Hay que buscar la fórmula

OPINIÓN

Jorge Azcón deposita su voto para las elecciones autonómicas de Aragón en un colegio de Zaragoza.
Jorge Azcón deposita su voto para las elecciones autonómicas de Aragón en un colegio de Zaragoza. Javier Cebollada | EFE

13 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Se suele decir eso de que la alegría va por barrios cuando a uno le va genial y al del enfrente de pena. Lo que ya no sé es si esta expresión la podemos utilizar para describir los últimos resultados electorales, y particularmente los del PP y los del PSOE. A falta de conocer lo que decidirá la ciudadanía en las autonómicas de Castilla y León y de Andalucía, la tendencia electoral actual en España parece ser muy uniforme independientemente del territorio que se trate (a excepción de Galicia, donde Vox no ha penetrado en ningún lugar).

El PP sigue siendo el partido más votado y con más escaños, pero se deja por el camino apoyo popular. Por tanto, estas victorias amargas solo le sirven para dependen aún más del control de Vox al ser incapaces de aunar todo el voto de derecha (ello invalida, en la práctica, los planteamientos de que si no se tiene una mayoría parlamentaria capaz de aprobar los presupuestos hay que convocar automáticamente elecciones). El PSOE está tocando suelo. Su desgaste no lo amortigua ni tan siquiera un rostro conocido por las y los electorales. A su izquierda están con el enésimo intento de unir fuerzas (ahora con especial protagonismo por parte de Gabriel Rufián) pero, mientras tanto, su ligera subida no les sirve para dejar de ser los últimos y sin capacidad de que su fuerza sume lo suficiente para formar gobiernos progresistas (ha sido duro para Podemos que en Aragón hayan obtenido menos votos que Alvise). En sitios donde hay partidos nacionalistas como el BNG y Bildu o de carácter regionalista como la Chunta Aragonesista o Más Madrid sí que es verdad que se abren espacios a posibles cambios políticos en el futuro, pero mucho dependerá de que quien se está llevando la guinda del pastel deje de subir como la espuma. Solamente con las caras de las personas que acuden a los hoteles de concentración de los diferentes partidos cuando conocen los resultados podemos hablar de quienes son las y los verdaderos ganadores, y tanto en Extremadura como en Aragón donde más celebración hubo fueron en los actos de Vox.

En anteriores ocasiones he escrito que me parece que la política se basa en alcanzar acuerdos amplios, con carácter de permanencia en el tiempo, pero no se me escapa que en el contexto actual no es fácil conseguirlo. En un mundo ideal lo normal sería aprobar año a año los presupuestos en las diferentes administraciones y agotar las legislaturas (porque cuatro años a veces no son suficientes para culminar todos los proyectos previstos en la cartera de los gobiernos), pero sin embargo se ha normalizado la división, la inestabilidad y el bloqueo. Aunque la teoría diga que ante esa situación hay que dar voz de nuevo a la ciudadanía en las urnas, se ha apreciado que los resultados no siempre solucionan esa situación. Así es que me parece que la estrategia del PP ha sido nefasta en su objetivo de presionar a Pedro Sánchez de cara a que adelante las generales al no disponer de cuentas en todo lo que llevamos de legislatura. Es tal el fracaso que en Extremadura están ya barajando una repetición electoral ante las numerosas exigencias de Vox, que se ve más fuerte y reforzado para pedir más concesiones (espero y deseo que el PSOE extremeño no ceda a las presiones que le piden que se abstenga en la investidura de María Guardiola). Lo que está claro es que al PP no le funciona imitar el ambiente tóxico de la Comunidad de Madrid (donde con generosas cantidades de dinero financian a agitadores como Víctor Quiles, que nada tienen que ver con el buen arte del periodismo) y así quedó demostrado con el fracaso de Jorge Azcón de seducir al votante de ultraderecha (reconozco que me ha provocado mucha tristeza e indignación porque un partido de Estado como el PP debería separarse lo máximo posible de ese tipo de gente pero, lamentablemente, parece asumir y aceptar sus comportamientos con naturalidad).

Que Vox esté ya en un 20% de los votos considero que exige una profunda reflexión. Más allá de reconocer algunas causas que contagian a todas las democracias como son la ola reaccionaria que asola al mundo (salvo Portugal, donde afortunadamente el presidente será el socialista António José Seguro) y el voto de cabreo (por gente descontenta con su situación personal), hay datos que nos deberían alarmar, como que por ejemplo que en ciudades como Badajoz y Teruel el partido de Santiago Abascal ya ocupe el segundo puesto, además de penetrar cada vez más en pequeñas localidades (les da rédito político criticar la zona de bajas emisiones y el acuerdo con Mercosur, por ejemplo). Hay quien ve que su mensaje cala por su carácter transversal, y eso permite persuadir a quienes viven en barrios ricos y humildes, a quienes forman parte de las zonas urbanas y rurales y quienes culpan al diferente de todos los males (sea el colectivo migrante, LGTBI y al feminismo, entre otros).

Algo estamos haciendo mal quienes defendemos otras ideas. No está sirviendo que a lo largo de estos últimos siete años se haya avanzado en derechos sociales (no se percibe la necesidad de defender las políticas bandera de la izquierda). No conseguimos que se traduzca en más respaldo social en cada cita electoral, y yo reconozco que no sé la causa concreta (por supuesto que no me olvido de los casos conocidos de destacados dirigentes salpicados por la corrupción o acusados de cometer agresiones sexuales, porque ambas cosas han hecho un daño terrible). Pienso que el PSOE no puede conformarse con sobrevivir en La Moncloa y haber pacificado la convivencia en Cataluña/Catalunya. Es un partido ganador, de gobierno, y sin él no habrá progreso ni bienestar para la mayoría social. Hay que buscar la fórmula para darle la vuelta a los malos resultados y a los peores augurios antes de que sea demasiado tarde.