterrorizada por las redadas fascistas del ICE al no ser blanca. Este usuario se rio mucho porque, según él, si es residente legal, no tiene nada que temer. Cuando le dije que eso no es cierto, contestó que es posible que existan detenciones erróneas, pero que todo se aclarará después y la persona detenida y posiblemente apaleada por gorilas con chaleco antibalas, puede volver a su casa tranquilamente. Le dije que eso no siempre es así, pero que nadie debería verse en una situación semejante, sea legal o ilegal. Entre risas, me dijo que las personas de izquierdas somos las peores personas del planeta y que, aunque hay inocentes en las cárceles de Bukele, el resultado de esas políticas es muy bueno. Evidentemente, este usuario es tonto y cree que él está libre de sufrir una situación así, pero me temo que es un pensamiento muy extendido: el de encerrar a cualquiera si existe una ligera sospecha porque, de alguna manera, eso nos compensa como sociedad.
Esta deshumanización es realmente preocupante. En general, estas opiniones siempre han estado ahí, pero nunca antes se habían hecho tan explícitas ni quienes las expresan se habían sentido arropados por miles de tontos. Existen, además, a derecha e izquierda, algo que la ultraderecha sabe muy bien y utiliza para captar incautos. Quienes no tienen escrúpulos para encerrar a personas sin juicio, inocentes o no, tarde o temprano pasarán a engrosar las filas de la extrema derecha. La existencia de inocentes en la cárcel no es algo que nos deba tranquilizar pensando que el sistema compensará de alguna manera su mal funcionamiento. Un solo inocente condenado, una sola persona encerrada sin razones contundentes, sin juicio y sin fecha para él, me es suficiente para sentir rechazo por el sistema entero. Pero este rechazo no es comparable al desprecio que me produce la gente de a pie que piensa así.
Las encarcelaciones masivas de Bukele son fascistas. Hay cientos de testimonios de personas inocentes encerradas y torturadas, imágenes escalofriantes, familiares que no saben dónde están sus seres queridos atrapados por el régimen dictatorial. Acabar en una cárcel de Bukele es acabar en un agujero negro del que no se puede salir, y la idea de que un solo inocente esté sufriendo en esas pocilgas debería resultar aterradora a cualquier persona decente.
En España, tenemos un buen listado de inocentes encarcelados durante años. A nadie le importan. Se me hace muy difícil imaginar la soledad que esas personas han debido vivir y lo violento de su situación. Son personas a las que les roban vida, pues eso es el tiempo, que no podrán recuperar jamás. Incluso aunque sean pocas horas de detención, el trauma debe ser terrorífico, de ahí el pánico de la mujer de Minneapolis. Un estado al que no le importa detener a personas arbitrariamente, es un estado que es necesario derruir hasta la última piedra, un lugar que no merece la pena preservar bajo ningún concepto. Es lo único que se puede hacer desde un punto de vista civilizado.
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