¿Y si es la plata y no el oro?

Manuel Carracedo ECONOMISTA

OPINIÓN

COCCOCHIMET

Últimamente son muchos los artículos que nos hablan de lo mismo, la tendencia alcista de la onza de oro. Por actualizar la información de todos conocida y sobradamente repetida, el oro supera ya los 5.500 dólares por onza en un contexto de dólar débil y geopolítica revuelta. Los analistas nos hablan de que a corto plazo quizás esta tendencia se frene, pero, a largo plazo, la inversión en el preciado metal se vaticina rentable.

De todos modos, si todos hablan del oro, yo les hablaré de la plata, como otra posibilidad de inversión para nada desdeñable. En los últimos doce meses, el precio del oro se ha revalorizado un 85 %; la plata lo ha hecho un 250 %. Solo desde el inicio de este año, la plata subió más de un 65 % y ha llegado a alcanzar durante este mes de enero alguna subida intradía del 14 %. Hemos pasado en un año de 30 dólares/onza a 120 dólares/onza. ¿Y cuáles son las perspectivas?

Teniendo en cuenta que el mercado mundial de la plata ha sido deficitario durante el último lustro y que sus compras se han ido animando, no solo a nivel de grandes inversores, sino también a nivel minorista, ¿por qué no pensar en este metal como una estupenda oportunidad de inversión? Tiene su riesgo, como todas las inversiones, pero a mí personalmente me ofrece muchas más garantías que el bitcoin o cualquiera de sus hermanas o primas.

En la actualidad, más de la mitad de la demanda mundial de este metal noble es industrial. Es decir, la plata, además de ser un posible activo financiero, también tiene múltiples usos industriales que refuerzan su atractivo. Hablamos de un magnífico conductor eléctrico utilizado en la fabricación de vehículos sin emisiones y sus baterías. Otros usos la relacionan directamente con el sector de las energías renovables, al tratarse de un componente fundamental de los paneles solares. La pasta de plata forma parte de las células solares para transportar la electricidad y, aunque cada panel usa una pequeña cantidad, el volumen global es enorme. No olvidemos que hace quince años la energía solar era residual en nuestro planeta y, a día de hoy, uno de cada doce kilovatios-hora de electricidad en el mundo proviene de paneles solares, y todos conocemos cuál es la tendencia.

En el sector de la medicina y la salud, hablar de la plata supone hacerlo de uno de los mejores antibacterianos que existen en la naturaleza, de ahí su uso en apósitos, vendajes, catéteres, etcétera.

Así podríamos seguir escribiendo sobre las bondades de este elemento químico también utilizado en la mejora de la eficiencia energética del vidrio o en las mejoras medioambientales relacionadas con la potabilización del agua, pero considero que los ejemplos ya son suficientes.

Una vez expuesto lo anterior, todo hace pensar que quizá no sea oro todo lo que reluce, y que la opción de invertir en plata puede ser tan buena o incluso mejor. El tiempo lo dirá.