Kim Yo Jong, la hermana del líder de Corea del norte Kim Jong
Kim Yo Jong, la hermana del líder de Corea del norte Kim Jong SPUTNIK | REUTERS

22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unas semanas se tradujo al castellano el libro La hermanísima. La mano negra de Corea del Nort, referida a Kim Yo Jong, la hermana predilecta del Gran Líder Kim Jong Un, escrito por el profesor surcoreano Sung-Yoo Lee, en el que se describe su paulatino ascenso al poder, visible en 2018, cuando asistió, y se la vio por primera vez en público, a los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Corea del Sur, hasta ser elevada por su hermano a la categoría de «Querida Líder», la segunda persona con más poder en el país y futura sucesora o regente, hasta que esté preparada para gobernar la hija mayor de Jong Un (si sale con vida), en caso de muerte de este (su salud es precaria: diabetes, obesidad, dificultadas severas para respirar, arterias muy dañadas…). Lo que se cuenta en este ensayo, pese a ser sabedores del horror promovido por el despotismo de Pyongyang, no deja de conmover. (El mayor mausoleo del mundo de la era contemporánea, donde se hallan los restos momificados del abuelo y del padre de los dos hermanos, a donde irán a parar sus huesos con el tiempo y los de su linaje, es el Palacio del Sol de Kumsusan).

El autor comienza con el árbol familiar, que se remonta al fundador de Corea del Norte, Kim II Sung, que con la propaganda y el terror consiguió ser mitificado como el hombre que echó a los ocupantes japoneses en 1948, tras la rebelión que protagonizó con sus leales subordinados desde las faldas del monte Paektu, en la frontera con China. Desde entonces esta familia se la conoce como el «Linaje del Monte Paektu», el único que puede gobernar o, más precisamente, aunque parezca una contradicción por autoproclamarse una república comunista, reinar en el país, porque tras la muerte de aquel en 1994 lo sucedió su hijo Kim Jong ll, y a este, en 2011, su nieto Kim Jong Un. Es decir, una monarquía hereditaria con su corte y vasallos, donde a los niños primogénitos se les llama «príncipes» y «princesas».

Para ratificar la inviolabilidad de este linaje, Jong Un dijo en un discurso, en 2013, en el Monumento del Campo de Batalla Revolucionario de Samjiyeon, un lugar sagrado de forzosa peregrinación nacional situado al pie del totémico monte Paektu: «Para heredar y completar a través de las generaciones grandes tareas de la revolución «Juche» [independencia política] y la revolución «Songun» [primero, lo militar], debemos mantener viva eternamente la existencia de nuestro partido y de la revolución con el linaje del monte Paektu, y heredar y desarrollar incesantemente la tradición de la revolución, adhiriéndonos por completo a su pureza». Es decir, que el Estado y el Partido «deben mantenerse vivos gracias al linaje del Paektu», en palabras posteriores de su hermana Yo Jong, quien ya para entonces se había hecho con el control del departamento de propaganda y, en muy poco tiempo, sin cargo en el partido ni en el gobierno, sus órdenes solo estaban sujetas a las contraórdenes de su hermano.

Es irónico que, mientras el régimen persigue a los cristianos, adopte la fórmula de los Diez Mandamientos para asentar los principios despóticos por los que se ha de regir el pueblo, con el nombre de los Diez Principios, que emanados de su abuelo-dios, fueron instituidos por su padre, Kim Jong ll, en 1074, para santificar el «Liderazgo Monolítico» del linaje dinástico. A diferencia de los recibidos por Moisés, estos se resumen en un solo: «Debemos darlo todo por el Gran Líder y su progenie», algo así como «Amarás a Dios sobre todas las cosas», porque «Amar al prójimo como a ti mismo» sería una profanación de la versión coreana de las Tablas de la Ley. En 2013 se revisaron los Diez Principios, y ese es el año en el que los expertos colocan a Kim Yo Jong la primera a la derecha de Jong Un, y no tardará ella en hacerse visible con mensajes del tipo: «bastardos estadounidenses», dirigido a Trump tras los tres encuentros con su hermano; o a Moon Jae In, presidente surcoreano: «nació estúpido» y se volvió« tonto, sordo, carente de criterio», «loro criado por Estados Unidos»; o amenazas a Seúl: «nuestra fuerza de combate nuclear tendrá que cumplir inevitablemente con su deber», lo que acarreará «un destino miserable, casi la destrucción y la ruina totales»; al sucesor de Moon, Yoon Suk Yeol, que, a cambio de su desnuclearización, se comprometió a hacer enormes inversiones en el Norte: infraestructuras, hospitales, escuelas, alimentos, combustible, etcétera, Kim Yo Jong le espetó que su propuesta era «como el ladrido de un perro» y lo calificó de« ignorante, estúpido, miserable y realmente simple e infantil», y que lo detestaba como ser humano, o calificó a los generales sureños de «militares matones» y «gánsteres», que «en realidad no pueden ser ni perros, pero siguen ladrando».

A Kim Yo Jong no le tosían sus propios generales. A uno, por no aplaudir frenéticamente un discurso de su hermano, lo hizo asesinar en una plaza pública, pero no con métodos convencionales, sino con una versión moderna del cañón, que lo descuartizó. La princesa de la corte de Pyongyang tenía el poder de decidir quién vivía y quien moría, quién era degradado y quién acababa en un campo de concentración. En 2018 el vicepresidente Mike Pence, que acudió a los JJ.OO. en representación de su país, dijo que «se estima que 100.000 norcoreanos sufren en gulags, realizando trabajos forzados y soportando tortura, hambre, violaciones y asesinatos de manera constante». Esa cifra se ha quedado muy posiblemente corta desde la asunción de la también conocida como la «Mano Negra» al puesto número dos de este despiadado régimen, el más largo y con perspectivas de prolongación desde la Segunda Guerra Mundial, entre otros motivos, por el apoyo de China y Rusia.

China suministra regularmente alimentos y dinero a Corea del Norte, igual que Corea del Sur (este para aplacar, ingenuos ellos, el gusto por el átomo de Jong Un). Entre 1996 y el 2000 Corea del Norte sufrió una hambruna de tal magnitud que pudo llegar a matar hasta tres millones de personas, sobre una población que apenas pasaba de los veinte millones. Esta hambruna no estuvo solo provocada por malas cosechas. Según un informe de la ONU, el hambre era endémico desde la guerra de 1950 entre las dos Coreas, pero se agudizó con Kim Jong ll, no así en el Sur, que se consolidó como una sociedad moderna, por la «inanición deliberada» provocada y sostenida de Jong ll, que había cometido «crímenes de lesa humanidad contra poblaciones hambrientas, en particular durante la década de 1990». El informe de Naciones Unidades continuaba así: «Estos crímenes surgieron de decisiones y políticas que violan el derecho a la alimentación, aplicadas con el fin de sostener el sistema político actual, a sabiendas de que dichas decisiones exacerbarían la hambruna y las muertes asociadas a gran parte de la población». Es más, en 2020, en la pandemia, Kim Jong Un ordenó cerrar la frontera con China, dejando de entrar alimentos y otros bienes básicos para la población. En su palacio, muy pocos se podían acercar al Gran Líder, que se protegía con dos mascarillas. Otro medio de chantaje a Occidente utilizado por Pyongyang es el lanzamiento de misiles balísticos, cada vez de mayor alcance, para que EE.UU., Corea del Sur y Japón les suministren ayuda económica, ayuda que en bajísima proporción llega al pueblo. El secuestro de ciudadanos de estos tres países, y de otros, es otra de las estrategias de extorsión.

Más y peor todavía. En el último documento emitido por Naciones Unidas sobre «El Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo», de 2022, Corea del Norte ocupa el cuarto lugar del mundo con un 41,6% de población desnutrida, siendo el primero la República Centroafricana (52,2%), seguida de Madagascar (48,5%) y Haití (47,2%). Esos datos han de ser contextualizados, pues mientras las tres primeras naciones pertenecen al denominado Tercer Mundo, Corea del Norte está clasificada como como una sociedad industrializada, urbanizada y alfabetizada, libre de insurgencias y conflictos civiles. Ningún otro país de entre los 50 primeros de este listado tiene los estándares de desarrollo de Corea del Norte. Las riquezas acumuladas por la familia del Monte Paektu, con varios palacios, coches de lujo y vida de excesos propios de los privilegiados del Primer Mundo, al lado del ingente gasto militar, son las causas de este desastre humanitario.

Para alumbrar más el porqué de lo anterior: Los Kim han establecido una clasificación que recibe el nombre de «songbun», literalmente «estatus de nacimiento», que divide a los ciudadanos en tres clases sociales. La primera es la Clase Central, la más favorecida; la Clase Indecisa sería la media, y la Clase Hostil, las más baja. Fue el fundador de la dinastía, Kim ll Sung, quien instituye este sistema en 1957, con la proclama de «Sobre la Trasformación de la Lucha contra los Elementos Contrarrevolucionarios en un Movimiento de Todo el Pueblo y Todos los Partidos». Por esta proclama, escribe Sung-Yoon Lee, «la clase política tiene implicaciones vitalicias en todas las decisiones importantes que el Estado toma para la vida de cada ciudadano: el lugar de residencia, la educación [durante la gran hambruna, los hermanos Jong Un y Yo Jong estudiaron en Suiza bajo identidades falsas», el trabajo y las raciones de comida están determinadas por el «songbun». Desde la perspectiva de la familia real, los más fiables son los revolucionarios antijaponeses y los veteranos de la guerra de Corea y sus familias. Estos pertenecen a la Clase Central. Los campesinos antes de la liberación, los trabajadores administrativos del Partido, el Gobierno y el Ejército gozan de buena reputación, aunque los intelectuales deben ser vigilados. Estos grupos también pertenecen a la Clase Central.

En la Clase Indecisa se agrupan los trabajadores posliberación, los agricultores independientes, los pequeños empresarios y los trabajadores itinerantes. En la Clase Hostil: los ricos terratenientes, los repatriados de Japón, los cristianos, los budistas, los chamanes y otros ritos espiritistas y otras confesiones religiosas. «Si Kim Jong Un y Kim Yo Jong no hubieran sido hijos del difunto líder supremo de Corea del Norte, probablemente habrían sido relegados a la Clase Hostil, dependiendo de con quién se casara su madre», subraya el autor del libro. Pero el hecho fue diferente. Ellos son descendientes del fundador de la patria que estableció un sistema ideológico monolítico en el que, tal y como dijo Jong Un, «el Estado y el Partido deben mantenerse vivos gracias al linaje del Paektu y nadie más». Linaje que está por encima de la Constitución, del Código del Partido del Trabajo y, en todo caso, en manos de la arbitrariedad y la perversidad de la «hermanísima», presentada como una diosa viviente, por encima del bien y del mal. Desde este podio, comentar el penúltimo barbarismo de esta despiada mujer. En 2016 Barack Obama, que ocupaba la presidencia de su país, era contrario a negociar nada con Pyongyang por las experiencias que acumulaba en incumplir compromisos bélicos y humanitarios. Pues bien, un grupo de estudiantes estadounidenses cometió el error de pasar unos días en Corea del Norte. Uno de ellos, Otto Warmbier, fue detenido por orden de Kim Yo Jung bajo la acusación de haber sustraído del hotel propaganda revolucionaria. Fue obligado a confesar públicamente el delito y condenado poco después a 15 años de cárcel (cárcel norcoreana: ¿recuerdan la película de Alan Parker El expreso de medianoche?: mucho peor). Al año siguiente, y esto lo recordarán, los hermanos Kim dieron la orden de asesinar con una inyección letal, a la vista de todo el que estuviera en ese momento en el aeropuerto de Kuala Lumpur (Malasia), a Kim Jong Nam, ni más ni menos que el hijo mayor de Kim Jong ll, del que se cree fue designado por su padre como heredero, en lugar de Kim Jong Un, quien se alió con su hermana Yo Jong (ambos eran hijos de una concubina de Jong II, Ko Yong Hui) para dar este particular golpe de Estado, del que Jong Nam pudo inicialmente salir con vida y abandonar el país, pero ya estaba sentenciado. Corea del Norte es una perpetua condena a muerte o degradación inimaginable.