En un tiempo en el que todo parece medirse por la inmediatez, por la rentabilidad rápida y por la desconexión creciente entre el mundo urbano y el rural, resulta más necesario que nunca detenerse y reconocer aquellas realidades que sostienen, en silencio, nuestra forma de vida. En Asturias, y en concreto en Tineo, tierra profundamente ligada a la ganadería, a las ferias tradicionales y a la cultura del campo, ese reconocimiento cobra una dimensión especial.
La feria del perro de Tineo se ha convertido, con el paso de los años, en un referente popular y social, un punto de encuentro donde se pone en valor no solo al animal, sino también a las personas y colectivos que trabajan por el bien común. Que este año el premio recaiga en el Pastor del Oso no es casualidad, sino un acto de justicia histórica y social.
En Tineo, tierra de ferias, de ganadería y de memoria rural, se concede cada año un reconocimiento a iniciativas que generan beneficios reales para la sociedad. Este 8 de marzo a propuesta de la asociación ecologista de occidente Fontes del Porcia, ese premio recae con todo merecimiento en una figura tan silenciosa como imprescindible: el Pastor del Oso, un perro único, guardián del ganado frente al lobo y símbolo vivo de una forma de entender la convivencia entre el ser humano, los animales y la naturaleza.
Pero este galardón no es solo para un perro. Es, sobre todo, un homenaje a las familias ganaderas que durante siglos lo cuidaron, lo seleccionaron y lo protegieron, cuando nadie hablaba aún de bienestar animal ni de defensa de las razas autóctonas. Gente del campo que, con conocimiento transmitido de generación en generación, supo que proteger al ganado no pasaba por la destrucción del entorno, sino por el equilibrio. Gracias a ellas, hoy el Pastor del Oso sigue latiendo en nuestras montañas como un baluarte fundamental de la ganadería extensiva en Asturias.
La mayoría de la sociedad desconoce que existe un perro capaz de desempeñar con eficacia y dignidad la labor de protección del ganado indefenso frente al lobo. Y aún más preocupante es que, aunque la clase política en gran parte sí conoce esta realidad, las medidas de apoyo económico, técnico y normativo sigan siendo escasas o insuficientes. Mientras tanto, los ganaderos hacen auténticos equilibrios sobre el alambre para sostener sus explotaciones, muchas veces sin ayudas públicas y con un respaldo político mínimo.
La ganadería extensiva no solo produce alimentos; mantiene paisajes, fija población en el territorio, conserva biodiversidad y protege tradiciones que forman parte de nuestra identidad como pueblo. Sin embargo, quienes la practican sienten a menudo que su esfuerzo no es reconocido ni comprendido. La convivencia con grandes depredadores como el lobo exige soluciones reales, eficaces y sostenibles, y el Pastor del Oso ha demostrado, durante generaciones, ser una de ellas.
Y, sin embargo, son ellos quienes hacen posible que los alimentos lleguen a nuestros hogares. Son ellos quienes mantienen vivo un patrimonio natural y cultural que va mucho más allá de lo económico. Son ellos quienes han protegido animales cuando todavía no era una causa popular ni una consigna política.
Hablar de protección animal no es una moda ni una exigencia ideológica: es una necesidad vital. No se trata de exigir tener animales, sino de cuidarlos, respetarlos y comprender su papel esencial en nuestras vidas y en nuestra supervivencia. El Pastor del Oso es el mejor ejemplo de que la defensa animal puede ir de la mano del trabajo, del respeto al territorio y de la ganadería sostenible.
Este reconocimiento debería servir también para generar una mayor conciencia social. La protección animal no empieza ni termina en el ámbito urbano; nace, muchas veces, en el mundo rural, en la relación diaria entre el ser humano y los animales de los que depende su sustento. Defender al Pastor del Oso es defender una manera ética y responsable de relacionarnos con la naturaleza.
Este premio es justo. Es merecido. Y debería servir como ejemplo para reconocer y apoyar a quienes, con esfuerzo silencioso, consolidan realidades tan importantes para el presente y el futuro de Asturias. Felicidades a los pastores, a las familias ganaderas y a todos los que han hecho posible que esta historia siga viva. Porque proteger a los animales también es protegernos a nosotros mismos.
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