No son complejos, son valores

OPINIÓN

Manifestación del 8M en Oviedo
Manifestación del 8M en Oviedo

09 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo habrán escuchado en la televisión, quizás también en la calle. «Derechita cobarde» o «acomplejados», son algunas de las formas con las que desde la extrema derecha califican a quienes, identificados con posiciones de derecha y centroderecha, rebaten sus planteamientos. 

Radicalidad y populismo siempre van unidos. Aquellos que hacen política desde las vísceras, instrumentalizando los padeceres de sus compatriotas, ofrecen soluciones tan sencillas como falsas a problemas complejos. Ignoran el sentido común, cultivan el dogma y arremeten contra toda crítica. 

Son incapaces de entender que no hay cobardía ni complejo en no tratar a aquellos con los que no se comparten ideas políticas como enemigos, si no como adversarios con los que confrontar desde el respeto. La defensa de la convivencia debe primar sobre cualquier diferencia ideológica. Sin concordia, no hay libertad. No hay paz. 

No hay renuncia alguna de los principios conservadores o liberales en defender el feminismo, entendido como la apuesta por la plena igualdad de derechos y deberes entre mujeres y hombres. La ausencia de dogmas permite rechazar por igual tanto a quienes utilizan la causa feminista como una infructífera guerra de sexos, como a aquellos que demonizan la mencionada equiparación bajo prejuicios machistas. 

No son cobardes ni acomplejados quienes piensan que el fenómeno migratorio debe ser ordenado. Tratado con la rigurosidad que merece una cuestión imparable que, dependiendo de cómo sea gestionada, puede tornarse en una oportunidad o en un grave problema. Es imprescindible la aplicación de políticas sensatas que no olviden que el migrante es un ser humano en auténtica situación de vulnerabilidad, merecedor de todo respeto, amparo y dignidad. 

No acobarda, tampoco acompleja, defender la historia de España desde el conocimiento y la aceptación de los éxitos y desaciertos cometidos por aquellos que nos precedieron. Ni gloriosos mitos, ni leyendas negras. Siendo capaces de realizar un análisis objetivo y útil que nos ayude a no repetir los mismos errores, se podrá confrontar a quienes hoy usan tiempos pasados para generar división. 

La familia es la viga maestra de la sociedad. Negar la existencia de distintos tipos de familias es tan anacrónico como reaccionario creer que tienen menos derechos que la llamada familia tradicional. 

Y no, no hay complejo, tampoco cobardía, en defender el amor entre dos personas, al margen de su sexo, ni su derecho a legalizar su unión —su matrimonio— y a construir un hogar. 

Los principios que han contribuido a consolidar la democracia y el progreso de la nación durante los últimos cincuenta años bien merecen ser preservados frente al extremismo, esquivando la tentación de ser el eco de un ruido ultra. 

Son estos tiempos complejos, en los que nada resulta más revolucionario que enrolarse en la causa de la moderación y el sentido común. 

Y no, no son complejos. Son valores.