Pedro Sánchez y Donald Trump, durante la cumbre celebrada el año pasado en Egipto.
Pedro Sánchez y Donald Trump, durante la cumbre celebrada el año pasado en Egipto. Suzanne Plunkett | REUTERS

08 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El 26 de febrero de 2019, Michael Cohen, antiguo abogado y mediador de Donald Trump en más de una fechoría, declaró en audiencia pública ante el Congreso de EE.UU:« Me avergüenzo [de haber trabajado para Trump] porque sé lo que es [ahora] el señor Trump. Es un racista. Es un estafador. Es un timador». Qué decir a las palabras de Cohen. Que se quedó corto, posiblemente para no ser arrastrado a los tribunales por el presidente estadounidense (en su primer mandato). Porque por lo que sabemos, y es muy poco de su pletórico historial delictivo, es que, además, es un misógino, un pederasta, un dictador y un criminal sin miramientos, todos ellos atributos de un megalómano que no se ha quedado desgraciadamente en la esfera de su familia y negocios, sino que vuelve a estar al mando de la nación más influyente y armada del mundo, esfera esta que le permite amenazar, castigar, secuestrar, asesinar, invadir y poner patas arriba al propio mundo. Sus blancos son fáciles. Atacar a los difíciles, a los órdenes autoritarios de Rusia y China, es harina de otro costal, de donde los derechos humanos y la democracia son excusas de este depredador de derechos y democracias.

La guerra que ha desatado hace nueve días, junto al sionismo israelita, contra Irán (y el sionismo también contra Hezbolá con la oculta intención de apoderarse del sur del Líbano, enmarcada esta intención en el «Plan de Dios» de recomponer el Gran Israel: del río Jordán al mar Mediterráneo), y cuyas derivadas regionales estamos viendo y que sería de ilusos obviar una escalada mucho mayor y, en último y no imposible término, el uso de cabezas nucleares (Putin ha empezado a cooperar con Teherán), guarda, esta guerra, relación íntima y directa con la personalidad perversa de esta mente maníaca (demoniaca en el argot religioso) que se eleva por encima de las leyes y organismos internacionales y se autoproclama el gendarme de lo humano y de lo divino.

Qué decir. Que, aparte de que millones y millones de estadounidenses son unos fervorosos nazis (el propio Trump confesó en una ocasión que le gustaría contar con los generales de Hitler, unas inteligentes marionetas, no como su general del Estado Mayor Conjunto, Charles Brown, que en enero de 2021 se negó a sacar las tropas de los cuarteles para reponerlo en la presidencia, que había perdió en las urnas; ese general fue destituido nada más iniciar su segundo mandato y sus fotografías y su nombre desaparecieron del Pentágono: la muy antigua, ya desde el Egipto faraónico, y nunca caduca práctica de la <<damnatio memoriae>>). Recapitulamos: aparte del nazismo yanqui, el servilismo de Europa, y en cada país, el servilismo de los trumpistas incondicionales (en España: Abascal, Ayuso, Feijóo, Aznar…), respalda cada locura de este «guardián entre el centeno», por recordar uno de los títulos literarios más influyentes del siglo XX, por obra y gracia del grandioso J.D. Salinger, aunque el título que adjudicamos a la versión trumpista es la némesis del de Salinger.

Hemos empleado a propósito la palabra némesis por la información aparecida el otro día en el «Financial Times», en la que se afirmaba que Pedro Sánchez es «la némesis de Trump en Europa» por oponerse a la guerra, posición «respetable» que trata de «poner freno a EE.UU.», frente a los que “intentan apelar a la vanidad de Trump, diciéndole [Sánchez a Trump] lo que ningún otro líder europeo se atreve a decir”.

Lo que el diario británico, liberal de derechas hay que aclarar para quien se haya alejado de contextos periodísticos, estaba cimentando con lo anterior es que Trump y Netanyahu están repitiendo las mentiras y los errores de Bush, Blair y Aznar en 2003 con Irak. Porque ni tenía Bagdad entonces «armas de destrucción masiva» ni, hoy, Teherán está en condiciones de desarrollar armas nucleares. De hecho, el pasado año, tras el bombardeo estadounidense a las instalaciones de enriquecimiento de uranio, Donald Trump aseveró que habían acabado con la capacidad atómica iraní. Paro todavía más zafio, porque mientras Bush y Blair pedían perdón, el Aznar, que ocasionó decenas y decenas de muertos, sigue sin hacerlo. Este es el «estadista» que tuvimos y sufrimos y uno de los ideólogos del renacido franquismo patrio.

Qué decir pues. Lo dijo el presidente de nuestro Gobierno: «No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo [como lo fue en 2003] por miedo a las represalias de alguno [Trump]… Los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales [una de las pasiones de <<7291>>] para construir misiles son los de siempre». Y qué dijo Núñez Feijóo a los suyos en el Congreso de los Diputados. Dijo: De Morón despegan cazas. Dijo: La ministra de Defensa, Margarita Robles, le transmitió al embajador estadounidense que «estaba con Trump». Dijo: La Moncloa, así, reculó tras la advertencia de castigo a España de una de las portavoces de la Casa Blanca. Dijo también el líder de la «descomposición»: «El que habla del no a la guerra, ahora manda una fragata de guerra [¿habrá fragatas de recreo estival?] a la guerra».

Desvelemos estas cuatro patrañas del gallego. Primera: Feijóo no aportó, ni puede aportar, prueba alguna de los pretendidos vuelos desde Morón hacia el frente, porque sencillamente no los hay. Segunda: Margarita Robles no le dijo al embajador «estoy con Trump», sino «estoy cómoda», respondiendo a una pregunta amable del anfitrión; el vídeo se vio miles de veces y todos, incluidos los medios más antisanchistas, hablan de la «chapuza» del PP en esta falaz y muy consciente manipulación que da vergüenza, vergüenza ajena, propia e «urbi et orbe». Tercera: Otra prueba de tal manipulación y de que España no reculó ante la irritación de Trump es que este, al día siguiente del encuentro en la embajada, volvió a despreciar a nuestra nación: «España es una perdedora». Cuarta: La fragata «Cristóbal Colón» forma parte de un convoy europeo que encabeza el portaaviones francés «Charles de Gaulle», con la misión de proteger el cielo de Chipre, miembro de la UE, de los drones y misiles iraníes, no para lanzar fuego contra los persas; es decir, en el marco suscrito por los 27 en materia de defensa y ayuda a un miembro agredido: legalidad; es decir, el “no a la guerra” es compatible con la misión europea de defensa de Nicosia, como Madrid querría de ser ella la víctima, o Sofía, o Berlín…

Qué decir. Decir de un partido que nos metió en una guerra impostada, de un partido que glorificó y sigue glorificando la matanza de los palestinos, ya en Gaza, ya en Cisjordania, y que apremia al sádico de Washington a no decaer en su cruzada contra el infiel, contra la democracia, contra la ley, contra la UE, y, sin embargo, callando ese mismo partido, el PP, y el otro, Vox, el respaldo que Trump da al régimen bolivariano de Venezuela a través de Delcy Rodríguez, su «alter ego» en Caracas, una vez secuestrado Maduro, porque los intereses del yanqui no son humanísticos, sino geopolíticos y económicos. Como tampoco son humanísticas las intenciones con el pueblo iraní, pues se acaba de atribuir la presidencia del país asiático a través de la persona que él elija. El PP no abre el pico ante este teocrático (rezando en el Despacho Oval con sectas religiosas perturbadoras), ni ante el otro ultra religioso, Benjamín Netanyahu. El uno y el otro son lo más parecido al régimen de los ayatolás, rango que le adjudica a Sánchez el Stalin español de las purgas en su formación fascista, un tal Abascal.

Pedro Sánchez ha recibido el apoyo de París, de Londres, de Bruselas y de otras capitales europeas. Sánchez, desde la invasión del sátrapa Vladimir Putin a Ucrania, no ha cejado de denunciar todos los atentados (terroristas, Estados terroristas) a la legalidad internacional y a las recomendaciones y mandatos de las Naciones Unidas. Y un apunte pertinente: Gran Bretaña, con el gran enfado del mandatario estadounidense, se ha negado a prestar las bases conjuntas para bombardear al enemigo. Pero más revelador todavía: Meloni, la más próxima, con Orbán, al fanatismo de Trump, ha seguido la pauta del británico que, a su vez, siguió la del español, ese que dicen Aznar y Feijóo que se ha quedado solo en el panorama internacional, cuando, y como siempre que ladran, es justamente lo contrario: Pedro Sánchez, que está en las portadas de los periódicos de más de medio mundo, generalmente para aplaudirlo, es desde hace unos años, y ahora mucho más, el referente ético del orden internacional establecido tras el horror de la Segunda Guerra Mundial.

Qué decir finalmente. Que la extrema derecha española, como la internacional, es lacaya del matón del barrio, acaso, además de por ideología, por si al psicópata le da por lanzar «serpentinas» sobre las guaridas de Santiago Abascal, José María Aznar y Esperanza Aguirre (tuvo los santísimos cojones de afirmar que la matanza de las niñas iraníes en un centro escolar, 168 cadáveres, por los aviones de este nuevo Eje del Mal era un bulo: EE.UU. admite que, previsiblemente, fueron ellos los autores), o contra el alto piso de ancha cama y de luminosa cocina de Chamberí, o contra el privadísimo chalet de la privadísima playa de la pareja del tétrico gallego, o contra las mansiones de los dueños de los cortijos. Qué decir, joder, qué decir.