Si nos los conociera votaría por ellos en unas próximas elecciones. En las elecciones andaluzas parece que va a haber una coalición de perdedores (siento usar términos trumpísticos) que pretende ser ganadora; ahora se hacen llamar Por Andalucía. Creo que ya no de ganar, sino sólo de subir en puntos-escaños sería la primera vez que una fuerza política que se presenta de tal guisa tendría éxito en toda la historia reciente de las elecciones españolas. Y digo creo porque excepto en algunas elecciones municipales y no mayoritarias en general no se han dado casos de subidas utilizando el cebo de estos apaños electorales.
Los políticos, además de demostrarnos su incompetencia, nos muestran su miopía, su adanismo infantil, su ombliguismo y una ceguera desarmante. Vamos a ver; Podemos fue un partido que ilusionó a millones de españoles y estamos de acuerdo en que una buena parte de su capital político fue torcido por una derecha preocupada por un posible menoscabo de su influencia, por la disminución de sus prebendas, una derecha que utilizó las instituciones del Estado para mentir, embarrar, difamar e intentar hundir a Podemos costara lo que costase. Con lo que no contó la derecha fue con el cainismo y el afán autodestructivo de esta formación y que esto haría la mayor parte del trabajo, el grueso del trabajo sucio, pero esta vez sin policías, sin periodistas pagados, sin ventiladores de caca plutócrata.
Los mismos miembros de Podemos casi auto proclamados líderes de aquel 15 M de 2011, llevaban el germen de la destrucción interna. Emulando a lo que dijo John Lennon; «Paul se creyó Dios y mató a los Beatles», alguien lo podría decir dentro de Podemos (y fuera) de Pablo Iglesias, el hombre que llevó el postureo a su nivel más manierista, que no se creyó Dios (no lo sabemos) pero que sí quiso «asaltar los cielos» entre adanismos, brindis al sol y promoción de alumnas y grupis favoritas a las que llegó a sentar a su diestra en el Parlamento, a Bescansa que no estaba a su alcance magistral se la cargo ipso facto y dejó a las bisoñas del partido llevar a delante un programa estrella de máximos con bandera feminista que se acabó cargando el prestigio del feminismo español que ya arrancó en los años setenta del siglo XX y tuvo activos que sentaron principios elaborando un trabajo intelectual (quizás demasiado) que perdura y que servirá de base para más avances cuando se serenen los ánimos del feminismo infantiloide que nos trajo esta generación de (no) podemos.
Los problemas grandes como el trabajo digno, la vivienda, la sanidad, la educación, esos, los que llevan a los incautos, a los desesperados, a los suicidas a votar masivamente a la ultra derecha siguen ahí sin solución frente a una avalancha derechista fabricada, alentada, financiada y jaleada por intereses económicos inconfesables que continúa imparable, intacta, ni siquiera se notó una ligera brisa, un céfiro blando en las paredes de los búnkeres económicos del país; así pues toda la prevención derechista y el miedo a Podemos estaba infundado, igual se hubieran podido ahorrar un buen dinero los plutócratas, aunque, eso sí, esa pasta puso muy activos y contentos a sus huestes mediáticas en todo el país y sobre todo en Madrid que sigue siendo el faro del Imperio Español, la capital de los mentideros de toda la vida, de las intrigas, del casticismo antiesquilache y del arribismo pueblerino entre otros
La verdad que uno no sabe cómo acabará todo este magosto y qué siglas van a ir encabezando y cerrando la sopa de letras, aunque no hay nada nuevo bajo el sol y si ya le toco a Podemos nuestro repaso ahora podríamos seguir con IU. Lo vetusto de las siglas IU da cierta solera a la formación, pero nos quedamos ahí, no hay demasiado para alegrarse de lo que fue y es: una historia de política subsidiaria del PSOE, que tal y como están los tiempos puede parecer y presentarse como un partido socialdemócrata, pero que no resistiría un análisis genético de izquierda clásica de siglo XX.
IU nació con vocación de servir al régimen de la segunda restauración monárquica, así todo hombres como Julio Anguita dignificaron y clarificaron su trayectoria, pero aquello fue un espejismo que pronto sería cortado por las fuerzas de la reacción, de la felonía y de un sistema que no quiere que se pierda un ni un céntimo de sus aberrantes ganancias políticas y económicas. También Anguita pecó de cierto quijotismo pero sin llegar nunca a los extremos de los mundos de Yuppi de nuestro mentado Pablo Iglesias. A partir de la salida del ex alcalde de Córdoba de la dirección de IU la cuesta abajo de la formación se hizo más evidente y la tabla de salvación que vieron las orfandades de IU fue convertirse en socio político del PSOE, lo cual podría no ser malo del todo si no vendieran su aquiescencia al gran partido por cuatro migajas políticas, menudencias que no resolvían el problema de una izquierda incapaz por impotencia o falta de voluntad de embridar a un mal llamado neoliberalismo que nos trajo hasta este desastre actual de Trump y sus compinches. En Asturies se dio un caso curioso del ordeno y mando somático-arecista cuando la IU asturiana llegó a gobernar con el PSOE y uno de los consejeros de IU en el gobierno asturiano (Valledor) sacó los pies del tiesto de la entente haciendo política ejecutiva real y asturianismo dentro de las competencias que, en teoría, tenía asignadas a su cargo político. El resultado fue fulminante y el consejero de IU fue eliminado políticamente de la cosa pública asturiana del momento.
A este caldo de nueva y vieja sopa de letras de la izquierda española que intenta lanzar vuelo desde Andalucía, se le añade con redundancia el nombre de la formación política Sumar. La historia de esta formación es la del eterno desencuentro de las izquierdas ibéricas, aquella del quítate tú para ponerme yo, con la salida de Podemos de Yolanda Díaz y un nuevo cartel de letras prendidas con alfileres que nos trajo de nuevo a lo que tratamos de explicar aquí que no es otra cosa que la enésima repetición de viejos eslóganes maquillados de nuevos con nuevos nombres cargados de esperanza e intención en la que, podemos pensar, no creen ni los propios miembros de la forzada unión, más por miedo a la desaparición que por vergüenza torera, más por el frío que hace fuera de moqueta política que por un verdadero interés público, más por salvar unas siglas que puedan recuperar a la vuelta de la esquina de cualquier próximo y seguro desencuentro entre los miembros coaligados, más por impedir la llegada de aire fresco a una izquierda condenada a vagar eternamente por el hades de la política española sin la capacidad, la voluntad, la valentía y la decisión de cambiar realmente las cosas a favor de los anhelos de unos potenciales votantes de izquierda desubicados, confusos, sin ilusión, con el ánimo acongojado ante la avalancha derechista que amenaza la democracia, peligro que la izquierda lleva décadas incapaz de conjurar por sus propias miserias políticas y su derrota total ante un capitalismo salvaje que deja huérfanos de verdadera resistencia política a una, creo, mayoría de españoles.
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