Fundamentalismos

OPINIÓN

Donald Trump, en una reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, este martes en la Casa Blanca.
Donald Trump, en una reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, este martes en la Casa Blanca. Jonathan Ernst | REUTERS

05 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El otro día leí, en la red social anteriormente conocida como Twitter, a un usuario asegurando que, con el bombardeo a Irán, Donald Trump ha hecho más por las mujeres iraníes que todas las feministas del mundo. Estos que dicen estas cosas, envidiosos de fatwa, en el fondo, supongo que creen que haber asesinado a docenas de niñas que estaban en la escuela en ese momento, es un triunfo para las mujeres iraníes. El trumpismo es así, todo lo malo es bueno y todo lo estúpido es brillante. Un hombre viejo, blanco y turbio que se expresa por escrito y hablando como un niño de cinco años, es un héroe.

El que pretendan erigir a un agresor sexual condenado en un símbolo de la lucha de las mujeres en cualquier lugar del planeta, produce un poco de vergüenza ajena, más si tenemos en cuenta que quienes suelen esgrimir esas opiniones son los equivalentes de los ayatolás en España, gente muy dispuesta a cortarle las alas a las mujeres y al feminismo porque bueno, ya saben que todo esto de la liberación de la mujer ha llegado demasiado lejos y está produciendo señores muy enfadados porque ya no pueden ir por ahí arrimando la cebolleta sin permiso.

Donald Trump no pretende liberar nada y tiene toda la pinta de que ni tan siquiera tiene un plan que no pase por la destrucción, no solo de Irán, sino de todo el planeta, incluyendo su propio país, porque a Donald Trump solo le importa Donald Trump. Suponer que una cuadrilla de fundamentalistas religiosos como Marco Rubio van a hacer algo por el bien de las mujeres en cualquier lugar del planeta no es sincero. Más bien es una opinión cargada de segundas intenciones: la de enseñar a las mujeres que, fuera del fundamentalismo islámico, hay un fundamentalismo bueno, uno fetén, uno que no les va a obligar a taparse la cabeza: el fundamentalismo cristiano. Todos estos hombres, aunque también existen mujeres con este pensamiento al respecto del ataque ilegal a Irán, en realidad quieren a las mujeres con la pata quebrada y en casa, como solía decir mi madre, y no les interesa, ni tan siquiera de lejos, la liberación de la mujer ni en Irán ni en ningún otro sitio.

Creo que, ahora que se acerca el 8 de marzo, es bueno tener esto muy en cuenta: ninguno de los partidos de ultraderecha va a liberar a mujer alguna y todas sus políticas y sus ideales están encaminados a todo lo contrario: prohibir o restringir hasta la asfixia el aborto, restringir su derecho al voto (de esto ya se están encargando en EEUU, esa supuesta democracia), y atacar las políticas de igualdad y terminar eliminándolas. La ultraderecha mundial es tan enemiga de occidente y de la democracia como los ayatolás. Entenderlo es el primer paso para intentar salvar nuestra civilización, sus avances hasta ahora y los avances que estén por venir.