Trevías, El Puente, Siero

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

Varias personas caminan en un parque de Sama de Langreo.
Varias personas caminan en un parque de Sama de Langreo. jl cereijido

09 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Trevías es una parroquia de Valdés y la segunda localidad de ese municipio. Hace años era lugar de tránsito en la carretera a Galicia. Ahora la autovía del Cantábrico la dejó un tanto postergada. De Siero no hace falta dar detalles, de sobra es conocido por su pujanza en los últimos años, su crecimiento no tiene límites.

El Puente es un barrio humilde de Sama, afectado como toda la cuenca minera por el fin de la extracción de carbón. Estas tres localizaciones dentro de Asturias poco tienen de semejanza entre sí, pero da la casualidad que en las tres se ha dado un resurgimiento del movimiento ciudadano que en los últimos tiempos parecía aletargado.

En Trevías se pretende instalar una depuradora con la noble finalidad de aliviar la contaminación del Río Esva. Es posible que se llegue tarde, pero todo sea por intentar recuperar la vida en sus aguas. La depuradora es una construcción necesaria, deseada y deseable, pero los vecinos entienden que su planeada ubicación les perjudica de forma notoria y además se consideran víctimas del proyecto cuando deberían ser protagonistas.

Cuando se ha demostrado que la vivienda es un objetivo solo al alcance de ciudadanos con altos ingresos, saber que en El Puente se pueden construir en torno a cien viviendas a precios asumibles, se ha de considerar, a la fuerza, como una gran noticia. Sin embargo para llevar a cabo tal obra se han de expropiar y derribar unas modestas viviendas aún habitadas. Quienes las ocupan actualmente se ven amenazados de forma grave y entienden, como es fácil comprender, que han de hallarse fórmulas que eviten perjuicios irreparables.

Un considerable número de vecinos de Siero se oponen a que el ayuntamiento privatice el servicio del agua, si se quiere puede usarse el término externalización, que así parece que se suaviza la acción. Nada nuevo. En no pocos ayuntamientos se han externalizado servicios públicos de todo tipo, y no se conocen casos en los que los que se haya justificado tal proceder con razonamientos sólidos y creíbles. Como tampoco hay forma de demostrar que la gestión privada es mejor que la pública.

Lo llamativo es comprobar que en algunos puntos de Asturias hay ciudadanos que no quieren limitarse a ser gobernados, que entiende que no todo consiste en votar cada cuatro años, que se preocupan por lo que acontece a su alrededor y desean ser parte activa a la hora de gobernar sus municipios.

Cada vez son más frecuentes voces que hablan del mal momento de las democracias. Parece ser que encuentran recepción entre jóvenes ideas, aunque sean vagas, de que los regímenes dictatoriales pueden resultar beneficiosos. La democracia es una luz que no ilumina siempre por igual, se ha de cuidar. Hay una gran mayoría que se despreocupa por completo de lo público una vez depositado el voto. Nada malo ha de traer que los ejemplos aquí mencionados se extiendan y se multipliquen.

A aquellos que se dedican a la política hemos de repetirles, una y mil veces, al oido como un susurro o a voces con todo estruendo, que ellos comandan el barco, ese es el honor que se les otorga, pero el rumbo lo marcan los ciudadanos.