Hace unas semanas, cuando Pablo Bustinduy anunció la aprobación de un marco estratégico para la soledad no deseada, el estercolero de Elon Musk y sus minions, en su sección española, se ocupó de señalar que esa soledad no deseada es fruto del divorcio exprés, del feminismo y de estrategias de destrucción de la familia por parte de un gobierno comunista que, de forma decepcionante, no anda enviando a estos opinólogos amateurs a un campo de reeducación. También algunos medios de extremo centro se han ocupado de plasmar ese malestar conservador contra el marco estratégico, que ya veremos en qué queda, y han señalado todo esto, con menos palabras gruesas, añadiendo al cóctel nada menos que el Ingreso Mínimo Vital, que al parecer segrega a la gente. Sí, sí, no me lo invento. Otros han optado por señalar que la soledad es un invento moderno. Malditos modernos, con sus diabólicos inventos, sus matrimonios igualitarios y todo eso. El campesino medieval, dicen, no sufría soledad alguna. Juro por mi vida que he leído esto en un medio español.
La realidad es que en España hay mucha soledad no deseada y que este país es, en ocasiones, falsamente amigable, escasamente solidario y terriblemente violento para las personas solitarias. Créanme, detecto esa hostilidad en cuanto algún medio reaviva el tema o en cuanto escribo sobre este asunto en mi newsletter o en redes sociales: hay una hostilidad espantosa en el peor de los casos y una indiferencia que no puede ocultar el desprecio en el mejor. Las personas solitarias somos defectuosas, nuestra naturaleza es así, somos malos españoles y, por si fuera poco, ahora tenemos que lidiar con la reacción hostil porque la machosfera habla de una inexistente pandemia de soledad masculina y el lado progresista identifica con la machosfera a cualquier hombre que hable de soledad. La persona solitaria en España destruye un mito, resquebraja ideas preconcebidas que solo se sostienen en el consumo de alcohol en grupo, recuerda que, en el caso de sufrir soledad, el abismo entre los demás y la persona solitaria, solo puede ensancharse.
Así, tenemos por un lado a las filas progresistas, a pesar de Bustinduy, ignorando o despreciando el sufrimiento de otros con notorio entusiasmo y por otro, tenemos a la carcundia de familia, dios y patria, señalando la soledad que sufren miles de personas en nuestro país es culpa del IMV, del feminismo y del divorcio. Como persona solitaria, me resulta muy difícil expresar cómo me siento al respecto porque la actitud de la gente es muy violenta sobre este tema. Me veo obligado siempre a escribir sobre esto de puntillas, calculando milimétricamente mis palabras y poniendo todo el cuidado del mundo para no recibir un chorreo de odio. Cuando un anciano fallece en casa completamente solo y nadie se da cuenta hasta mucho tiempo después, en lugar de compadecer una muerte tan terrible, las redes sociales en España se llenan de suposiciones basadas en nada que convierten al muerto en un monstruo. No me lo invento, no. Es una reacción muy habitual y es más hostil a medida que nos adentramos en el pensamiento progresista. Es muy difícil ser una persona solitaria en este país de alegría artificial y falso buen rollo. La izquierda te ve como un monstruo y la derecha como una víctima del comunismo. Es insoportable. Es estúpido. Es infantil. Por supuesto, cuando gobierne la derecha, la ultra y la menos ultra, todo este marco estratégico irá directamente a la basura, y así el nuevo gobierno colmará las expectativas al respecto de todo tipo de votantes. Preguntarse cómo es que crece la ultraderecha en España, para mí no tiene sentido, ese pensamiento ha cuajado divinamente en muchas personas de izquierdas que aportan su granito de arena y que, sí o sí, acabarán mordiendo el anzuelo y tragarán con lo que haga falta. El sustrato ya está puesto.
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