Parece una tendencia imparable en internet y los móviles. Antes buscábamos, ahora preguntamos y, por obra y gracia de la IA, hablamos con asistentes capaces de procesar cuestiones complejas y de responder, de forma oral o escrita, en lenguaje natural.
El cambio está aquí. Lo confirman anuncios como el que hizo Google en redes sobre su servicio Maps, el que usamos para llegar a cualquier punto del planeta. Hasta ahora introducíamos coordenadas, direcciones exactas o nombres de sitios. Procurábamos no usar palabras de más, subíamos el volumen y afinábamos la vocalización para que el GPS nos entendiera. No se despistara. Esa práctica pasará pronto a la historia. Ya lo ha hecho en Estados Unidos y la India. Allí la IA -Gemini- ha asumido las riendas y responde a consultas como «recomiéndame un sitio cerca que tenga una mesa libre para cuatro». Lo hace indicando como llegar, haciendo ella la reserva, y recomendando un local para tomar algo antes o después.
Las conversaciones orales y escritas con seres sintéticos son el futuro. Lo han interiorizado los más jóvenes. Y se adaptarán fácilmente los más mayores, que ya fueron pioneros a la hora de enviar audios por WhatsApp para evitar problemas con interfaces que no manejaban bien, como los teclados.
Las máquinas no solo hablarán con humanos, sino también con otras criaturas digitales que actuarán de forma autónoma, no solo cuando se lo pidamos. ¿Los podremos controlar? Esa es la gran incógnita para los próximos años. Son tiempos fascinantes. Viene una revolución. ¿Quién perderá? ¿Quién ganará?
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