Educando en feminismo

OPINIÓN

Vista de la manifestación convocada por el movimiento «Asturies Feminista 8M» con motivo del Día Internacional de la Mujer bajo el lema «Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista»
Vista de la manifestación convocada por el movimiento «Asturies Feminista 8M» con motivo del Día Internacional de la Mujer bajo el lema «Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista»

09 mar 2026 . Actualizado a las 09:10 h.

Este es mi primer 8M como madre, y tengo claro que voy a educar a mi hijo en la igualdad que me gustaría que imperase en una sociedad que aún está dominada por el heteropatriarcado. Pero, ay amiga, no vivimos solos y aislados en una burbuja feminista; muchos de los pasos que doy a favor de esa sociedad igualitaria se encuentran con baches, los que esa educación patriarcal ha grabado tan a fuego en la memoria de tanta gente que es difícil sortearlos. ¡Pero no imposible!

Puede que su padre y yo intentemos educar a nuestro hijo de una manera concreta pero somos conscientes de la influencia que ejerce el resto de la sociedad sobre él. Ira al colegio, a clases extraescolares, tendrá amistades… Y, claro, por esas vías le pueden llegar muchas cosas que contradigan lo que le enseñamos en casa.

El rosa es de chicas , y el violeta y el lila. No nos cansaremos de explicarle que los colores no tienen género y que son de quien le gusten. Que cualquiera puede llevar lo que quiera del color que quiera.

El pelo largo es de chicas…Equipos de los niños y equipos de las niñas…Las niñas no juegan al fútbol..

Y el mítico ¡Qué guapo! Pensaba que era una niña Esta frase, cosecha de muchos hombres y mujeres que todavía presuponen que la belleza es una cualidad exclusivamente femenina. El género masculino, ya sabemos, tiene otras: fuerza, valentía... Llevo oyendo esto casi desde que me convertí en madre… y da pereza, mucha pereza.

Por todo esto educare a mi hijo en el feminismo no por ideología, si no porque es libertad . Es posibilidad. Educar en el feminismo no es ponerlo en contra de su identidad, sino permitirle construirla fuera del molde que aprieta. Es decirle que ser niño también puede incluir la ternura, la fragilidad, el juego libre, el pensamiento crítico y el deseo de cuidar.

Es enseñarle que el mundo no gira en torno a que él mande, sino en torno a que todos ,incluyéndolo, puedan vivir con dignidad y autonomía.

No hay libertad si se confunde el poder de dominar con el valor.

Educar con perspectiva de género es una oportunidad para que los niños crezcan completos, sin tener que demostrar todo el tiempo que «son lo suficientemente hombres». Para que no vivan con miedo a sentir, a cuidar, a hablar. Para que no hereden la armadura que rompió a las pasadas generaciones de hombres.