Manas (2024, Marianna Brennand Fortes) o la herencia del silencio

Raquel Álvarez ASOCIACIÓN DE CINE LA QUIMERA

OPINIÓN

Película «Manas»
Película «Manas»

19 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Antes de que el miedo encuentre nombre, ya se ha pegado a la piel. Manas (2024) comienza exactamente así, algo se ha roto en la vida de Marcielle aunque todavía no podemos identificar qué. Nada ha pasado, pero todo se siente distinto.

Marianna Brennand Fortes nos transporta a una comunidad ribereña en la isla de Marajó, al norte de Brasil, a través del sonido de las olas y la fuerza del viento agitando las hojas. Esta historia se irá construyendo a través del relato íntimo de una niña de trece años que comienza a comprender que el mundo que la rodea no está diseñado para protegerla.

Película «Manas»
Película «Manas»

Tielle observa gestos que se repiten, miradas esquivas y palabras veladas que anuncian una violencia latente que poco a poco lo irá impregnando todo. Aún no sabe ponerle nombre a lo que ve, pero comprende que debe aprender a guardar silencio. Su mirada funciona como eje central a lo largo de todo el film y rara vez la cámara abandona su perspectiva. La infancia no volverá a ser un espacio de refugio. De ambiente denso y ritmo pausado, Manas confía más en lo que se calla que en lo que se muestra, y ahí encuentra su fortaleza.

Cada figura femenina que rodea a Tielle encarna una existencia moldeada bajo esta misma lógica. No son víctimas pasivas ni cómplices conscientes, sino sujetos atrapados en un destino construído sobre estructuras que no supieron subvertir. Cada silencio funciona como una estrategia de supervivencia en un contexto donde el abuso se normaliza y se perpetúa a través de la transmisión generacional del trauma. La hermana mayor simboliza una forma de huida mediante un matrimonio que se asume como exitoso; la madre, incapaz de romper el círculo vicioso del abuso, se aferra al rol de defensora de quien se presenta como su salvador, y la más pequeña de la familia aparece como una figura al borde de ser absorbida por la misma herencia. Cada personaje muestra un estadio diferente de una misma tragedia compartida, como protagonistas de distintos capítulos de una historia cíclica.

La dirección de Brennand firma una obra naturalista, contenida, casi documental, donde el día transcurre entre la recolección de açaí, la pesca del camarón, las tareas domésticas y las telenovelas después de la escuela. La selva es inmensa, exuberante, pero los interiores se sienten asfixiantes y claustrofóbicos, donde ningún secreto puede ser guardado por mucho tiempo. El río, abierto e infinito, funciona como frontera entre ambos mundos, a la vez promesa de escape y muro invisible ante la huída. La película no juzga, sino que señala un sistema patriarcal que se perpetúa a través de la resignación y el silencio colectivo.

Película «Manas»
Película «Manas»

Manas genera una incomodidad persistente que acompaña al espectador mucho después de finalizar su visionado. Una narrativa que observa sin dinamitar, denuncia sin alzar la voz y nos recuerda que historias similares permanecen ocultas en lugares donde nadie presta atención. La propuesta de Brennand no es heróica, sino que conforma una experiencia cinematográfica íntima, frágil y sensorial pero a la vez profundamente política que se enmarca dentro de una tradición de cine social latinoamericano comprometido con visibilizar las diversas formas de violencia cotidiana como La Ciénaga (2001) de Lucrecia Martel o El despertar de las hormigas (2019) de Antonella Sudasassi Furniss. Manas es una expresión coloquial del portugués brasileño usado para referirse a «las hermanas», pero va mucho más allá de su significado literal: es una forma poderosa de nombrar a las chicas, a las amigas, a las nuestras. En esta palabra habita la idea de comunidad femenina, legado y sentido de pertenencia, conceptos que vertebran la película. Ser manas significa acompañarse y afirmarse juntas.

A pesar de su trayectoria en el ámbito del cine documental, Brennand opta por la ficción para dar forma a una obra fundamentada en una década de investigación sobre el abuso infantil en ciertas comunidades de la selva amazónica. Una realidad que, hasta hace muy poco, permanecía ausente en el debate público en Brasil. Gracias a los testimonios de numerosas víctimas, la cineasta pone el foco en los relatos desgarradores de abuso y explotación, tanto dentro como fuera del entorno familiar. La película se desarrolla con un profundo respeto y cuidado, combinando la preservación de la intimidad de las víctimas con una meticulosa preparación del elenco de actrices, ayudando a protegerlas del impacto emocional que podrían experimentar al recrear las situaciones de violencia que se reflejan en la cinta.

La interpretación de una debutante Jamilli Correa resulta crucial para sostener ese delicado balance entre fragilidad y consciencia. No hay catarsis ni rebeldía, tampoco una fisura del orden establecido. La violencia no se muestra, pero se siente; el duelo no se expresa, se habita. Tielle se deja atravesar por el dolor y Brennand nos obliga a sentir con ella.

Con apoyo de figuras clave del cine social contemporáneo como Jean-Pierre y Luc Dardenne, y nominada a los Premios Goya como Mejor Película Iberoamericana, Manas se inscribe en una corriente que entiende el cine como intervención ética y política. No ofrece soluciones definitivas, pero sí cuestiona estructuras que parecen inalterables, da voz a quienes han sido silenciados y despierta conciencia sobre realidades que permanecen invisibles al otro lado del mundo.